Díaz González, Pedro

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Descripción

El empresario Pedro Juan Díaz González, emigrante afincado en Bolivia, nació el 16 de marzo de 1894 en Serrapio (pueblo del concejo o municipio asturiano de Aller).

Este hijo de doña Consolación González y Campomanes y de D. Maximino Díaz Bernardo, hacendado y dedicado a la cría de ganado de concurso, tuvo tres hermanos: Ramona (1885), José María (1889) y Salomé (1896).

La familia manda a don Pedro al colegio-seminario del Sagrado Corazón (Barcelona) en 1909, año en que sucede la semana sangrienta del 21 al 29 de julio, durante la cual se saquean los conventos y se destaca una persecución feroz contra el catolicismo, sus símbolos y sus seguidores. En un episodio muy violento, confuso y nunca bien aclarado, un numeroso grupo de gente asaltó el colegio-seminario donde él estudiaba. Hubo muchos muertos; todos ellos fueron llevados en camiones a la morgue, entre ellos don Pedro, que estaba gravísimamente herido, con una puñalada en la espalda, pero milagrosamente aún con vida. Fue trasladado a un hospital, donde, lenta y penosamente, se recuperó. Entre tanto, la ciudad estaba sitiada, no había luz, comunicación... Reinaba el caos.

Una vez restablecido, retorna a su Asturias, a su casa natal, con su padre, pues su madre había fallecido cuando él tenía 6 años.

Estando en Serrapio, tiene la oportunidad de irse a Puerto Maldonado (Perú) a trabajar rescatando madera. Allí, donde permanece cinco años, descubre que se encontraba virtualmente en la frontera con Bolivia, en un lugar llamado Bolpedra. Aunque esas tierras tropicales, exuberantes y casi vírgenes, le fascinan, su tierra y su familia pueden más. En 1917 decide volver a su añorada Asturias, luego de una experiencia muy valiosa que le sirve para darse cuenta del futuro que esas fértiles tierras encerraban, pues para él era una región de mucha riqueza.

Cuando retorna a España, se da cuenta de que en su patria sigue siendo difícil sobrevivir, ve con tristeza y abatimiento que la vida es muy sacrificada y dura, que los conflictos y las guerras continúan.

Todas estas dificultades, más el duro trabajo que le había corresondido afrontar en la selva peruana, hacen que su personalidad se transforme; se vuelve una persona fuerte, segura y decidida, un hombre de aventura, sin miedo al peligro, firme en sus decisiones.

Ya en su casa de Asturias, donde vive bajo la tutela de su hermana Ramona, llega el día en que parte a la capital con su padre y sus dos cuñados. Fue cuando la milicia vino a reclutarlo para llevarlo al frente de Melilla, pues no había hecho el servicio militar. Entonces, la familia reacciona ante la situación y decide que se marche otra vez a América.

En Vigo (Galicia), y con nombre falso, zarpa en un barco pequeño. El primer puerto al que llega es el de Fortaleza (Ceará - Brasil), después de 30 días de travesía. Don Pedro decide no continuar. Allí conoce a la familia Pérez de Lima, que estaba inmigrando. Salían de Ceará en busca de un mejor destino para los hijos. El asturiano se une a la caravana, compuesta por los padres y cinco hijos, uno de los cuales sería luego su mujer. Era el año 1918.

Al verse tan solo, don Pedro entabla una estrecha relación con ellos. En Río de Janeiro uno de sus futuros cuñados consigue trabajo y decide quedarse allí. Los demás siguen viaje, y en Manaus se establece otro, que con el tiempo se marcha a Rio Branco (Brasil), donde se instala el resto de la familia.

Don Pedro continúa viaje hasta llegar cerca de la zona donde ya había estado antes, porque tenía la mirada fija en el Amazonas y la zona del Alto Acre. Acompañado por un hermano de su futura esposa, llega hasta la población de Cobija, por entonces territorio del Acre y ahora del departamento boliviano de Pando, una zona olvidada y abandonada. En esa época, según don Pedro, sólo había allí unos pocos empleados estatales, unas cuantas tienditas e inmigrantes buscando un futuro. Decidido a afincarse en esas remotas tierras, consigue dotación de tierras fiscales, comenzando así y aquí su historia de trabajo y prosperidad.

