La Cámara Santa, el sueño espiritual de un rey asturiano

Escrito el 20/10/2020
EuroWeb Media, SL

La Cámara Santa de la Catedral de Oviedo luce luminosa y espléndida desde su última restauración, que ha hecho posible que muestre al público toda su belleza medieval, que la convierte en un símbolo de Asturias y en un significativo reclamo religioso, cultural y turístico.

Fundada como capilla palatina por un rey asturiano, que la historia nombra como Alfonso II el Casto, y que vivió y amó en el siglo IX, la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo ha sido testigo activo de miles de historias y avatares: punto de encuentro de peregrinos, devotos, viajeros, aventureros y hasta revolucionarios.

Para todos ellos, de una u otra forma, ha sido referencia ineludible.

Ha reído, sentido, llorado, latido, rezado, pensado al mismo tiempo que la Humanidad.

Como su creador, la Cámara Santa albergó el sueño espiritual de miles de personas que desde el siglo IX hasta nuestros días se acercaron al recinto sagrado con distintos propósitos y con una sensación común: ante sus ojos se alzaba unos de los tesoros mejor guardados de la cultura y la historia de la Europa Occidental de los últimos mil años.

Una recóndita cueva para el Arca Santa y el Santo Sudario

El devenir del tiempo hizo de la Cámara Santa una recóndita y oscura cueva, que nunca dejó de albergar el Arca Santa y el Santo Sudario.

La restauración acometida en los últimos meses le ha dado luminosidad y una atmósfera etérea, muy acorde con su naturaleza.

Ahora se aprecia en toda su magnitud la pátina marfileña medieval, la perfección de las tallas románicas que reproducen las figuras de los apóstoles o la sobriedad de las cabezas del calvario.

Ya no hay pinturas y se perciben las cicatrices de la intensa historia de Asturias, pero el escenario conserva intacto su mensaje y su atractivo.

La nueva etapa de la Cámara Santa se inició el 14 de abril de 2014, y durante unos días los visitantes —que acceden en grupos no superiores a veinticinco personas— pudieron contemplar (concretamente hasta el 26 de abril) el Santo Sudario, adecuadamente protegido en una cámara anóxida que hace posible su pervivencia milenaria.

Si Alfonso II levantará la cabeza y viera los miles de visitantes que pululan estas semanas por la Catedral de Oviedo, y se agolpan en la torre de San Miguel —la torre románica de la catedral—, a la puerta de su Cámara Santa, comprobaría que su sueño de arquitecto de la Europa medieval se ha cumplido: la Catedral de Oviedo es única y será para siempre la Santa Ovetensis; la Ruta Jacobea que él pensó y trazó la siguen cada año miles de peregrinos que sellan su credencial peregrina con orgullo en Oviedo, y la ciudad es la capital del Principado de Asturias…