Ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2012


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  • Fecha de celebración: viernes 26 de octubre de 2012.
  • Lugar de celebración: Teatro Campoamor, de la ciudad de Oviedo, capital de la comunidad autónoma del Principado de Asturias.

La solemne ceremonia de entrega de los premios Príncipe de Asturias en su trigésimo segunda edición duró unos 90 minutos. A las 6.30 horas de la tarde comenzó la misma.

Durante el acto de entrega de estos galardones, en el escenario del Teatro Campoamor de Oviedo predomina el color azul, representativo de la Fundación. El suelo se decora con una moqueta sobre cuyo fondo destaca el escudo de la institución, en color amarillo. Sobre la cortina del fondo se muestra el escudo de la Fundación y bajo él se puede leer «Premios Príncipe de Asturias».

El departamento de protocolo de la Fundación designa la ubicación de las distintas personalidades que ocupan el escenario. La mesa presidencial, desde el matrimonio de Su Alteza Real el Príncipe Felipe en 2004, está ocupada por SS.AA.RR. los Príncipes de Asturias. A la derecha, el presidente del Principado de Asturias, don Javier Fernández Fernández, y a la izquierda, el presidente de la Fundación, don Matías Rodríguez Inciarte. Las banderas de España, del Principado de Asturias y de la Unión Europea escoltan ambos lados de la mesa. S.M. la Reina Doña Sofía suele presenciar la ceremonia desde el palco real, en el primer piso del teatro. A la izquierda del escenario se sitúan los galardonados y tras ellos, las banderas de sus países de procedencia. A la derecha, diversos miembros de la Fundación, presidentes de los distintos jurados, embajadores en España de los países de origen de los galardonados, ministros del Gobierno español (en esta ocasión, acudió don José Ignacio Wert, titular de la cartera de Educación, Cultura y Deporte, en representación del Ejecutivo), anteriores galardonados y otras autoridades. También a la derecha y al fondo está la tribuna de prensa, preparada para que los reporteros gráficos de los distintos medios de comunicación puedan plasmar los momentos más destacados del acto.

La ceremonia de entrega siguió el siguiente esquema: SS.AA.RR. los Príncipes de Asturias, don Felipe y doña Letizia, y la reina doña Sofía hicieron su entrada, sonó el himno nacional interpretado por la Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo y dio comienzo el acto. A continuación, entraron los galardonados a los compases de la obra Two ayres for cornetts and sagbuts, del compositor británico John Adson, interpretada en directo por un conjunto musical integrado por ocho instrumentos de viento metal. Una vez situados todos los premiados en sus lugares correspondientes, el Príncipe cedió la palabra al presidente de la Fundación, quien hizo un balance y resumen de lo que fueron las actividades de la institución durante todo el año. Después de su intervención les tocó el turno a la filósofa estadounidense Martha C. Nussbaum, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, y al arquitecto Rafael Moneo, Premio Príncipe de Asturias de las Artes. A continuación se procedió a la entrega de los galardones, con la lectura de un pequeño fragmento de cada una de las actas de concesión. Los premiados avanzaron desde sus butacas hasta la mesa presidencial para recoger, de menos del Príncipe, el galardón correspondiente. Seguidamente, Alan Solomont, embajador EE UU en España leyó el texto de su compatriota Philip Roth, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, quien no pudo asistir a la ceremonia por motivos de salud y prescripción médica. Tras él, pronunciaron discursos Peter Maurer, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja, y Tadateru Konoé, presidente de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, en representación del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional). Fue S.A.R. el Príncipe de Asturias, quien cerró el acto con su intervención, considerada desde hace tiempo como el discurso más importante de todos los que pronuncia durante el año. Una vez interpretado el Asturias, patria querida, himno del Principado de Asturias, de nuevo por parte de la Banda de Gaitas, los premiados abandonaron el teatro y se dio por concluida la ceremonia.

