Argüelles, Silvino

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Descripción

Silvino Argüelles Menéndez, uno de los grandes de la canción asturiana, nació en Tudela Veguín (lugar del concejo o municipio de Oviedo) el 5 de febrero de 1919, aunque sus raíces, infancia y la práctica totalidad de su vida están ligadas a Santo Emiliano, el pueblo mierense situado en lo alto de la Güeria de San Juan, en uno de los pasos más frecuentados entre las Cuencas mineras del Caudal y del Nalón.

Silvino aprendió ya en sus primeros años los fundamentos de la canción asturiana de su madre, Luz, a quien en la zona se la conocía como La Calandria, debido a su melodiosa y emocionada voz. Silvino Argüelles sube por primera vez a un escenario a la edad de 15 años. Fue en 1934, en el cine de Vegadotos, donde compartió tablas con alguno de los grandes del folklore en aquellos días. Silvino formaba parte aquel día de uno de los grupos de teatro que animaban la jornada. Ante la ausencia de uno de los cantantes previstos en el programa, los organizadores convencieron al cantante de la Güeria para que además de actuar interpretara alguna tonada.

El éxito de su primera actuación le llevó a otras, todas ellas en Mieres y Langreo. El cantante recibió en muchas de ellas las bendiciones de algunos de los genios de la canción asturiana, como el recordado Xuacu el de Sama, que subrayó las posibilidades que tenía aquel adolescente de la Güeria de San Juan. Silvino no abandonó en un primer momento el teatro, donde curiosamente llegó a destacar interpretando el papel de un cantaor de flamenco. No sería la primera vez. Tras la Guerra Civil y la dura posguerra, el barítono mierense abandona Asturias para trabajar en las minas del Pirineo, donde sigue cantando tonada para los asturianos emigrantes en Cataluña que, como él, tuvieron que emigrar por falta de perspectivas en su tierra, encontrándose con trabajadores de otras regiones, especialmente Andalucía y Extremadura. No es casualidad que en ese tiempo Silvino alterne en su repertorio los temas asturianos con el flamenco. Desgraciadamente, no existen grabaciones de esa época, años duros en los que la canción y la familia son sus mayores consuelos. Más, después de sufrir un grave accidente en la mina de montaña de Peñaforca, en el Norte de Barcelona, que a punto estuvo de costarle la vida y que le supone su regreso a Asturias.

De nuevo en su tierra, Silvino Argüelles se asienta en El Campu de la Güeria, donde residiría hasta su prematura muerte en 1986. Nunca dejó de cantar, ni incluso en los días más duros de su penosa enfermedad.

Silvino Argüelles condujo la tonada hacia un estilo personalísimo, en el que la creación y recreación son lo mismo. Él entendió como nadie que cantar no se trata de repetir un fragmento inmutable de la tradición, sino interpretarlo y revivirlo. Eso lo aprendió del cante jondo. Y lo transmitió a las canciones más viejas de tonada, como Texeora de Bayu, sin que perdieran su profunda identidad asturiana. Quienes conocieron al cantante sabían de su gran versatilidad. Incluso aportó nuevos temas al repertorio, como Atapecer en Planta o Canta el malvís, dedicada al gran Juan Menéndez Muñiz, Juanín de Mieres, conocido como el Almirante de la canción asturiana.

En 1953 volvió a subirse a un escenario en Asturias espoleado por los muchos amigos y aficionados que le recordaban y que le veían como uno de los grandes intérpretes de canción asturiana. Su regreso fue en el cine La Montera de Sama (Langreo), coincidiendo con el famoso concurso «Telescopio», que organizaba el compositor León Delestal. Silvino obtiene en este prestigioso escenario los primeros elogios firmes, que le consagran como uno de los valores más distintivos de la canción autóctona.

Canciones como A la salida del Sella, Cantar bien neña o La vaca pinta, le dan fama de cantor puro «de modulada y timbrada voz de barítono», según escribió el maestro periodista y estudioso del folklore Ricardo Vázquez Prada.

En esos años —década de los sesenta— Silvino Argüelles ya formaba parte del excepcional grupo de cantantes que contaba con el beneplácito del numeroso público que seguía actuaciones y concursos. La televisión era un artículo de lujo. La radio se volcaba con los festivales de música asturiana. Eran los años dorados de la tonada.

En 1963 se celebra el famoso Concurso de Otoño de Mieres, en el que el cantante logra el primer premio. Uno de los participantes en el apartado de canción ligera era Víctor Manuel San José. El nivel era excepcional. Es la consagración de Silvino, ya inclasificable para muchos jurados de oído conservador, que optaban por darle a veces un segundo premio que respondió más al gusto popular que a los puristas de la tonada. Esas decisiones provocaron en su día fuertes polémicas y las protestas de los aficionados, que le veían como el más sólido valor de aquellos momentos.

