Tuñón, Gutierre de

Tuñón › Santo Adriano › Asturias
[Turismo Asturias]

Descripción

JOSÉ RAMÓN MARTÍNEZ RIVAS

ROGELIO GARCÍA CARBAJOSA

SECUNDINO ESTRADA LUIS*

Vástago legítimo de Alonso Méndez de Guada e Inés García, Gutierre de Tuñón o García de Tuñón, como también se le conoce, había nacido en la localidad de su nombre, en el concejo asturiano de Santo Adriano. Fue uno de los cuatro asturianos que tomaron parte en la expedición de Fernando de Magallanes para buscar por Sudamérica un estrecho que les permitiese ir a las islas de Las Especies, en Oceanía.

De los cinco barcos que componían la armada de Magallanes, el San Antonio era el navío de mayor tonelaje y en él se embarcaron tres de los asturianos: Pedro Hernández, Miguel de Pravia y el dicho Gutierre de Tuñón que fue como criado del veedor general de la Armada y capitán del San Antonio, Juan de Cartagena.

El 10 de agosto de 1519, la flota anclada en el puerto de las Mulas, cerca del barrio sevillano de Triana, empezó a descender lentamente por el río Guadalquivir. En Sanlúcar de Barrameda permaneció 40 días para terminar de aprovisionarla. Después de tocar en las islas de Tenerife y Cabo Verde, los expedicionarios llegaron a Brasil. Siguiendo el litoral, se dirigieron al sur y tras explorar el río de Solís —el actual río de La Plata —, decidieron invernar en el puerto de San Julián, a 49º 30´ de latitud meridional.

El descontento entre los capitanes españoles se hacía cada vez más patente ya que Magallanes se mostró, desde los primeros días, reacio a enseñar las cartas de navegación. Juan de Cartagena que poseía el título de «conjunta persona» que le equiparaba en poder a Magallanes, exigió al marino portugués que cumpliese las Instrucciones Reales que obligaban a decir a los demás componentes de la expedición la ruta que pensaba seguir para alcanzar las Molucas. Por desacato a su autoridad, Magallanes encarceló al español, primeramente en la nao la Victoria y después lo dejó bajo la custodia de Gaspar de Quesada, capitán de la Concepción.

Pero ahí no terminó el asunto. En la noche del 2 de abril, un día después de haber llegado al puerto de San Julián, el preso, Quesada y otras 30 personas abandonaron en una barca la Concepción y se dirigieron al San Antonio. Sigilosamente ascienden por la escala y apresan a Alonso Mezquita, capitán de la nave. Sólo dos hombres opusieron una débil resistencia. Los asturianos aceptaron, como los demás, los hechos consumados. Momento después los sublevados se hacían con el control de la Concepción, el San Antonio y el Santiago. A la mañana del día siguiente enviaron una embajada a Magallanes requiriéndole que cumpliese puntualmente las Instrucciones Reales, sobre todo en lo concerniente al rumbo que tenía pensado tomar para llegar a las islas de las Especies; pero el portugués, en un golpe de mano, sofocó la rebelión. Los cabecillas de la revuelta, Quesada y Mendoza, fueron decapitados y degollados respectivamente. A Juan de Cartagena, por temor a castigar a un alto oficial del Rey, fue abandonado en la inhóspita costa junto al clérigo Pedro Sánchez de la Reina.

El 21 de agosto de 1520, los cuatro navíos que ahora componían la escuadra —el Santiago había sido destrozado días atrás por una borrasca mientras exploraba más al sur— reanudaron la marcha. En el estuario del río de Santa Cruz permanecieron otros dos meses repostando agua y leña. Aquí Magallanes comunicó el itinerario a sus capitanes y principales hombres de la Armada. Su intención era encontrar el estrecho, estando dispuesto para ello llegar hasta la latitud meridional de 75º. Sólo el piloto del San Antonio, el portugués Esteban Gómez, se manifestó contrario a tales planes.