El acto de entrega contó con un servicio de traducción simultánea para todo el teatro que incluyó cuatro idiomas. La Fundación distribuyó entre el público 1.600 receptores y los asistentes pudieron escuchar en inglés, francés y japonés, además de en español, los discursos pronunciados por los galardonados.

DISCURSOS

Por orden de intervención:

Matías Rodríguez Inciarte, presidente de la Fundación Príncipe de Asturias

Nuestro premiado de las Letras Mario Vargas Llosa se refirió, en esta misma tribuna, a Asturias como «lugar de recias cumbres y verdes campiñas y símbolo de amor a la libertad». Pues bien, esa Asturias os acoge un año más, con todo su afecto y hospitalidad, en este acto de entrega de nuestros Premios.

No hay duda de que vivimos tiempos muy difíciles, pero es también verdad que España ha sido siempre capaz de salir reforzada de sus crisis y que la riqueza de nuestra cultura, su dinamismo, su solidaridad y su apertura al mundo han sido siempre palancas decisivas para nuestra recuperación.

El mensaje que queremos transmitir desde la Fundación es, pues, de esperanza y de confianza en nosotros mismos. Sobre todo en las capacidades del ser humano, representadas de forma excelente en la obra de nuestros galardonados. Al destacar estos valores, la Fundación contribuye a generar formas de comportamiento que sirvan a todos de modelo. Como hace algunos años destacó Octavio Paz en este mismo escenario: «La cultura es la sociedad y es su imagen, es su creadora y es su criatura, en ella se realiza y en ella se contempla».

Nuestra felicitación, por ello, a todos nuestros premiados y nuestro agradecimiento a quienes hacen posible nuestra labor y muy especialmente a nuestros patronos, protectores y presidentes y miembros de los jurados.

Altezas,

La tarea de la Fundación que lleva vuestro nombre está inspirada y respaldada siempre por Vuestras Altezas, a quienes queremos testimoniar nuestro agradecimiento y nuestra lealtad.

En la visita que mañana realizaremos a Bueño, con motivo de la entrega del premio al «Pueblo ejemplar», tendréis ocasión de comprobar, una vez más, Altezas, cuán hondo han calado en nuestra tierra Vuestra figura y cuánto afecto os manifiestan al recibiros.

Majestad,

La Corona de España ha amparado a la Fundación desde sus inicios mismos. Nos habéis acompañado siempre con la misma ilusión e interés y Vuestra presencia en las ceremonias de entrega de nuestros Premios constituye ya una tradición que todos valoramos mucho. Os reiteramos por ello nuestra gratitud, con el ruego de que trasladéis, también a S.M. el Rey, nuestro respeto y nuestro testimonio de lealtad.

A lo largo de los últimos doce meses la Fundación ha continuado reforzando sus otras actividades tradicionales. Los cursos de verano de la Escuela Internacional de Música continúan teniendo una excelente acogida y el Coro de la Fundación ha desarrollado una actuación destacada dentro y fuera de España.

En el ámbito institucional, ha tenido lugar un cambio en la Presidencia del Principado de Asturias y, por ello, en la Vicepresidencia de Honor de la Fundación. Quiero, con este motivo, saludar a D. Javier Fernández, quien ha colaborado ya directamente con nuestra Fundación al presidir el jurado del Premio de la Concordia y agradecer al presidente saliente, D. Francisco Álvarez-Cascos, todo el apoyo que nos ha prestado durante su mandato.

Altezas,

La Fundación continúa su andadura, bajo vuestra tutela, orientada hacia una tarea que resulta de especial trascendencia en momentos difíciles como los que ahora vivimos.

Nuestra premiada de las Ciencias Sociales, Martha Nussbaum, ha desarrollado con inteligencia en su obra el concepto que denomina «fragilidad del bien», concluyendo que sólo mediante el coraje personal, el compromiso y la solidaridad pueden soslayarse las inquietudes y las amenazas que afectan a nuestras sociedades.

