Montañas con historia en Asturias

Escrito el 14/10/2020
EuroWeb Media, SL

La naturaleza asturiana y sus montañas destilan historias.

Historias muy humanas donde lo deportivo cobra un protagonismo especial en algunas de ellas.

Asturias es un verdadero campo de entrenamiento al aire libre con excepcionales condiciones para las actividades y las experiencias más naturales.

Muchos son los deportes aptos para su práctica en las montañas de Asturias, y uno de ellos, el ciclismo, ha elevado determinadas gestas y hazañas al rango de heroicidad y leyenda.

Desde hace décadas algunas cimas y lugares de la geografía asturiana se convierten por su dificultad y belleza en las auténticas reinas de la Vuelta Ciclista a España, siendo decisivas en el resultado final de esta prueba deportiva.

De paso, la ronda española se ha convertido en una gran ventana a los paisajes de costa y montaña más bellos de la península y de Asturias que, por su orografía, llena un capítulo especial en el libro de los aficionados al ciclismo y a la naturaleza en estado puro.

Siete montañas con hazaña en Asturias

Siete son las referencias montañeras asturianas ligadas estrechamente a la Vuelta Ciclista a España y a los finales de etapa más rotundos, duros y fascinantes que se recuerdan en esta carrera: el Monte Naranco (Oviedo), el Angliru (Riosa), Fuentes de Invierno (Aller), Coto Bello (Aller), La Farrapona (Somiedo), los Lagos de Covadonga (Cangas de Onís), y la última en incorporarse, el Cuitu Negru (Lena), a tres kilómetros de la estación de esquí Valgrande-Pajares.

Son siete cumbres para emular a los grandes del ciclismo, y también una excusa para descubrir rincones de belleza singular: el corazón de los Picos de Europa, la Montaña Central, la costa asturiana y sus villas marineras... Son hitos para practicar un turismo natural, ecológico, de total respeto y disfrute del medioambiente y del medio rural.

Lagos de Covadonga: la leyenda

La etapa de los lagos de Covadonga supone catorce kilómetros de dura ascensión, que parten del Real Sitio de Covadonga, y que entraron en la leyenda de la Vuelta Ciclista en 1983, cuando el mismo Bernard Hinault comparó el puerto con el mítico Alpe d’Huez.

A la llegada, el paisaje compensa el esfuerzo con alguna de las panorámicas más conocidas de los Picos de Europa: los lagos Enol y Ercina, de origen glaciar; cumbres como Santa María de Enol o Peña Santa de Castilla, o las majadas de los pastores.

Estampas todas que nos animan a huir del bullicio de la meta y a buscar un pequeño rincón para empaparnos de la hermosura de este espacio.

La Farrapona, un espectáculo natural excepcional

La Farrapona, en el somedano valle de Saliencia, ofreció en otras ediciones de la Vuelta a España un espectáculo deportivo y natural excepcional.

En su momento fue una de las sorpresas más gratas del certamen para los participantes, y una ventana a los paisajes de Somiedo para los espectadores.

Un verdadero descubrimiento de un Parque Natural que fue el primero de Asturias, y de una de las seis Reservas de la Biosfera de la tierra asturiana.

Otros escenarios para la historia del deporte y para descubrir parajes de ensueño

Este año habrá cimas que no vivirán la vuelta, pero su impronta y su belleza están inscritas por derecho propia en las páginas más épicas de la ronda española.

Ahí está, expectante y activo, por ejemplo, Coto Bello en Aller.

El puerto de Coto Bello hizo su gran “debut mediático” ante España y el resto del mundo en la edición 2010 de la Vuelta Ciclista a España.

Resultó ser la expresión del alma allerana: agrestres montañas, paisajes únicos, flora, fauna, berrea, historia, vistas excepcionales, espíritu minero y luchador, gastronomía de caza y de cuchara, buenas carnes y embutidos, postres únicos como el panchón... Mucha personalidad.

Coto Bello se conoce también como cima “Chechu Rubiera”, en homenaje al ciclista gijonés que tanto se entrenó en ella y que la dió a conocer.

Y es testigo también del esfuerzo cotidiano de muchos deportistas, entre ellos del olímpico Samuel Sánchez.

Para el recuerdo queda también la estación de Fuentes de Invierno, en Aller, o la histórica cima del Monte Naranco, en Oviedo.

El mítico Angliru, ese Olimpo a la asturiana, en la Sierra del Aramo, en Riosa, espera su turno, mientras crece su leyenda.

Su fama ha permitido que la montaña central asturiana ejerza una gran seducción para curiosos y aficionados que descubren, cuando se acercan a conocer el rostro del coloso, que su entorno es delicioso: tesoros mineros, historia industrial, un buen clima, vegetación atlántica y abundante fauna.

También para descubrir parajes únicos está el Cuitu Negro, en Valgrande-Pajares, que fue el último gran descubrimiento para los aficionados al deporte y al disfrute en la naturaleza.