Leyenda de La Searila

Escrito el 13/10/2020
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Una de las más populares historias del legado romántico, acaecida en el siglo XIX en el concejo de Castropol.

En Castropol existe una casona, presidida por un blasón con un enigmático corazón.

En este noble palacio rural vivía en el siglo XIX, la Searila, nombre por el que se conocía a María Rosa Pérez, mujer de gran belleza de la familia Seares, procedente del pueblo del mismo nombre, quien se enamoró de un galán de Piantón, Antonio Cuervo, con cuya familia estaba enfrentada la de Seares.

Tras un noviazgo lleno de incidencias se casaron en secreto en 1835. Un año después Antonio Cuervo fue nombrado gobernador civil de La Coruña, ciudad a la que tuvo que trasladarse, provocando la muerte de La Searila, que no pudo soportar estar lejos de su amado.

El regresó lleno de dolor al enterarse de la triste noticia, abrió la tumba de María Rosa y le cogió una flor y un mechón de su cabello. El resto de su vida lo pasó encerrado en su casa, de donde sólo salía por las noches, cuando vagaba por los lugares en los que ambos habían estado.

A su muerte dispuso que se le enterrase con su capa negra y, años después, se descubrió al remover sus restos que en el forro de la capa escondía la rosa y los cabellos de La Searila.