Quisiera resaltar que son estas ideas, estos valores y su proyección universal en los que la Fundación Príncipe de Asturias continuará asentando su trabajo al servicio de todos.

Muchas gracias.

Martha C. Nussbaum, Premio «Príncipe de Asturias» de Ciencias Sociales

Me siento conmovida y humildemente honrada por esta distinción, que fue toda una sorpresa para mí. Les debo a todos ustedes, y a toda la gente de Asturias, mi más afectuosa gratitud por este reconocimiento. Hay algo verdaderamente sorprendente en este Premio, y a ello quiero dedicar mi breve discurso. Lo sorprendente es que estoy recibiendo el Premio de Ciencias Sociales y, sin embargo, yo provengo de las Humanidades, soy una filósofa que ha trabajado no sólo en la filosofía política, sino también en la naturaleza de las emociones y de la imaginación y en el problema de la interdependencia y vulnerabilidad humanas, a menudo recurriendo a obras literarias y musicales para dilucidar estas cuestiones. No obstante, no creo que sea erróneo clasificar mis contribuciones dentro de las Ciencias Sociales.

Lo que he hecho a lo largo de los años es desarrollar (en colaboración con economistas) lo que se conoce como el enfoque del desarrollo humano, o el enfoque de las capacidades. Se trata de un enfoque que sostiene que el crecimiento económico, medido por el PIB per cápita, no es suficiente para evaluar la calidad de vida nacional ya que realmente no capta qué es lo que la gente está luchando por conseguir. El enfoque del PIB hace caso omiso a la distribución, por lo que puede dar una alta calificación a naciones que guardan alarmantes desigualdades de oportunidades. E ignora además el hecho de que una vida humana próspera tiene muchas partes que varían unas de otras independientemente, e independientemente, también, del crecimiento económico regional o nacional. Una nación puede tener un alto crecimiento sin libertad política o religiosa; pero la gente desea tener una voz sobre su vida política y moral. Una nación también puede crecer bien sin una distribución adecuada de las oportunidades de educación, de asistencia sanitaria o de la preservación básica de la integración corporal -como muestra con tanta claridad mi próspero país, con sus luchas sobre la educación y la asistencia sanitaria y su historial lamentable de violencia de género-. Lo que nosotros hemos estado defendiendo, entonces, es que la medida correcta de desarrollo se focaliza en las personas, es sensible a la distribución, y es pural; refleja el hecho de que la gente no lucha por la renta nacional, lucha por una vida con sentido para ellos mismos. Al desarrollar una lista de las capacidades humanas centrales, que afirmo son los requisitos mínimos de una vida conforme a la dignidad humana, he tratado de dar cuerpo a estas ideas y de sugerir algunas metas concretas para todas las naciones.

Creo que este trabajo es, sin duda, una construcción a las Ciencias Sociales y a la economía del desarrollo, en particular. Con frecuencia la economía se centra de forma restringida en el crecimiento; pero en el fondo se trata de una disciplina normativa enfocada en las personas, y precisa lo que tenía en sus inicios, el «input» de la filosofía, para articular los objetivos de una buena sociedad para que sea sensible a las personas.

La importancia que tiene la filosofía para la economía sugiere algo más, lo que constituye otro tema de mi trabajo: necesitamos una educación bien fundada en las humanidades para realizar el potencial de las sociedades que luchan por la justicia. Las humanidades nos proporcionan no sólo conocimientos sobre nosotros mismos y sobre los demás, sino que nos hacen reflexionar sobre la vulnerabilidad humana y la aspiración de todo individuo a la justicia, y nos evitarían utilizar pasivamente un concepto técnico, no relacionado con la persona, para definir cuáles son los objetivos de una determinada sociedad. No me parece excesivo afirmar que el florecimiento humano requiere el florecimiento de las disciplinas de humanidades. Por lo tanto, agradezco que la Fundación Príncipe de Asturias haya reconocido a las humanidades como una parte importante del pensamiento social para el futuro.

