La Asturias moderna

Escrito el 15/10/2020
EuroWeb Media, SL

La Asturias de la época moderna está dividida entre una mayoría de campesinos atrasados, sometidos a la tiranía nobiliaria y eclesiástica, y una minoría ilustrada que intenta una cierta modernización de las estructuras sociales y económicas.

La insuficiencia de las comunicaciones convertiría Asturias en un territorio aislado y periférico, ajeno a los principales avatares políticos que sólo progresará gracias a individuos como Jovellanos, que diagnosticará los males de su tierra y propondrá soluciones que la saquen de su letargo.

Durante los siglos XVI y XVII se acentúa el aislamiento secular de Asturias motivado por su alejamiento de la corte imperial.

Como la región carecía de personajes de influencia, su retraso se enquisto ante la indiferencia de los poderes establecidos. La tierra estaba en manos de la nobleza y las órdenes religiosas que no estaban interesados en modernizar el campo asturiano que se vio azotado en repetidas ocasiones por hambrunas, pestes y plagas.

La Asturias de este momento estaba considerada un territorio salvaje que había que colonizar donde pervivían los usos paganos. Pronto las órdenes religiosas comenzarían una labor de evangelización que había quedado pendiente.

Valdés Salas fundaría en 1574 la Universidad Literaria de Oviedo, institución que favorecería, mediante la formación de las elites, la aparición del pensamiento ilustrado en Asturias.

Gracias a los intercambios marítimos llegaron a Asturias las obras de Rousseau y Voltaire que influirían decisivamente en el florecimiento que vive la región durante el siglo XVIII.

La gran figura de esta generación ilustrada sería Jovellanos, que trazaría el futuro económico de Asturias basándose en la extracción de carbón y la metalurgia.

A mediados del siglo XVIII el Marqués de la Ensenada censó en su catastro 1157 artesanos dedicados a la industria del hierro. Las industrias locales servían para el consumo de las pequeñas comunidades y para procurar algún ingreso extra a las familias, que vendían estas mercancías en los mercados comarcales.

Costumbres y usos

La inserción del asturiano dentro del entramado social empieza con su nacimiento y bautizo. El dicho de que cada niño viene con un pan bajo el brazo era una auténtica realidad en Asturias. Cuando llegaba un nuevo miembro a la comunidad, toda la aldea se volcaba, regalando a su familia los alimentos propios de la tierra y la estación: huevos, requesón, manteca, vino etc.

En el bautizo los padrinos regalaban al niño el bollu o la pegarata, costumbre que aun practican muchas personas. Este pastel se continuara regalando a los ahijados todos los domingos de ramos a cambio de la palma bendecida. Este regalo se interrumpe cuando el ahijado o ahijada se casa.

En muchas zonas de Asturias cuando se acercaba un casorio la novia acudía a visitar a parientes y amigos para recoger los dones, es decir, los regalos en especie que ayudaban al sostenimiento de la pareja durante las primeras semanas de convivencia.

Existía un gran número de supersticiones referidas al matrimonio entre ellas considerar como presagio la intensidad de luz de los cirios del altar, si el del lado del marido alumbraba menos, su mujer sería la primera en quedarse viuda en caso contrario sería la mujer la que moriría antes.

Habitat

El agro asturiano tenía una estructura muy compleja, por un lado las pequeñas fincas minifundistas, dedicadas a los cultivos básicos de supervivencia y por otro las erías o sienras dedicadas a la siembra de cereales. Estas fincas, que solían ser las más grandes, eran propiedad en su mayoría de la Iglesia y los Mayorazgos.

El núcleo de habitación era la quintana. Alrededor de la vivienda familiar se disponían otras dependencias auxiliares como el horreo, la cuadra y el pajar o tenada. Al lado de estas estaban el huerto y la antojana o antoxana, un prado destinado a multitud de labores agrarias como el curado de la hierba que se amontonaba en facinas o balagares. Muy cerca de la casa se solía reservar una finca, la llosa, como pomarada o plantación de manzanos y otros árboles frutales.

La agrupación de varias quintanas formaba la aldea o llugar, ocupando el caserío las tierras menos productivas.

En las erías cerealísticas se cultivaba el trigo y la escanda. A partir del siglo XVI comenzará a imponerse el maíz.

Los montes eran esenciales para la ganadería y la obtención de leña. Había una parte comunal llamada mortera que podía ser roturada y sembrada, generalmente con centeno o escanda.

La dieta campesina era muy limitada, fundamentalmente vegetal. Se consumía pan de trigo y con harina de maíz, fabes y berzas, productos de la matanza del cerdo y castañas.

El queso se solía llevar al mercado y la leche se destinaba a los niños y ancianos. Las manzanas eran utilizadas para la obtención de sidra.