Hay quien aún recuerda su participación en los concursos organizados por el diario Región, Hevia, o en el multitudinario «Rumbo a la gloria». Por aquel entonces, Silvino cuenta con el fervor popular por canciones como Farola de Xixón, Sidriquina la de Asturias, Caleya´rriba cantando, o la sentimental El cielo ye pal mineru, de honda emoción en las Cuencas mineras y en un momento donde Asturias cuenta con más de 30.000 trabajadores del carbón.

A este «paisano grandón», como le definió Ignacio Gracia Noriega en una de sus jugosas semblanzas en el diario La Nueva España, le gustaba cantar por afición, desinteresadamente, sin peros a cuantos festivales benéficos se le reclamaba participación.

En su repertorio, que incluye lo más granado de nuestra mejor tonada, también figuran canciones de fuerte calado regional, que hacían romper en aplausos en fiestas y días señalados y que terminaban por identificar al cantante de la Güeria de San Juan. Cuentan las crónicas que después del concurso de «Rumbo a la gloria», en Oviedo, Silvino participó en un festival en Turón. Nada más subirse, apenas pudo avanzar la primera estrofa de Viva la xente minera, ante la estruendosa y emotiva ovación de los presentes.

Su participación a partir de 1968 en la Asociación pro cultura asturiana «Asturias canta», que reunió a los mejores cantantes y folkloristas de la época, es otra de sus grandes aportaciones. Con esta agrupación musical recorrió toda la geografía asturiana y llevó la tonada a los más apartados lugares de la región y también a Barcelona, Madrid, Valladolid, León.... Con «Asturias canta» vivió sus mejores momentos, como parte destacada de un importante grupo humano coordinado por el periodista langreano José Ramón Alonso, cuyo objetivo no era otro que de abrir nuevas fronteras para la tonada y la música asturiana de raíz.

Una de las mayores satisfacciones personales de Silvino Argüelles llegó en 1980, cuando por su trabajo fue elegido para representar al folklore asturiano en el Festival Celta de Berlín, en Alemania, el llamado Sommerfastspile. Fue la avanzadilla con la que nuestra música se abrió paso en los certámenes internacionales de los pueblos del Arco Atlántico.

Silvino, que viajó acompañado de su inseparable amigo y campeonísimo de la canción asturiana, Enrique García Palicio, L´Abogáu, sorprendió al público germano con el sentido tema «En toda la quintana (ya no hay quien baile / que se murió la zagala / mejor del Valle», con triste roncón de gaita. Un reportaje en la prensa regional recogió: «... la interpretación de Silvino Argüelles fue seguida con una especial atención por los berlineses, como si de un importante documento etnográfico se tratase, cosa que no hicieron con los cantantes irlandeses, por ejemplo».

Silvino Argüelles cantó después en Ginebra (Suiza), en otro entrañable festival marcado por el reencuentro con la comunidad de emigrantes asturianos en ese país.

Su amplia obra está recogida en dos discos de larga duración (LPs) y en otros dos sencillos, de 45RPM, así como una importante cantidad de casetes y grabaciones con otros intérpretes. No llegó a ver su obra en CD. Su última grabación se editó en 1982, donde se decide a registrar alguna canción acompañado a la gaita y donde graba La vaca pinta, canción que era una de sus favoritas. Una de sus aportaciones especiales fue también cantar canciones con el acompañamiento del piano y a dúo, con El Abogáu, como Fui al Cristu y enamóreme o Xunce les vaques.

Silvino Argüelles, tras una vida consagrada a la canción asturiana, fallece en Mieres del Camino el 3 de noviembre de 1986, víctima de un tumor cerebral. Los medios de comunicación regionales recogieron la noticia de su muerte en primera página y subrayaron que con él se iba uno de los grandes de la tonada. Su entierro, como no podía ser de otra forma, se convirtió en una gran muestra de asturianía y en un fervoroso homenaje al cantante de la Güeria de San Juan.

El 18 de abril de 1999, el Ayuntamiento de Mieres le dio su nombre a una calle de la histórica plaza de Requejo, el templo de la sidra y la tonada. Desde 1987, coincidiendo con la fiesta del Día de Asturias, la ciudad de Mieres celebra el Memorial Silvino Argüelles, que en 2003 pasa a ser los premios anuales de la canción asturiana. De esta manera, cada mes de septiembre, se dan cita en Mieres en el Memorial de Silvino los 10 mejores cantantes y gaitero acompañante de cada año, elegidos por un jurado de expertos según las participaciones de los más de cien intérpretes que intervienen en los concursos más importantes de Asturias.

Fuente: Alberto Argüelles, periodista, nieto de Silvino Argüelles (Mieres, 15 de diciembre de 2005).

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