Rafael Moneo, Premio «Príncipe de Asturias» de las Artes

¿Cómo decirles lo honrado y lo sorprendido que me sentí al conocer que se me había concedido el premio «Príncipe de Asturias» de las Artes? Honrado como arquitecto, al ver que una vez más se reconocía cuánto nuestro trabajo no es ajeno a aquel que hacen pintores, escultores, músicos, cineastas, fotógrafos... y tantos otros que contribuyen a configurar el mundo en que vivimos. Sorprendido, al ver que quienes componían el jurado valoraban la obra de un arquitecto que ha dedicado su vida profesional a la construcción de muy diversos edificios y también a la enseñanza de la arquitectura, a compartir con los estudiantes el interés por ella. Y mi gratitud hacia el jurado se desbordó al leer que entendían que mi obra «enriquecía los espacios urbanos con una arquitectura serena y pulcra». ¡Cuánto desearía que así fuese!

Hubo un tiempo en el que construir no implicaba la presencia del arquitecto. El oficio del arquitecto no había hecho su aparición todavía. Construir era un actividad más entre las muchas que reclamaba la supervivencia. Pero la forzosa especialización que acompañó a la evolución de la especie humana pronto dio paso a quehaceres concretos ligados a la construcción que culminaron con la aparición del arquitecto. Y puede que sea la memoria de aquel remotísimo pasado la que esté detrás del instinto constructor que hoy alienta todavía en nosotros. La expresión popular «todos llevamos un arquitecto» vendría a confirmar lo dicho. Junto a esta innata atracción por la construcción hay, en el uso que hoy hacemos del término, un entendimiento de lo que es la profesión que se fraguó en el Renacimiento. El arquitecto como quien, dominando el dibujo, lo que los italianos entonces llamaban «disegno», era capaz de dar forma a lo construido. El término italiano se trasladó más tarde al «design» sajón y al castellano «diseño», asumiendo que quien lo practica domina tanto el conocimiento de las técnicas como la capacidad de dar expresión al pálpito estético de un determinado momento. Hoy el arquitecto como técnico parece haber perdido terreno y la componente artística que siempre ha acompañado a nuestro oficio prevalece frente a la tecnológica. El arquitecto, como responsable tan sólo de la imagen, de la apariencia con la que los edificios se nos presentan. En tal situación nos encontramos.

Quisiera que los arquitectos –y al decir arquitectos pienso en los que vienen—, sin olvidar cuánto en lo que construyen depositan los mortales su idea de lo que el mundo es, mantuviesen, al cumplir con su misión, viva toda aquella necesaria racionalidad que implica la supervivencia. Que el arquitecto continuase involucrado en la construcción, conociendo y entendiendo de aquellos aspectos formales y estructurales que determinan lo que los edificios son.

Que los arquitectos hiciesen de la fábrica de la ciudad la razón de ser de su profesión. Una ciudad que hace que nuestro trabajo vaya más allá de lo estrictamente personal, ya que en él se produce inevitablemente la interesección entre lo público y lo privado.

Cuando hoy me encuentro recibiendo el premio «Príncipe de Asturias» en mi condición de arquitecto, debo decir cuán profundamente agradecido estoy a mi profesión. Que me ha hecho vivir indagando continuamente cuáles son las razones que explican la forma de todo aquello que nos rodea. La forma del paisaje, de los campos cultivados, de los puentes que nos ayudan a cruzar los ríos, de los artefactos mecánicos de que nos servimos, de los objetos de uso cotidiano, de los trajes con los que nos cubrimos, de las obras de arte que nos dicen quiénes somos y, naturalmente, de los edificios y elementos con los que se construyen las ciudades.

Ver el mundo con los ojos del arquitecto es algo que, llegado a estas alturas de mi vida, celebro muy de veras, ya que me ha hecho mirar a las cosas con curiosa atención y contemplar el pasado como algo no muy diverso del presente.

