La Asturias medieval

Escrito el 02/10/2020
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La descomposición del Imperio Romano favoreció que Asturias gozase de una cierta autonomía que se mantuvo durante el reino visigodo.

La sociedad vivía en un cierto arcaísmo, favorecida por su aislamiento geográfico. Era un territorio de hombres libres, en el que aún perduraban muchos usos anteriores a la romanización, que se recuperaron tras la ruptura del sistema administrativo tardorromano.

En estas circunstancias, los asturianos parecían poco dispuestos a plegarse ante un poder extraño, como el representado por los musulmanes, que se encontraron con un obstáculo imprevisto en su vertiginosa carrera hacia el norte.

La monarquía asturiana, como todas las que en el mundo han sido, se baso en un revivalismo forzado. La derrotada dinastía goda buscaba reencarnarse en este país de montañas que eran diosas. Tal vez por eso las reliquias de Toledo, que según la leyenda fueron trasladadas a Asturias bajo mil peligros, fueron escondidas en el Monsacro, alimentándose así del culto céltico a las cumbres que tenía por sagrado este monte. Lo mismo pasa en el caso de Peña Santa o de los dioses Naranco o Aramo.

El poder cuando se asienta procura aprovechar el solar anterior para engrandecerse.

Nada tenían de patriotas esos contumaces montañeses, cristianos a medias, que solo pretendían defender lo suyo de los invasores musulmanes.

La prolongación del reino hacia el sur no fue más que ocupar las posiciones que los moros habían abandonado, en un repliegue estratégico.

La expansión no tuvo otra consecuencia que el perjudicial cambio de capitalidad a favor de León en el año 914, dejando Oviedo desplazado del eje gravitatorio de la monarquía.

Costumbres y usos

Una de las instituciones familiares más características de Asturias es el mayorazgo, figura análoga al hereu catalán.

El mayorazgo era el primogénito de la familia y a él le correspondían la mayoría de las posesiones familiares. De esta manera se intentaba que el patrimonio familiar no se desgajase con los sucesivos matrimonios.

Este privilegio conllevaba muchas veces el sacrificio de casarse según la conveniencia de la casa.

El matrimonio no es en Asturias el ejercicio voluntario de dos personas hasta tiempos relativamente recientes. Las mujeres tuvieron que pelear por su derecho a elegir pareja ya que a pesar de que ya en el siglo XI el derecho canónico reclamaba el asentimiento de los interesados para celebrar un matrimonio, en la práctica los auténticos protagonistas eran los padres de los contrayentes que solían anteponer su ambición e intereses al amor de sus hijos.

Los acuerdos prematrimoniales entre los padres de los cónyuges reciben en Asturias el nombre de trataos o compostorios. Estos acuerdos tienen su origen en el derecho visigodo que reconoce a la mujer su derecho a dote que es garantizada con los bienes del marido.

Los padres de la pareja se reunían a negociar mientras los futuros esposos, que a menudo no se conocían, estaban en una habitación aparte sin participar para nada en el cónclave.

Las proclamas o amonestaciones también tienen su origen en la Baja Edad Media. Su intención era dar publicidad al futuro matrimonio a fin de que si alguien conocía algún impedimento para su celebración lo hiciera público.

Habitat

En el proceso repoblador de Asturias durante la baja Edad Media fue determinate la colaboración de la Corona y el estamento eclesiástico para la fundación de los nuevos enclaves urbanos, las polas.

La concesión de las cartas pueblas pretendía concentrar los núcleos dispersos en los nuevos centros recién creados puesto que en el siglo XIII solo Oviedo y Avilés tenían categoría de urbe. Las nuevas pueblas respondían más a un intento de reorganización administrativa y desarrollo económico que a resolver un problema demográfico.

La zona litoral tenía una población muy escasa por culpa de las incursiones depredadoras de los normandos primero y de los piratas musulmanes después y solo en el siglo XIV se incorpora la costa a este movimiento repoblador.

La intención era crear un poder concejil que se opusiera al estamento nobiliario y que sirviera de apoyo a la corona.

Las veintisiete pueblas serían el germen de las villas asturianas.

Es muy importante la concesión del mercado, instrumento principal para el desarrollo comercial y económico de los nuevos asentamientos.

Estos mercados, que escapaban al control señorial, daban a las polas la auténtica cabecera de la comarca. El mercado semanal reunía a los habitantes de la puebla y de los alrededores. Allí campesinos y pescadores vendían sus excedentes y compraban bienes de producción y consumo.

El espacio del mercado servía también para la administración de justicia y se aprovechaba la concurrencia de vecinos para dar publicidad a las disposiciones de la autoridad superior y para reunir al concejo.