Leyenda del Arca Santa

Escrito el 07/10/2020
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Según la tradición, el Arca Santa llegó a Asturias desde Toledo, guardada por un cortejo de caballeros godos. Se quería evitar de cualquier forma que ese tesoro de la fe cayera en manos de los musulmanes.

Una vez que el Arca Santa llegó a Asturias, la leyenda cuenta como fue escondida en una de las capillas del Monsacro.

El arca contiene un fragmento de la Cruz, restos de la túnica de Jesucristo junto con parte del sudario y su sangre, trozos del pan de la Santa Cena y otras reliquias de la Virgen y los santos.

El rey Alfonso III el Magno encargó un arca mayor de plata para guardar la que contenía los sagrados despojos.

En aquel tiempo se contaba que nadie se había atrevido nunca a abrirla contándose aterradores historias acerca de los insensatos que se habían atrevido. El arzobispo de Sevilla don Cristóbal de Rojas y Sandoval, siendo prelado de la diócesis ovetense determinó abrir el arca santa. Publicó solemnemente una cuaresma en su iglesia y por todo el obispado, mandando que se hiciese oración a Nuestro Señor.

Tres días antes del domingo en que se tenía que abrir el arca, mandó ayunar a todos y hacer mayor oración con procesiones. Llegado el día, dijo la misa de pontificial y predicó. Acabada la misa, revestido como estaba, subió con gran solemnidad a la cámara santa, y después de haber hecho allí mismo humilde oración, postrado de hinojos ante el arca, tomó la llave para abrirla.

Súbitamente sintió tanto horror que fue incapaz de mover un músculo, quedándose así inmóvil y pasmado sin fuerzas para nada más. Tras el trance, el prelado contó como se le habían erizado tanto los cabellos que le pareció que le había saltado la mitra de la cabeza.