Sidra y fabes

Escrito el 18/09/2020
EuroWeb Media, SL


Son los dos emblemas de la región. Sus historias son casi paralelas y en ambos casos prácticamente milenarias. Los manzanos llegaron a Asturias a través de los árabes, unos cuantos siglos después de que los griegos adorarán al líquido original, denominado zythos, mientras la faba o alubia navegó unos siglos más tarde desde América, implantándose con desparpajo y autoridad.

Se puede afirmar sin riesgo a equivocarse que en ningún sitio del planeta la fabada sabe como aquí. Parece ser que el secreto es la conjunción de factores tan diferentes como un clima suave, un suelo rico en sales minerales, una cocción a fuego lento, y las características peculiares del agua asturiana, ideal para que el resultado sea óptimo. El suelo influye hasta tal punto que los ricos en calcio dan lugar a pieles más duras y que necesitan más tiempo de cocción, porque hacen de barrera y el calor tarda más en atravesar esa malla natural y llegar al interior.

FABA DE LA GRANJA.

Aunque por comodidad y afán de generalización el nombre que se utiliza para denominar a la faba asturiana es faba de la granja, hay muchas variedades en la zona, aunque algunas de ellas solo los expertos logran diferenciarlas. Responden a nombres tan peculiares como Xana, Xinara, Maximina o Andecha, posiblemente la que mejores resultados ofrece de todas.