Fresas y Paleolítico: tesoros de Candamo

Escrito el 09/11/2020
EuroWeb Media, SL

Dos tesoros tiene Candamo universalmente reconocidos: sus fresas y su arte rupestre Paleolítico.

El cultivo de sus dulces y sabrosas fresas hunde sus raíces casi en los tiempos en que los prehistóricos dejaban su huella paleolítica en la Cueva de la Peña, el más importante conjunto de esta etapa que tiene Asturias y el más occidental, y que este año celebra el centenario de su descubrimiento.

La UNESCO ha reconocido esta cueva como Patrimonio de la Humanidad, y las fresas, aún sin tal reconocimiento oficial, son uno de los hitos más auténticos de Asturias.

Labios de fresa... sabor de Candamo

Hay una conocida canción de la historia del pop español que dice “Labios de fresa, sabor de amor...”. Tal vez el autor no conocía Candamo, pues de haber sido así el conocido estribillo seguramente sería diferente... porque de verdad los auténticos labios de fresa son los que llevan impreso el sabor de esta tierra.

Estas fresas son una obra genial de la naturaleza —algo tendrá que ver el Nalón y sus enriquecidas aguas—, de esas que no necesitan mucho aderezo.

Así lo corrobora el pensamiento de la guisandera astur Viri, que lleva décadas creando gastronomía candamina desde su Llar, y dice: “Cuando las fresas son como las de aquí, tan sabrosas, no necesitan mucha más elaboración.

Con nata, con requesón de Afuel’pitu batido de azúcar, con un poco de vino tinto... y ya en plan romántico, con chocolate caliente o con espumoso... estarán deliciosas.” Viri, cocinera experta y amante del medio rural y natural en el que ha crecido como profesional, sabe de la importancia de coger los productos de la huerta, tal cual, y tratarlos con los ingredientes justos, “si una receta queda bien con tres productos, no le añadas cuatro... ”. Así hace con las fresas de Candamo que ella misma cultiva.

Fresaboréalo, un festival diferente

La huerta de Candamo, única en la zona por el tesoro que guarda a buen recaudo, se viste de gala cada año a principio del mes de junio, y desde hace ya “taitantos”, concretamente treinta y seis, celebra un festival también diferente: por el entorno, por el ambiente, por el producto... pues es el único en Asturias dedicado de manera exclusiva a la fresa, y a una modalidad única que solo se da en esta tierra de rico paleolítico, de castros, de ganadería, de gentes afables y de fuerte identidad a lo largo de la historia, pese a la vecindad y en ocasiones liderazgo de Grado.

En definitiva, un tesoro al alcance de la mano que encierra otros dos: el sabor de sus fresas y el color de sus pinturas rupestres.