Y éste mi agradecimiento debería extenderlo a quienes han estado a mi lado. A mi familia, a mi madre, que de haber vivido unos años más se hubiera sentido tan contenta hoy, y a mi padre, que me empujó a iniciarme en la arquitectura; a mi mujer, Belén Feduchi, y a mis hijas, Belén, Teresa y Clara, que han estado siempre a mi lado y sin cuya generosa ayuda no hubiese podido llevar a cabo mi trabajo. A los muchos estudiantes y colegas con quienes he compartido el amor por la arquitectura; a quienes han colaborado conmigo en el estudio. Esta distinción es también, sin duda alguna, para ellos.

Por último, quisiera manifestar mi profunda gratitud al jurado, que en momentos tan duros para quienes trabajan en esta profesión en España ha querido abrir, con esta distinción a mi persona, una ventana a la esperanza.

Philip Roth, Premio «Príncipe de Asturias» de las Letras

  • Texto leído por Alan Solomont, embajador de los Estados Unidos de América en España

Siento no poder estar presente en la ceremonia de entrega de los Premios. A finales de la primavera pasada me sometí a una operación de columna vertebral de la que todavía me estoy recuperando. Ahora mismo me es imposible viajar y lo será durante algunos meses más.

Sin embargo, estoy, por supuesto, encantado de recibir su Premio. Asimismo, estoy sorprendido, como es natural, de que una eminente institución extranjera se fije en la obra de uno. Soy un escritor estadounidense. La historia de los Estados Unidos, las vidas estadounidenses, los lugares estadounidenses, los dilemas estadounidenses -la confusión, las expectativas, el desconcierto y la angustia estadounidenses- constituyen mi temática, como lo fueron para mis predecesores estadounidenses durante más de dos siglos. El habla estadounidense es mi argot. Si me detengo a pensar en público, el público en el que pienso es el público estadounidense.

Por lo tanto, me ha dejado realmente sorprendido enterarme de que el público español también se haya fijado en mí -y lo que es más, un público español agradecido. ¿Qué pueden significar mis historias estadounidenses para los lectores españoles? ¿Cómo puede mi retrato de la vida de los estadounidenses en novelas mías como Pastoral americana, Me casé con un comunista o La mancha humana competir con la representación estereotipada, excesivamente simplificada de los Estados Unidos que nubla la percepción de mis país en casi todas partes? ¿Puede una obra de ficción estadounidense -escrita por mí o por doquiera de mis más que dotados contemporáneos- penetrar en una mitología de los Estados Unidos, que está arraigada, en tantos ámbitos, en una acérrima animadversión política?

Me imagino que la concesión de este premio -así como su concesión varios años atrás a mi amigo estadonidense Paul Auster- sugiere una esperanzadora respuesta afirmativa. Sí, una obra de ficción estadonidense seria es, efectivamente, capaz de atravesar la ignorancia, la mentira y la superstición sin sentido que generalmente se combinan para manter a raya la enorme densidad de la verdedera realidad estadounidense.

«¡Mira», puedo decirme ahora, «hay algún lugar donde he conseguido hacerme comprender!»,

Y si ése fuera el caso, nada me haría más feliz.

Peter Maurer, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja, Premio «Príncipe de Asturias» de Cooperación Internacional

Junto con mi amigo y colega Tadateru Konoé, de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna, me siento honrado de aceptar este premio en nombre del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Me gustaría dedicar el premio a los empleados y voluntarios del Movimiento que han perdido la vida en los últimos meses tratando de salvar la vida de otros.

En Pakistán, Yemen y Siria, por mencionar sólo unos pocos lugares, hemos sufrido pérdidas que son trágicas por dos razones: en primer lugar, porque personas desinteresadas y de talento nos fueron arrebatadas demasiado pronto. Y, en segundo lugar, porque cientos, quizá miles de personas, se encuentran ahora sin ayuda como resultado de estas trágicas pérdidas.