Don Pedro, que se instala en plena selva amazónica, pone a las tierras el nombre de Iberia Km 19, distancia a la que se encontraba el pueblo de Cobija, que en esos años se llamaba Territorio del Acre. En estas tierras de pocos recursos descubre el fuerte potencial de la goma y la castaña, productos cotizados para exportar. Logra establecer contactos con Inglaterra y Brasil y encuentra también la forma de exportarlos. Así empiezan sus años de bonanza, pese a las inclemencias del tiempo y los deficitarios medios para sacar dichos productos. En el negocio de la castaña y la goma, que alcanzó su máximo auge durante la 2ª Guerra Mundial, se utilizaban siringueros brasileños como mano de obra.

Después de largos años de trabajo, don Pedro, establecido en Cobija, construye su casita de madera, más una pequeña posada de carretera, su almacén y otras pequeñas casas para los trabajadores, todas ellas con techo de paja y construidas en altura por el peligro del agua en época de lluvias, con 35 grados de promedio. Le acompañaban un hermano de la que con el tiempo iba a ser su mujer, don Benebenuto Pérez de Lima, y un español que don Pedro cobijaba porque, por alguna circunstancia, don Lucio se había quedado ciego.

Don Pedro decide ir a visitar a la familia Pérez de Lima, que se había establecido en Rio Branco, una población situada a unos 80 km de Cobija. Así retorna el vínculo afectivo. Pasados unos años, allá por el año 1928, se casa con la brasileña Emilia Pérez de Lima. El matrimonio se instala en la propiedad y comienzan a llegar los hijos, 9 en total, de los que sobrevivieron 7: Pedro (1934), Consuelo (1936), Luis Felipe (1938), Rosa Emilia (1940), Teresa Cristina (1942), María Luisa (1944) y José Antonio (1945).

Ya con los hijos en crecimiento, don Pedro encuentra necesario sacarlos para que se formen y estudien. Manda a los 4 mayores internos a la ciudad de Cochabamba; los varones, al colegio La Salle, y Consuelo y Rosita, al Alemán Santa María, donde están varios años internos, hasta que en 1948 se decide trasladar el resto de los hijos a dicha ciudad para que se eduquen.

Fue en ese mismo año cuando don Pedro compra una casa con todos sus muebles, grande, bien ubicada, cerca de los colegios y a media cuadra de la Universidad Mayor de San Simón. Así llega el resto de la familia a esta vivienda, propiedad de otra, judía, que había decidido irse a Israel, un país recién creado. Don Pedro los visitaba periódicamente, y los hijos pasaban las vacaciones en el campo haciéndole compañía.

En 1954 llega a Bolivia, invitado por su tío, el hijo de Salomé (hermana de don Pedro), Melchor Díaz Díaz, que entonces tenía 32 años. Fascinado por el país, decide quedarse, acompañando siempre a su tío en los trabajos del campo.

Hacia el año 1956, don Pedro, su sobrino y Benebenuto participan en una tremenda aventura. Se trasladan a la frontera argentina con Bolivia, en una caravana, arreando mulas desde Argentina hasta Cobija. Una travesía de 1.500 km que requería unos tres meses de caminata. En el recorrido encontraban estancias y ganaderos interesados en adquirir las mulas para el trabajo de campo; don Pedro cambiaba una mula por 10 vacas.

Instalado en Cobija, en la propiedad llamada Iberia Km 19, don Pedro tenía 500 hectáreas de monte tupido. En dichas tierras se dedicó a la cría de ganado vacuno, siendo el principal proveedor de carne para el consumo en la ciudad de Cobija. La finca la recibiría en herencia su hijo Luis Felipe, quien, tras terminar sus estudios de Bachillerato, se había puesto a trabajar con su padre. Por su parte, Pedro, el hijo mayor de don Pedro, se haría cargo de una estancia con el nombre de Alsacia que su progenitor había adquirido en el departamento del Beni.

Pasados sesenta años largos, don Pedro, que había cumplido 84, decide visitar su tierra natal y lo hace en compañía de su hija María Luisa, con quien compartía una misma casa, construida por aquél. Su llegada es de una emoción inenarrable, hasta el punto de ser hospitalizado para tratar el estrés emocional que le causa reencontrarse con sus raíces, ver a sus seres queridos.

Vuelto a su segunda patria, don Pedro fallece el 2 de febrero de 1988 en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra (capital del departamento boliviano de Santa Cruz), donde residía y en la que había construido el Hotel Asturias, heredado por sus hijas.

Fuente: Teresa Cristina Díaz de Beccar, hija de Pedro Díaz González, residente en la ciudad boliviana de Tarija, donde posee el Hotel Los Ceibos. Año 2007- EuroWeb Media, SL.

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