Lucuce y Ponce, Pedro de

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Descripción

  • Autor: Ramón Baragaño*, escritor e investigador
  • Fecha: 5 de enero de 2010

Pedro de Lucuce y Ponce fue, sin duda, junto con el también asturiano Álvaro Navia-Osorio, marqués de Santa Cruz de Marcenado, una de las más importantes figuras de la ciencia militar española del siglo XVIII. Nació en Avilés el 21 de noviembre de 1692, como atestigua la partida de bautismo que se conserva en el archivo parroquial de San Nicolás de Bari (tomo III, folios 360 y 360 vuelto del libro de bautismos): «En Avilés, a veintitrés de noviembre de mil y seiscientos y noventa y dos, yo, Salvador García de Rivera, presbítero, con licencia del señor cura propio, bauticé un niño a quien puse por nombres Pedro, Francisco, Tomás, el cual, según declaró su padre, nació a veintiuno del presente; hijo de don Tomás de Lucuce, médico, y de doña María Ponce, su mujer, vecinos de esta villa. Fueron padrinos don Juan Fernando Montenegro y doña Josefa de Navia, hija de don Álvaro de Navia. Y por verdad lo firmo».

 

Hijo primogénito de un médico que pretendió que se dedicara a la vida religiosa, estudió en la cátedra de latinidad que regentaban los franciscanos en su convento de San Francisco del Monte (donde hoy está situada la iglesia de San Nicolás de Bari). En 1704 se trasladó a Oviedo, en cuya Universidad cursó estudios de Humanidades y Teología, pero a los dieciocho años de edad (en 1710) eligió la carrera militar. Ingresó en el cuerpo de Caballería y en 1719 en la compañía de Guardias de Corps. Se sabe poco de estos años iniciales de Lucuce en el Ejército, aunque sí que participó en algunas batallas e incluso fue herido en una de ellas. Por esa época comenzó a simultanear su oficio con el estudio, con enorme aprovechamiento, de las matemáticas y las ciencias afines a la guerra. A comienzos de 1730 obtuvo el grado de ingeniero militar y fue destinado inicialmente a la costa de Granada, para pasar posteriormente al peñón de Vélez de la Gomera y Ceuta.

En 1736 fue nombrado profesor de la Real Academia Militar de Matemáticas de Barcelona. Por entonces su situación económica era dramática, ya que sabemos por una carta dirigida a Casimiro Ustáriz, de fecha 9 de marzo de 1737, que «me deben 23 pagas, ni tengo que comer ni ropa que vender o empeñar». Reclama lo que se le adeuda y afirma que «si fuese mi desgracia tal que no consiguiese de ustedes alguna determinación, me veré precisado a pedir la dimisión de mi empleo para tener la libertad de mendigar, pidiendo por Dios una limosna, y será el premio de 27 años de servicios sobre una continuada tarea de dedicación al estudio». Afortunadamente, se solucionó este vergonzoso episodio y Lucuce pasó a ejercer interinamente la dirección de la Academia hasta que en septiembre de 1739 fue nombrado oficialmente director.

Desde entonces, y salvo un breve paréntesis, su vida estuvo siempre ligada, hasta su muerte, a dicha institución educativa, que alcanzó notable prestigio gracias al esfuerzo y a los conocimientos científicos de Lucuce. En 1756 alcanzó el grado de ingeniero director, con categoría de coronel, y ese mismo año fue designado para dirigir en Madrid la recién creada Sociedad de Matemáticas, disuelta por real orden sólo tres años más tarde. Regresó entonces a Barcelona para dirigir de nuevo la Real Academia Militar. Tardíamente comenzaron a llegarle los honores profesionales: en 1762 ascendió a general de Brigada; en 1770, a mariscal de Campo, y posteriormente a teniente general. En 1774 fue nombrado director general del ramo de Academias Militares, cargo que ocupó hasta su fallecimiento, que tuvo lugar en Barcelona el 20 de noviembre de 1779, a la avanzada edad de ochenta y siete años menos un día, cuarenta de ellos como director de la Real Academia Militar de Matemáticas y tras permanecer sesenta y nueve años en el Ejército, caso verdaderamente insólito.

Consumado especialista en fortificaciones militares y brillante matemático, es autor de numerosos trabajos, muchos de ellos inéditos, sobre estos temas. Publicó los siguientes libros: Advertencia para las medidas y el cálculo de los desmontes o excavaciones en terrenos irregulares (Barcelona, 1766), Principios de fortificación, que contienen las definiciones de los términos principales de las obras de Plaza, y de Campaña... dispuestos para la instrucción de la juventud militar (Barcelona, 1772) y Disertación sobre las medidas militares que contiene la razón de preferir el uso de las nacionales al de las forasteras (Barcelona, 1773).

No se ha escrito demasiado sobre la vida de este ilustre ingeniero militar avilesino, aunque sí se ha estudiado más su obra. Entre las no muy abundantes biografías de Pedro de Lucuce, hay que destacar la que publicó el también avilesino Julián Suárez Inclán, general de División y miembro de la Real Academia de la Historia, titulada El teniente general don Pedro de Lucuce. Sus obras, e influencia que ejerció en la instrucción militar de España (Madrid, 1903). En ella su autor tuvo el acierto de incluir unos Apuntes biográficos sobre el célebre teniente general de Ingenieros don Pedro de Lucuce, que había escrito el brigadier de Ingenieros Manuel Varela y Limia.

El Ayuntamiento de Avilés le dedicó una céntrica calle en 1903, pero, después de varias extrañas peripecias, actualmente lleva el nombre de este destacado ingeniero, matemático y militar una calle situada en un lateral del Instituto de Enseñanza Secundaria de La Magdalena, aunque figura incorrectamente como Pedro de Lucuce y Ponte.

NOTA

(*) Este texto se publicó también en el diario La Voz de Avilés-El Comercio, con fecha 2 de enero de 2010 y título Pedro Lucuce, científico y militar avilesino, en la sección «Pliegos del alfoz», que Ramón Baragaño dedica a investigaciones locales.

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