Reemprendido el viaje, avistaron el 21 de octubre el cabo que llamaron de las Once Mil Vírgenes, introduciéndose enseguida en la bahía de la Posesión. Ordenó entonces Magallanes que la Concepción y el San Antonio saliesen en misión exploratoria. Sorteando un temporal, los dos navíos se internaron por un canal que les condujo a la actual bahía de San Gregorio. Al final de la misma descubrieron otra angostura que también cruzaron llegando a una tercera bahía, mayor que las anteriores. Deciden entonces regresar para dar cuenta de sus descubrimientos. Reagrupados de nuevo, las cuatro naves se adentran por el estrecho comprobando que la tercer bahía conducía a dos nuevas angosturas. Magallanes envió de nuevo a la Concepción y al San Antonio a explorar uno de los dos canales por si salía al mar. Adelantándose, el San Antonio se introdujo en el canal dejando rezagada a la Concepción que optó por esperar su regreso. Pero nunca se volverían a reunir. Al caer la noche, el piloto Esteban Gómez y el escribano Guerra apresaron al capitán Alonso Mezquita haciéndose con el control del San Antonio. Inmediatamente pusieron rumbo a España, arribando a Sevilla el 6 de mayo de 1521. Con ellos llegaron también Gutierre de Tuñón y los otros dos asturianos, tripulantes del navío.

El 6 de septiembre de 1522, después de dar la vuelta al mundo, llegaba a San Lúcar de Barrameda la nao Victoria, pilotada por Juan Sebastián Elcano. Inmediatamente Carlos I ordenó instalar en La Coruña la Casa de Contratación de la Especería y mandó que organizasen una armada más poderosa que la de Magallanes para tomar posesión de las Molucas. Estos preparativos alarmaron al Rey de Portugal, quien alegaba que tales islas le pertenecían. En las ciudades de Elvas y Badajoz se efectuaron sendas reuniones hispano-lusas para tratar de solucionar este contencioso, pero las negociaciones fracasaron rotundamente. En vista de ello, Carlos I ordenó reanudar los preparativos de la armada.

A mediados de 1525, los siete navíos que formaban la escuadra estaban listos para zarpar. Al mando de la misma iba el comendador fray García Jofre de Loaisa. El total de la dotación ascendía unos 450 hombres. Entre ellos se hallaba Juan Sebastián Elcano —que iba como segundo comandante— y el asturiano Gutierre de Tuñón que también repetía viaje.

El 24 de julio de 1525 la flota abandonaba el puerto de La Coruña haciendo su primera escala las islas Canarias. Meses después, el 5 de diciembre, avistaron tierra americana, fondeando el 12 de enero de 1526 en el estuario del río de Santa Cruz. A la segunda intentona los expedicionarios consiguen, con grandes dificultades, cruzar el Estrecho de Magallanes, divisando el 26 de mayo el Pacífico. Al sexto día de ir navegando por este océano, una gran tempestad dispersó para siempre a las cuatro naves supervivientes —la Sancti Spiritus, capitaneada por Elcano, había zozobrado en el cabo de las Vírgenes salvándose gran parte de la tripulación; la Anunciada y el San Gabriel, dadas las dificultades para atravesar el estrecho, optaron por regresar a España.

La Santa María de la Victoria se encontró sola en medio del océano y en muy mal estado —en la travesía del Estrecho había sufrido un naufragio rompiéndosele parte del costado y la quilla —. En ella iba la plana mayor de los expedicionarios: Loaisa, Elcano y otros importantes personajes, entre los que se encontraba Gutierre de Tuñón.

Como había sucedido en el viaje de Magallanes, el escorbuto empezó a diezmar a los pasajeros de la Victoria. El comendador Loaisa, el mismo Elcano y otras 30 personas fallecieron durante la travesía del Pacífico. «Toda esta gente que falleció murió de crecerse las encías en tanta cantidad que no podían comer ninguna cosa y más de un dolor de pechos con esto —dice Andrés de Urdaneta, uno de los expedicionarios —; yo vi sacar a un hombre tanto grosor de carne de las encías como un dedo y otro día tenerlas crecidas como si no le hubieran sacado nada.»

