Arboleya Martínez, Maximiliano

Pola de Laviana › Laviana › Asturias
[Turismo Asturias]

Descripción

Sacerdote nacido en Pola de Laviana el 9 de octubre de 1870 y considerado como un incansable defensor en Asturias del catolicismo social —la respuesta de la Iglesia al proletariado moderno—, como uno de los principales impulsores del compromiso social de la Iglesia católica y del sindicalismo de inspiración cristiana.

Era hijo de un modesto empleado, Marcelino Arboleya, oficial del Registro de la Propiedad de Pola de Laviana. Su madre, Amalia Martínez Vigil, era hermana de fray Ramón Martínez Vigil, que llegaría a ser obispo de Oviedo y ejercería sobre él una notable influencia. Al poco de nacer Maximiliano, su padre fue destinado al vecino Ayuntamiento de San Martín del Rey Aurelio, donde falleció cuando él tenía 8 años. Su madre acabó casándose con Fernando Fernández Fueyo, viudo de una hermana suya.

Maximiliano Arboleya, que cursó los estudios primarios en Pola de Laviana, ingresó en 1884 en el Seminario Diocesano de Oviedo para seguir la carrera sacerdotal. Allí hizo dos años de Humanidades, tres de Filosofía y cuatro de Teología. Luego, gracias su brillante expediente, la diócesis de Oviedo lo envió becado al recién creado Pontificio Colegio Español de Roma. En la capital italiana, además de estudiar griego y arqueología, obtuvo la licenciatura en Teología por la Universidad Gregoriana y el doctorado in utroque jure por el Pontificio Seminario de San Apolinar. También en Roma recibió las órdenes sagradas, excepto el presbiteriado, que le fue conferido por su tío Ramón, ya obispo de Oviedo, el 20 de julio de 1895.

Arboleya residió siempre en la capital asturiana, donde fue profesor de Teología en el Seminario y luego (1898), por oposición, canónigo de la Iglesia de Oviedo, de la que llegó a ser deán en 1923.

Sus primeras actividades fueron eclesiásticas y piadosas; una de las más tempranas fue la de secretario de la Junta Diocesana para el Congreso Católico de Burdeos en 1899. Poco tiempo después fundó la Liga de Defensa Eclesiástica, de la que fue primero vicepresidente y luego presidente, cargo que simultaneó con el de secretario de la junta organizadora de peregrinaciones a Lourdes. Formó parte también del Patronato de Reclusos y Libertos, así como de la Asociación de Caridad y de la Junta provincial de Beneficencia.

Firme seguidor de la doctrina social de la Iglesia, «bajo la influencia de la encíclica Rerum Novarum [Papa León XIII], desplegó una intensa actividad política y sindical, utilizando la prensa (fue asiduo colaborador y director de El Carbayón y fundó varios periódicos, como El Zurriago Social o Justicia Social), la radio o la acción pastoral directa; mantuvo vivas polémicas con socialistas como Manuel Vigil Montoto, o con los profesores de la Extensión Universitaria, Álvarez-Buylla, Posada, Sela y Altamira, contra los que escribió el folleto En las garras de cuatro sabios» (Javier Rodríguez Muñoz, Diccionario Histórico de Asturias, Ed. Prensa Asturiana/La Nueva España, Oviedo, 2002, pág. 80).

Hay que destacar por entonces su faceta de periodista, dirigiendo hasta 1913 el diario El Carbayón, al que convirtió en el de mayor tirada. Allí desarrolló todo su pensamiento social.

Arboleya contó con el decidido apoyo del obispo Martínez Vigil, pero a la muerte de éste en 1905, se vio expuesto a los ataques del sector católico ultraconservador.

Fundó varios sindicatos de obreros de la industria y la agricultura, intentando mantener la independencia tanto de la patronal como de la izquierda, lo que le obligó a superar numerosos obstáculos y la marginación en numerosas ocasiones.