Por tanto, pido a todas las fuerzas armadas y todos los grupos armados, políticos y líderes locales que permitan realizar sus tareas de forma segura no sólo a los trabajadores de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, sino a todos los que tratan de aliviar el sufrimiento humano de forma imparcial. En particular, las enfermeras locales, los paramédicos y los médicos deben poder llevar a cabo su labor neutral e imparcial libre de presiones y libre de ataques.

Eso es lo que preciso para preservar un cierto de grado de humanidad en caso de desastre.

Gracias.

Taderu Konoé, presidente de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Premio «Príncipe de Asturias» de Cooperación Internacional

Es un gran honor aceptar este premio en nombre del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja junto con mi amigo el Sr. Peter Maurer, presidente del CICR. Gracias, Sr. Maurer, por dedicar el premio a los valientes voluntarios y empleados de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja que han muerto este año en cumplimiento de su deber humanitario. Su entrega jamás será olvidada.

El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja constituye la mayor red humanitaria del mundo que encarna, a diario, el poder de nuestra humanidad. En el corazón del Movimiento están los más de trece millones de voluntarios activos que proporcionan servicios que salvan y cambian vidas en comunidades en todo el mundo. Frente a las guerras, los desastres, la pobreza, la violencia, la exclusión o la estigmatización, demuestran a través de sus acciones que todos podemos ser parte de la solución cuando se trata de mejorar la vida de las personas más vulnerables, y hacer de este mundo un mundo mejor.

Les agradezco sinceramente el reconocimiento de nuestros servicios y su apoyo a los mismos.

S.A.R. el Príncipe de Asturias

La Princesa y Yo nos sentimos honrados y dichosos, pues regresamos a nuestra querida Asturias, a esta cita anual de los premios en Oviedo, para celebrar el triunfo de la inteligencia, para reconocer el trabajo bien hecho, para ensalzar la generosidad y el altruismo, para proclamar que nuestros galardonados son un ejemplo para todos.

Porque creemos que quienes dedican su trabajo y su tiempo a la búsqueda de la verdad y de la belleza nos ayudan a encontrar caminos para avanzar hacia el futuro; porque sabemos que la obra de quienes anteponen la ética y el compromiso a cualquier deseo banal y el bienestar común al propio nos impulsa hacia esa vida más completa, más digna y mejor que anhelamos para todos. Nuestros premiados nos ayudan a mantener viva la esperanza; y en esta tarde de otoño -que es también una tarde de luz- refuerzan, una vez más, nuestra confianza en los nobles valores del espíritu humano.

Nuestra Fundación no es ajena a los desafíos y dificultades actuales. Ni puede ni quiere serlo. Por ello esta ceremonia tiene un significado tan especial. Porque, aunque sea por unas horas, tenemos con nosotros a quienes encarnan todo aquello que admiramos; y podemos expresarles cómo su ejemplo nos ayuda, nos alienta y nos reconforta.

En el año en el que España celebra el bicentenario de la Constitución de Cádiz, el primer texto constitucional con el que se inicia el tránsito a la modernidad en nuestro país, la lección de patriotismo de sus artífices, españoles -como se ha dicho- de ambos hemisferios, y el ejemplo de superación del pueblo español en aquel trance histórico son, asimismo, una gratificante fuente de inspiración para todos. Además nos llena de orgullo saber que aquel texto supuso una gran aportación al constitucionalismo y a la libertad sobre todo en América y en Europa.

Esta es una jornada para la gratitud. Gratitud hacia nuestros galardonados, por todo lo que representan de excelso. Y gratitud hacia quienes con su generosidad nos permiten seguir llevando a cabo nuestra tarea con la ilusión intacta: nuestros patronos y protectores, los jurados, los medios de comunicación y tantas personas que comparten con nosotros su entusiasmo, su admiración y el respeto por la obra de los premiados, protagonistas de esta ceremonia. Saludamos, además y muy especialmente, a los cientos de voluntarios de Cruz Roja y de los Bancos de Alimentos que nos acompañan hoy en Oviedo.

