Alas, Martín de las

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Descripción

Natural de la villa de Avilés, participó en la conquista y colonización de América.

Era hijo de Hernando de las Alas y de Elvira de Valdés. Señor y heredero del mayorazgo y casa de su apellido en Avilés.

Continuando con la tradición familiar, Martín de las Alas sirvió al emperador Carlos V y a su hijo Felipe II. Estuvo presente en muchos hechos de armas. Caben destacar la expedición a Túnez (1535), su estancia en Inglaterra y Flandes o la toma del peñón de Vélez, aquí ya con el título de general. Por estos y otros muchos relevantes servicios prestados a la Corona, el rey le nombró en 1565 gobernador de Santa Marta y capitán general de Cartagena de Indias (Colombia).

Por el mes de octubre de ese año, Martín de las Alas pasó a su nuevo destino llevando en su compañía a su hijo Gregorio de las Alas y a un séquito de sirvientes, entre ellos cuatro criados asturianos. Su mujer Elvira Velázquez de Valdés y sus hijos Martín y Alonso de las Alas se quedaron en España.

En estos años, la presencia de piratas era una amenaza constante, tanto para los barcos españoles que iban o venían de las Indias como para las ciudades y demás posesiones españolas en el Nuevo Mundo. Coincidiendo con el mandato de Martín de las Alas, se presentó ante las costas de Cartagena de Indias una armada de piratas ingleses compuesta por once barcos y más de mil hombres dispuestos a saquear las posesiones españolas. Al mando de ella iba John Hawkins. Viajaba también en ella Francis Drake como capitán de uno de los barcos.

Antes de llegar a Cartagena de Indias los piratas habían capturado varias naves portuguesas y saqueado diversos poblados africanos para aprovisionarse de esclavos que vender a los colonos españoles. Ya en América, saquearon la localidad de Río de Hacha y pidieron un fuerte rescate por no destruir la ciudad de Santa Marta. A primeros de julio de 1568 se presentaron ante la ciudad de Cartagena de Indias, donde se encontraba el gobernador asturiano.

La ciudad carecía de la debida protección. Sólo disponía de dos pequeños fuertes que estaban aún en construcción y de dos cañones. Para defender la ciudad, Martín de las Alas ordenó juntar a los soldados, colonos de los alrededores, indios amigos y algunos esclavos negros. En total sumaban cuatrocientas personas. De entre todas ellas Martín de las Alas seleccionó sólo a doscientas, creando una escuadra de arcabuceros y caballería que puso al mando de su hijo, el capitán Gregorio de las Alas. Como primer línea de defensa, ordenó sembrar las playas de puntas untadas de fortísimo veneno. Sólo se dejó una angosto sendero por donde pudiesen caminar los españoles. A esta línea le seguía otra de trincheras fabricadas con pipas llenas de arena.

John Hawkins intentó introducir los navíos en el puerto, pero al ver en la playa al gobernador con sus hombres esperándole y dispuestos a impedir el desembarco, desistió momentáneamente de entrar por la fuerza. Envió entonces un portugués con un mensaje para el gobernador asturiano solicitando permiso para comerciar y vender unos cien esclavos negros. Martín de las Alas contestó «que los contratos habían de ser balas despedidas de los tiros y arcabucería». Y para hacer creer al portugués que disponía de muchos más hombres de los que realmente tenía, mandó que a la partida del mensajero cincuenta arcabuceros le hicieran salvas desde distintos sitios «de suerte que con esta industria, los cincuenta hicieron demostración de doscientos».

Airado por la negativa del gobernador asturiano, el jefe pirata aproximó más los barcos a la ciudad, dispuesto a cañonearla, como así hizo, disparando dos cañonazos que pasaron por encima de las casas. Respondióle el gobernador asturiano con las dos piezas de artillería de que disponían. Esto y lo que dijo el portugués sobre el gran número de soldados que protegían la ciudad, amedrentó a los piratas, que no se atrevieron a desembarcar. Bloquearon entonces el puerto durante ocho días y como no encontraron medio ni argucias para apoderarse de Cartagena de Indias se retiraron hacía México, no sin que Hawkins jurase que volvería con más efectivos para arrasar la ciudad.

Poco tiempo después de este episodio fallecía Martín de las Alas de una enfermedad.

Fuente: José Ramón Martínez, Rogelio García y Secundino Estrada, «Historia de una emigración: asturianos a América, 1492-1599», Oviedo, 1992.

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