Toribio Álvarez de Salazar, nuevo capitán de la nao, determinó poner rumbo a las islas Marianas para remediar el mal de sus hombres, falleciendo él mismo a los cinco días de dejar este archipiélago. Los españoles no se pusieron de acuerdo para elegir nuevo jefe. En esta situación, el 2 de octubre, avistaron la isla de Mindanao, en el archipiélago de las Filipinas. Aprovechó entonces Martín Íñiguez de Carquizano para que sus compañeros lo escogiesen como comandante del barco. Al día siguiente Martín Íñiguez proveyó los cargos vacantes, nombrando a Gutierre de Tuñón tesorero del navío.

El 29 de octubre, luego de pasar por las islas de Sandingán, Sarragán y Talao, los aventureros españoles alcanzan su objetivo: el archipiélago de las Molucas o de las Especies, que lo formaban seis islas principales: Gilolo, que era la mayor; Ternate, Tidor o Tidore, Motiel, Makian y Bakian. A la isla de Tidor habían llegado en 1521 los supervivientes de la expedición de Magallanes, haciendo amistad y alianza con Almanzor, régulo de la isla. Los portugueses, asentados desde hacía algunos años en esta zona, no vieron con buenos ojos la llegada de los españoles. Y cuando éstos marcharon, aquéllos empezaron, en complicidad con los isleños de Ternate, a hacer la guerra a los de Tidor.

En esta crítica situación llegó al lugar la Victoria con poco más de cien españoles, quienes firmaron un pacto militar con el rey de Tidor y edificaron en la isla una fortaleza para repeler un inminente ataque de los portugueses. Como así sucedió, pero fue rechazado, al igual que un intento de desembarco en la isla. En los meses siguientes los lusitanos intentaron expulsar al puñado de españoles sin conseguirlo. Las escaramuzas y golpes de mano se sucedieron por ambas partes.

Muerto Martín Íñiguez, al parecer envenenado por los portugueses, le sucedió en el mando el capitán Hernando de la Torre. Sin ayuda exterior, los españoles resisten como pueden a los lusitanos, que sí reciben frecuentes refuerzos de sus colonias de Malaca y la India. En esto llegó de México el capitán Álvaro de Saavedra Cerón al mando de la Florida, uno de los tres barcos que Hernán Cortés había despachado para tratar de conocer el paradero de la expedición de Loaisa.

Hernando de la Torre mandó aderezar la Florida para que regresara a México en demanda de auxilios. En la dicha carabela, La Torre envió a España al asturiano Gutierre de Tuñón para que informase al Rey de todo lo acaecido en las Molucas y le entregase varias cartas suyas.

En junio de 1528, Saavedra y Tuñón partieron de Tidor, en un viaje que se presumía muy peligroso. Su propósito era hallar una ruta que les permitiera cruzar el Pacífico a la inversa y llegar a México desde donde el asturiano continuaría viaje hasta España. Pero no contaron con los vientos contrarios —los alisios— que una y otra vez hacían volver la nave a las Molucas, como luego se verá. En este primer viaje siguieron una ruta meridional, descubriendo la isla del Oro —Jobi, en el golfo de Geelink, Nueva Guinea—. Durante 100 leguas costearon esta última isla, habitada por gente negra y pelo rizoso que acogieron a los extranjeros amigablemente. Un mes permanecieron en la gran isla abasteciéndose de víveres. Reanudado el viaje tomaron rumbo nordeste. Descubren de este modo un archipiélago, probablemente las islas Bismarck, alcanzando después el grupo de las Marshall. En latitud 14º Norte, la carabela cayó en el influjo de los vientos alisios de Nordeste y fue arrastrada a las Marianas y Filipinas, desde donde Saavedra y Tuñón regresaron a las Molucas después de cinco meses y cinco días de penoso viaje.