A cada uno de los galardonados, quiero darles mi enhorabuena más sincera y dedicarles ahora mis palabras.

1- El arquitecto español Rafael Moneo ha recibido el Premio de las Artes. Su nombre se une así al de otros insignes compañeros suyos de profesión premiados en ediciones anteriores, entre los que se encuentra quien fuera uno de sus maestros, Francisco Javier Sáenz de Oiza, navarro como el, al que estamos seguros que hoy recordará Moneo con especial emoción, como también hacemos nosotros.

Rafael Moneo trabaja con la lucidez e inteligencia de quien es plenamente consciente de que su labor puede y debe mejorar la vida de sus semejantes. No es ajena a esta actitud su vocación académica, su convicción de que la práctica de la arquitectura tiene que dialogar con la enseñanza y la reflexión intelectual. Todo ello se traduce en su destacada labor de magisterio, sobre todo en España y en Estados Unidos, en cuya Universidad de Harvard fue decano del Departamento de Arquitectura.

El Museo Romano de Mérida, el Kursaal de San Sebastián, la ampliación del Museo del Prado, así como otros destacados proyectos internacionales, son ejemplos sublimes de su extraordinario talento. Son obras que ha sabido integrar magistralmente en la evolución histórica de la ciudad y en el paisaje urbano.

Afirma Rafael Moneo que esto es lo máximo a lo que puede aspirar una obra de arquitectura. Y algo que, enunciado así, parece fácil y simple, sin embargo, es una de las características más relevantes y difíciles de encontrar en los grandes proyectos arquitectónicos.

2- La filósofa estadounidense Martha Nussbaum ha sido galardonada con el Premio de Ciencias Sociales por su contribución a las humanidades, a la filosofía del derecho y a la ciencia política. Sus reflexiones abarcan multitud de temas tan diversos como las cuestiones de género, religión, desarrollo internacional, educación o teoría de la justicia social; todas con su conocido «enfoque de las capacidades».

El hilo conductor de su pensamiento es la vulnerabilidad humana: Por ello, Nussbaum estudia cómo potenciar sentimientos y emociones positivas como la amistad y el amor e intentar acabar para siempre con otras negativas como la violencia, pues se muestra convencida de que es posible que los seres humanos nos pongamos de acuerdo sobre un conjunto de principios éticos universales pese a nuestras diferentes maneras de entender qué es el bien.

Martha Nussbaum, brillante helenista, admiradora y estudiosa de la filosofía socrática y aristotélica, ha reflexionado también sobre el proceso de degeneración de la educación, sobre ese «encogimiento del alma», como con sugerente expresión lo calificó Rabindranath Tagore. Nos advierte constantemente de la pobreza intelectual y ética que el abandono del estudio de las humanidades acarrea y nos exhorta a seguir trabajando para evitar los males inherentes a él.

En este mismo foro hemos escuchado a nuestros galardonados llamar la atención muchas veces sobre esta cuestión, sobre la urgencia de velar por la protección y el desarrollo de los estudios humanísticos como el mejor camino para alejar de nosotros la ignorancia, el desprecio y el olvido de nuestro pasado. Sin embargo, seguimos sintiendo cómo perdemos, apenas sin darnos cuenta, el inmenso caudal de sabiduría que contienen dichos estudios, y cómo, por desgracia, se difuminan los contornos de la auténtica formación de los seres humanos. Recordemos, no sin cierto estremecimiento, aquella pregunta que se hacía Thomas Eliot:

«¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento?. ¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en la información?».

Hoy reconocemos la grandeza y solidez del pensamiento y de la obra de Martha Nussbaum y le agradecemos su tenaz defensa de aquello que nos hace, en definitiva, más libres.

