Fernández San Miguel y Valledor, Evaristo

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Descripción

Militar, político liberal y escritor nacido en Gijón (Asturias) el 26 de octubre de 1785. Atraído por la carrera de armas, en 1805 ingresa de cadete en el primer Batallón de Voluntarios de Aragón, ascendiendo dos años más tarde a subteniente en el Batallón de Voluntarios del Estado. Al empezar la guerra de Independencia se encuentra en Madrid y de allí huye para luchar contra los invasores franceses, distinguiéndose en la acción de Cabezón de la Sal y, más tarde, ya como capitán, interviniendo en las acciones de San Vicente de la Barquera, Pasajes y Peña del Castillo (1809). En este último combate cae prisionero de los franceses, siendo trasladado después a Francia, desde donde intentó huir a España, siendo detenido después por los gendarmes cuando intentaba cruzar la frontera. Con la paz (1814) regresó, como tantos otros compañeros de presidio, a España. La prisión en Francia lo había puesto en contacto con las ideas liberales, ideas que, por otra parte, habían cuajado en ciertos grupos del ejército español más rápido que en el pueblo, así como en las sociedades masónicas, refugio del liberalismo. La reacción fernandina de 1814 no fue perjudicial para la carrera de San Miguel y en 1819 es ascendido a segundo comandante, siendo destinado al ejército revolucionario que con la finalidad de sofocar las rebeliones de ultramar estaba acantonado en Cabezas de San Juan (Sevilla), conspirando contra el absolutismo. Caído en poder de la policía fernandina y preso en el Palmar del Puerto de Santa María (Cádiz), fue enviado al castillo de San Sebastián, en Cádiz, donde encontró amigos cómplices que lo ayudaron a huir, refugiándose en la isla de León. Llegado a ésta, fue nombrado segundo jefe del estado mayor del ejército sublevado de Riego el 1 de enero de 1820, y secretario de la Junta que dirigió el movimiento, siendo el autor del Himno de Riego, al que le puso música Salvador Gomis. Gracias a estos acontecimientos fue ascendido el 9 de enero a coronel. La relación de estos hechos fue objeto de una de sus primeras obras de carácter histórico, Memoria sobre lo acaecido en columna móvil al mando de D. Rafael de Riego (Barcelona, 1820). A partir de entonces comienza su vida activa en la política de su tiempo, que será decisiva durante el trienio constitucional (1820-23). Fundó en Madrid el periódico El Constitucional, en el que expone ideas liberales y a partir de 1821 pasa al primer plano de la política al defenderlas con las armas en las manos. Desde principios de 1821 había ido polarizándose la situación política por culpa de la presión extrema de los realistas, apoyados por las intrigas de Fernando VII, y por los liberales exaltados que situaban a los gobiernos moderados doceañistas en una situación comprometida. Las intrigas del rey culminaron en las llamadas Jornadas de Julio. La Guardia Real se indisciplinó y cuatro batallones fueron de Madrid a El Pardo, donde otros dos batallones de El Pardo marcharon sobre Madrid. El intento de contrarrevolución fue abortado en la calle por la milicia nacional mandada por Evaristo San Miguel. Esta actitud decidida de defensa de la libertad provocó la caída de los moderados doceañistas. El 7 de agosto de 1822 el gobierno estaba en las manos de los grupos que hicieron la revolución de 1820 y San Miguel fue elevado a la presidencia del Consejo de Ministros y al Ministerio de Estado, formando parte del gobierno denominado de los «Siete Patriotas», con la particularidad de que todos sus componentes eran masones destacados. El trabajo de este gobierno fue difícil: forma de dictadura de la izquierda militar, tuvo en contra la oposición de los liberales moderados y el radicalismo de los exaltados comuneros de Romero Alpuente, que si bien se solidarizaron al principio con el gobierno de San Miguel, a la vez que los realistas van ganando terreno en algunas zonas campesinas del país, van mostrando su desilusión, pues, según manifestaban, «ninguno de los señores ministros actuales responden a las grandes esperanzas que inspiraron sus nombres y su vida pública». Pero bien poco le quedaba de actuación al gobierno de San Miguel. La España liberal era inconcebible para la Europa de la Restauración, y las potencias del Consejo de Verona acordaron una cruzada realista mandando los Cien Mil Hijos de San Luis. Autorizado el gobierno a trasladar la residencia de la Corte ante la amenaza de la invasión a Andalucía, San Miguel fue exonerado, pero el rey se vio obligado, gracias a los motines de la Regencia, a nombrarlo de nuevo (19 de febrero de 1823). Al ser invadida de nuevo España por los franceses el 7 de abril, San Miguel se opuso a los invasores y protestó desde el Ministerio de Estado con singular energía. Desoído, empuñó las armas, y en Cataluña luchó como jefe de Estado Mayor en el ejército de Mina, hasta caer gravísimamente herido el 8 de octubre de 1823. Al cabo de dos meses de alcanzar la libertad, como en España reinaba el absolutismo, embarcó para Inglaterra, donde, exiliado, vivió hasta la muerte de Fernando VII. Durante este periodo de su vida no estuvo quieto: fundó una