Conjunto de la calle Galiana


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Es, junto con la de Rivero, de las más singulares y populares calles de la ciudad. La parte soportalada, contemplada desde su inicio en la plaza Álvarez Acebal, forma un encantador laberinto, interminable a la vista.

Fue construida en el siglo XVII, coincidiendo con la expansión de la ciudad fuera del conjunto amurallado. Tiene una gran zona totalmente soportalada: son 252 metros a cubierto. Muchos de los edificios construidos entonces siguen hoy existiendo sin muchas alteraciones.

El modelo constructivo se basa en lo que ya era tradición en la ciudad: el soportal, que cobijaba de la lluvia y del sol a los artesanos, cuya actividad era muy intensa; los lugareños que se dedicaban a estos menesteres podían trabajar bajo techado al aire libre, teniendo el almacén en la planta baja y la vivienda en el piso superior. Presenta una singularidad respecto a otras calles soportaladas: las partes traseras de las viviendas tenían, y tienen, su huerto, con lo que los moradores disponían de una buena despensa alimenticia y también servía para cobijar, preferentemente, ganado vacuno.

Otra característica de Galiana es el pavimento de los soportales, dividido en dos partes: empedrado para el tránsito del ganado y otro de loseta para los ciudadanos. Hay que resaltar las espléndidas balconadas que dan a la calle, algunas de ellas de época. En la parte final se levanta la capilla de «Jesusín» de Galiana, en origen del siglo XVIII aunque la fábrica actual es del XIX.

Todo ello hace de esta calle un incomparable espacio urbano, hoy reconvertido en zona lúdica. Desde 1987 se ha singularizado —festivamente— por discurrir por ella el Descenso Fluvial, el evento más original de las fiestas del carnaval (o «antroxu») avilesino, el más destacado del norte de España.

Fuente: «Paseo ilustrado por el casco histórico de Avilés», textos de Alberto del Río y edición de la Concejalía de Turismo y Festejos del Excmo. Ayuntamiento de Avilés, 2001.

La de Galiana, ejemplo español de calle aportalada

  • Autor: Alberto del Río Legazpi, escritor e investigador asturiano*.

Escribió Antonio Muñoz Molina, en su 'Invierno en Lisboa' que «una ciudad se olvida más rápido que un rostro». Y suele ser verdad en aquellas poblaciones que no están singularizadas por su paisaje urbano, como es el caso de la misma capital de Portugal o de Avilés, donde hay mucho para no olvidar. Por ejemplo, la calle Galiana.

Y eso lo testifica gente como Torrente Ballester, Woody Allen o Gonzalo Suárez. Pero los concreto en el entusiasmo de Fernando Fernán Gómez, cuando -en diciembre de 1982- paseábamos por el casco antiguo y descubrió Rivero, pero sobre todo Galiana. Lo fascinó. Aún años después lo oí, en la radio, hablar de la calle Galiana de Avilés.

Armando Palacio Valdés contribuyó a hacer famosa -literariamente- esta espectacular calle porticada, levantada en el siglo XVII. En 'La novela de un novelista', le dedica un capítulo específico: 'La batalla de Galiana', donde narra las rivalidades entre jóvenes de Sabugo, Rivero y Galiana.

Ya se sabe que lo de Palacio Valdés con Avilés fue un amor a primera vista. Ciudad y autor siempre se agradecieron mutuamente y una de las concreciones fue Galiana. El nombre de la calle (sinónimo de cañada), oficialmente nunca cambió, excepto entre el 3 de mayo de 1918 y el 19 de julio de 1945, en que llevó el del gran escritor asturiano.

Para generaciones de avilesinos, la zona porticada de la calle, fue camino diario, de su casa al edificio del Instituto de Enseñanza Media, hoy reconvertido en Colegio Público 'Palacio Valdés'. En fin.

La calle tiene 252 metros de soportales, apoyados en más de un centenar de columnas, con pavimentaciones originales: una empedrada, para animales irracionales (generalmente caballería) y otra con loseta para animales racionales, mayormente así considerados.

Casi empieza en una iglesia (San Nicolás) y casi termina en una capilla (conocida como 'Jesusín' de Galiana). En su mitad está la hornacina de la Virgen del Carmen, colocada en 1812 por José Corominas ('Pepín el Jardinero'), vecino de la calle, que atribuyó a dicha imagen el salir con vida del incendio de su casa.

La calle se conserva como puede. Por ejemplo, sobran alturas de edificios recién restaurados y también unas horribles barandillas metálicas en las escalerillas de accesos a soportales, algunos de los cuales (entre los números 40 y 44) todavía exhiben astutas trampillas -originales del siglo XVII- que comunican piso con soportal.

El encanto, a Galiana, le viene por la variedad del conjunto porticado, por el mágico juego de la luz solar en según que horas y estaciones, y por la curva, la traza sinuosa de los soportales en su ascenso hacia la zona alta de Avilés.

Vista desde su inicio, asemeja un maravilloso laberinto. Y desde un lateral, un estuche de piedra que, milagrosamente, contiene una calle.

Eso es Galiana. Nada menos.

Notas

(*) Este texto está publicado también en la edición gráfica del diario El Comercio-La Voz de Avilés, con fecha 14 de octubre de 2012 y el mismo título, en la página dominical «Los Episodios Avilesinos» que Alberto del Río dedica a aspectos históricos, artísticos, biográficos y costumbristas. Paralelamente, en la edición digital, se reproduce el mismo artículo en un blog titulado «Los Episodios Avilesinos».

(**) Luis Menéndez Pidal, arquitecto-conservador de la Dirección General de Bellas Artes, calificó a Galiana, en 1969, como «uno de los ejemplos urbanísticos de vía porticada más interesantes de nuestra nación».


Datos:


Dirección postal: Calle Galiana. 33402 Avilés. Asturias (España)
Dirección digital: 8CMP8WW7+WH
Clasificado: Patrimonio histórico › Patrimonio civil › Zonas urbanas


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