Varias semanas después de su llegada, Gutierre de Tuñón fue nombrado por Hernando de la Torre capitán de un grupo expedicionario que debía ayudar a Guichil Rades, gobernador de Zamafo —una de las principales localidades de la isla de Gilolo —, a tomar el vecino poblado de Chiaba cuyos habitantes simpatizaban con los portugueses.

Embarcándose en tres grandes paraos, el capitán astur al mando de 15 soldados zarpó el 15 de enero de 1529 de la isla de Tidor hacia la de Gilolo. Cuatro días después arribaba a Zamafo, donde se le unieron varios cientos de guerreros del lugar. Amparándose en la noche, Tuñón condujo a sus hombres hasta la proximidad del poblado enemigo. Al amanecer se inició el ataque. Los seiscientos hombres de guerra con que contaba Chiaba intentaron rechazar la acometida española y de sus aliados, pero fueron fácilmente derrotados. «En la entrada matamos al gobernador del dicho lugar —confiesa Andrés de Urdaneta —. Tomamos en este lugar dos tiros de bronce é muchas mujeres hermosas é con tanto nos volvimos.»

Reparada y abastecida la Florida, Gutierre de Tuñón partió de nuevo el 3 de mayo de 1529 hacia México. Su misión era de lo más trascendental ya que del buen éxito de su viaje dependía que los españoles se quedasen definitivamente con las codiciadas islas de las Especies. Pero, como suele acontecer a menudo, no todo sucede a gusto de cada uno.

El capitán Álvaro de Saavedra condujo la nave en dirección Este-Nordeste, tocando esta vez en las islas Paine —en el golfo de Geelwink—, Almirantazgo, Ualán, Ultirik.. En latitud 26º Norte falleció Álvaro de Saavedra y ocho días después su sucesor, Pedro Losa. Sin capitán, el resto de los españoles llegaron a los 31º de latitud Norte, mas viendo que los vientos eran contrarios y que todavía les quedaban otras mil leguas que recorrer para llegar a México, decidieron regresar a las Molucas, fondeando el 8 de diciembre en la isla de Gilolo. Siete meses había durado esta segunda navegación.

Sin poder comunicarse con la metrópoli y por tanto sin posibilidad de recibir refuerzos, Hernando de la Torre hizo las paces con los portugueses. Más tarde, al saberse que Carlos I, con apuros económicos, había cedido a Portugal las islas Molucas por 350.000 ducados, los dieciséis españoles que aún quedaban con vida decidieron regresar a España en barcos lusitanos (febrero de 1534).

En el estado de nuestra investigación conocemos los nombres de trece de estos españoles que decidieron volver a Europa, ninguno de los cuales es Gutierre de Tuñón. Ignoramos por ello si el asturiano murió durante el segundo intento de viajar a México o en las Molucas, o bien era uno de los tres hombres cuyos nombres y apellidos no figuran para nada en los documentos y relaciones que estamos manejando. Si por casualidad resultase ser uno de estos tres hombres, Gutierre de Tuñón se habría convertido en uno de los pocos europeos de la época que había logrado dar la vuelta al mundo y, por consiguiente, el primer asturiano que lo hiciera.

En todo caso, Gutierre de Tuñón recorrió más de medio mundo, visitó las costas de América del Sur y cruzó el siempre peligroso estrecho de Magallanes (el segundo asturiano que lo hacía en menos de seis años; el primero fue Gutierre de Bustillo), navegó por gran parte del Océano Pacífico siendo uno de los descubridores de las islas Bismarck, Marshall... Con Saavedra, fue de los primeros en explorar la gran isla de Nueva Guinea, descubierta accidentalmente en 1525 por el portugués Jorge de Meneses. En sus viajes, en las Molucas o luchando con los lusitanos, el asturiano siempre destacó como un gran servidor de la Corona española. Así lo declara su compañero de aventuras y uno de los cronistas de la expedición, Andrés de Urdaneta: «Gutierre de Tuñón... se había señalado mucho en servicio de Su Majestad en las cosas que se había ofrecido».

(*) Historia de una emigración: asturianos a América, 1492-1599. Oviedo, 1992.

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