Su sindicalismo, aunque exitoso, no triunfó. «Vio que el proletariado iba todo a los sindicatos, que eran revolucionarios. Vio como nadie el problema de las dos Españas. No fue enemigo de los socialistas, aunque el sindicalismo socialista era muy hostil a la Iglesia. Lo que hizo fue intentar moverse en ese terreno. Actuó en los círculos obreros que entonces se quedaban en los aspectos benéficos. Arboleya y otros querían que no hubiese más confesionalidad que garantizar la ética cristiana en las relaciones de trabajo. Los sectores conservadores se oponían. Los guiaba la Compañía de Jesús y el marqués de Comillas» (Domingo Benavides)*.

Aunque fue esa corriente conservadora la que se impuso en el seno de la Iglesia hasta la guerra civil a lo largo de los años veinte y treinta, Arboleya —que no estaba en la línea paternalista de otros, sino que formaba en el sector progresista del sentido social— logra, a partir de 1922, el apoyo del nuevo obispo, Juan Bautista Luis Pérez, que le confía la dirección de la Federación Diocesana de Sindicatos Agrarios y le nombra deán del cabildo catedralicio en 1923, el mismo año en que organiza la Federación Asturiana Católico-Agraria, la cual llega a acoger a medio centenar de sindicatos agrícolas de todo el Principado y edita la revista Asturias agraria.

La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) no fue mal vista por Arboleya porque esperaba que pudiese acabar con el pistolerismo y otros extremismos imperantes y porque Primo de Rivera dejaba a los sindicatos católicos o socialistas en libertad.

Durante la II República, Arboleya volvió a dirigir El Carbayón, manteniendo una postura moderada con relación al régimen republicano, pero poco después se le apartó de la dirección de este diario, que se situó en posiciones retrógradas. Además, en ese tiempo, dio conferencias en todos los ateneos y centros culturales de Asturias, por lo general dirigidos por socialistas y comunistas, donde exponía la doctrina social de la Iglesia. Y reanuda las llamadas «semanas sociales», que se habían interrumpido en 1912. Dio en 1933 una de las primeras conferencias de ese ciclo titulada La apostasía de las masas.

Al estallar la Revolución de Octubre del 34, Arboleya no estaba aquí. En cambio, sí vivió la eclosión de la Guerra Civil en Asturias, siendo respetado en sus comienzos. Luego, se marchó a Bilbao y retornó a Oviedo al final del conflicto. Acusado de haber escrito y hablado por radio cosas inconvenientes, le fue abierto un expediente a instancias del gobernador civil, el comandante Caballero, expediente que, trasladado al Tribunal Eclesiástico, quedó en nada. Pero sufrió una gran decepción. Quedó escandalizado de la falta de seriedad de la justicia.

Maximiliano Arboleya murió en 1951, pasando los últimos años recluido en Meres (lugar del concejo o municipio asturiano de Siero).

Dejó escritos una veintena de libros y folletos sobre sus aspiraciones y realizaciones sindicales.

NOTA

(*) El sacerdote Domingo Benavides es autor del libro biográfico titulado Maximiliano Arboleya. Un luchador social entre las dos Españas (BAC Biografías, Madrid, 2003).

Derechos de Propiedad Intelectual e Industrial

EuroWeb Media, SL, es el único titular de los derechos de propiedad intelectual e industrial de las fotografías, visitas virtuales y textos que muestra en sus sitios web, ocasionalmente algunos textos y fotografías pueden pertenecer a otros autores. En consecuencia, no está permitido suprimir, eludir o manipular el aviso de derechos de autor («copyright») y cualesquiera otros datos de identificación de los derechos de EuroWeb Media, S.L. Asimismo está prohibido modificar, copiar, reutilizar, explotar, reproducir, comunicar públicamente, hacer segundas o posteriores publicaciones, cargar archivos, enviar por correo, transmitir, usar, enlazar / linkar, tratar o distribuir de cualquier forma la totalidad o parte las fotografías, visitas virtuales y textos si no se cuenta con la autorización expresa y por escrito de EuroWeb Media, SL. EuroWeb Media, SL siempre publica una obra fotográfica compuesta por un número variable e indeterminado de fotografías que forman un conjunto único, inseparable e inmodificable como se considera en el artículo 10 de la Ley de Propiedad Intelectual española.

 


Dónde dormir Dónde comer Playas Patrimonio Rutas Turismo activo Información práctica Eventos Naturaleza Etnografía Reseñas Pueblos Blog