imprenta en 28 Drummont Crescent. Smoerstown (1826), que no debió de prosperar, dedicando también sus ocios de emigrante a escribir varios artículos en la prensa exiliada y sus Elementos del arte de la guerra (Londres, 1826, 2 vols.), considerado como el primer tratado militar que nació en esa época. San Miguel siguió dando pruebas de su vocación profesional con otras publicaciones y su Revista Militar. No abandonó en el exilio su actividad política en pro de la libertad y, de acuerdo con Morayta, entre los varios grupos irreconocibles de exiliados formó con los llamados republicanos, juntó con López Baños, Alcalá Galiano, etc. Fue en 1830 miembro de la junta dirigida por Torrijos para realizar un alzamiento liberal en España y, mejoradas las condiciones políticas en Francia con la monarquía de Luis Felipe, tomó parte, partiendo de Francia, con Mina, en una tentativa de tipo liberal que no prosperó. Fracasada esta intentona, no regresó San Miguel a España con la amnistía de 1834, muerto ya Fernando VII. Fue entonces cuando, siguiendo sus aficiones periodísticas, fundó El Mensajero de las Cortes y, repuesto en su empleo de coronel, se incorporó al ejército del Norte para luchar contra los carlistas en la primera guerra civil, distinguiéndose en los combates de Mendigorría y Los Arcos, siendo la toma de Cantavieja uno de sus éxitos más importantes. Jefe del Estado Mayor en aquella guerra carlista ascendió a brigadier, y en 1836 fue nombrado comandante general de la provincia de Huesca y después capitán general de Aragón, desde donde persiguió sin descanso a las facciones. Al final, fue general en jefe de los ejércitos del centro y después del Norte. Diputado a Cortes por Oviedo en la legislatura de 1836-1837, lo fue por Zaragoza desde el año 1838-1842 y por Madrid 1844-1850, volviendo a serlo por Oviedo y después por Madrid en la legislatura de 1854-1856. De nuevo fue ministro durante el mes de septiembre de 1837, desempeñando la cartera de Guerra; separado del Gobierno, volvió en 1841-1842 al mismo ministerio bajo la Regencia de Espartero. Era, por tanto, ministro cuando los acontecimientos de octubre de 1841, en el que se levantaron generales y moderados en el norte, en Bilbao, en Zaragoza y también en Madrid. Bajo sus sucesivos ministerios fue disuelta la Guardia Real, formado el Cuerpo del Estado Mayor y creado el Colegio General Militar. Capitán general de las Provincias Vascongadas en 1842, al año siguiente pasó a ser director general del Estado Mayor y Capitán General de Castilla la Nueva. En este año de 1843, las coaliciones entre progresistas y moderados contra Espartero lo sorprenden de capitán general en Madrid, debiendo alejarse en parte de la vida política y dedicándose a la actividad literaria en este periodo de hegemonía de moderada (1843-1854). Otra vez interviene en los acontecimientos revolucionarios de 1854, año en el que se produce el pronunciamiento de generales conservadores apoyados por políticos civiles, acompañado de una revuelta popular. Dirigió en esta ocasión el levantamiento el general O´Donnell. Era un enfrentamiento entre dos bandos, el de O´Donnell, que contaba con el favor del pueblo, y del de los soldados que sostenían el despotismo del Conde de San Luis. «Cuando la metralla llenaba las calles y la sangre corría, y el fragor del combate tenía aterrado a Madrid, él (San Miguel) se presentó como ángel de paz entre los dos bandos, y enmudeció el cañón y calló la fusilería [...] Se abrían los balcones y la gente gritaba saludando al viejo general: ¡viva San Miguel!». Levantadas el 17 de julio Barcelona, Valencia, San Sebastián y Valladolid, a San Luis, que estaba en el poder, le sucede el Duque de Rivas y aquél fue encargado provisionalmente del poder. Bajo su presidencia, los revolucionarios crearon una junta para obligar a la Corte a pactar y para contener una revolución que, según palabras del propio San Miguel, amenazaba «con ruinas, sangre y anarquía». La Junta absorbió a la popular de los barrios de Madrid y dio a la reina una oportunidad para salvar la dinastía, destituyendo al Gobierno que la había defendido. El 27 de julio, Isabel II vuelve a recurrir a Espartero y el viejo progresista San Miguel, después de desempeñar en 1854 la cartera de Guerra, vuelve a la capitanía general de Castilla la Nueva, alcanzando entonces el empleo de capitán general del ejército. En 1855 pasó a mandar el cuerpo de Alabarderos, destino que conservó hasta su muerte, ocurrida el 29 de mayo de 1862. Estaba en posesión de las Grandes Cruces de San Hermenegildo, San Fernando y Carlos III. Cuando la revolución de 1854 hizo peligrar el trono, San Miguel, como se vio, defendió el trono y la permanencia en él de la reina Isabel II, que lo premió otorgándole el título de duque de San Miguel con grandeza de España de primera clase. Desde 1852 fue individuo de número de la Real Academia de la Historia y presidente de la misma desde el 7 de diciembre de 1855 hasta la muerte.

Fue autor de diversas obras de carácter histórico y militar, destacando entre ellas, además de las ya citadas, las siguientes: Historia de Felipe II y Vida de Don Agustín Argüelles.

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