3- Shigeru Miyamoto, que ha recibido el Premio de Comunicación y Humanidades, es uno de los más distinguidos representantes de ese arte gráfico japonés que en las últimas décadas ha conquistado el mundo a través de los dibujos animados, el cómic -los famosos manga- y los videojuegos. Este último es el campo de Miyamoto, autor, entre otras, de dos series de videojuegos -La leyenda de Zelda y Super Mario- con los que han jugado y juegan millones de niños, adolescentes y también adultos en todo el planeta. Él ha declarado, al conocer la noticia de su galardón, que su sueño es seguir ofreciendo con su trabajo diversión y alegría a personas de todas las generaciones en todo el mundo.

Pero, ¿cuál es el secreto de este éxito verdaderamente mundial? Se diría que el talento de Miyamoto consiste en fundir elementos occidentales y orientales en sus videojuegos en una síntesis que resulta atractiva para jóvenes de todas las culturas. También recoge en su obra la tradición literaria japonesa de la figura del niño-héroe, como Link, el protagonista de La leyenda de Zelda, con quien pueden identificarse todos los niños del mundo.

Digna de elogio es, asimismo, la capacidad de los videojuegos de Miyamoto para provocar emociones y sentimientos positivos en los jugadores y también el aspecto educativo de sus creaciones, que huyen siempre de la violencia, pues con ellas se aprende a cumplir las reglas del juego, a alcanzar objetivos, a respetar al rival y se desarrolla la creatividad, la iniciativa y la inteligencia. Deseamos que siga creando con el mismo entusiasmo, aportando ese carácter vital y lleno de energía con el que consigue acercarnos a todos, como es su propósito, en la diversión y en la alegría.

4- El biólogo británico Sir Gregory Winter y el patólogo estadounidense Richard Alan Lerner han obtenido el Premio de Investigación Científica y Técnica por sus contribuciones decisivas en el campo de la Inmunología, que han hecho posible la obtención de anticuerpos de gran valor terapéutico. Sus trabajos ilustran las posibilidades inmensas de la Biotecnología actual para intervenir en células y materiales biológicos, modificando sus capacidades y encauzando su actividad hacia aplicaciones de gran utilidad.

Sir Gregory Winter ha descubierto que es posible obtener anticuerpos en células de animales modificadas, de manera que se comporten como anticuerpos capaces de funcionar, sin rechazo, en el organismo humano. El Dr. Richard Lerner, fascinado también por la inmensa variedad de los anticuerpos que nuestro organismo puede producir, ha concebido y diseñado nuevas posibilidades para manejarla, e incluso, para ampliarla en el tubo de ensayo. El procedimiento que ha desarrollado permite aumentar el repertorio de anticuerpos naturales, creando lo que se llama «bibliotecas combinatorias de anticuerpos».

Nosotros somos testigos a diario de las extraordinarias consecuencias prácticas del trabajo de los doctores Winter y Lerner: un mejor diagnóstico y un tratamiento más eficaz de las muchas enfermedades que todavía aquejan a la humanidad. Gracias a la inteligencia, la vocación y el compromiso de quienes, como ellos, dedican su vida al avance del conocimiento, mejoramos la calidad de nuestra vida.

5- Del mismo modo, agradecemos al escritor estadounidense Philip Roth, que ha recibido el Premio de las Letras, la experiencia única e irrepetible que nos proporciona la lectura de sus novelas, el cúmulo incesante de sensaciones y de ideas con las que construye sus historias, el penetrante análisis que hace de la realidad y el viaje en el tiempo en el que nos embarcamos con sus obras hacia tantos sueños cumplidos y tantas utopías fracasadas con los que está construida la historia de su país y de su ciudad natal, Newark.

Utilizando en muchas ocasiones la ironía, Philip Roth interpreta y desmenuza con sorprendente capacidad y con gran valentía los usos y costumbres sociales y la manera de relacionarse y de actuar de los seres humanos, en particular, de los judíos americanos. Reflexiona, también de forma inteligente y lúcida, sobre la muerte, el desastre, el sexo, el caos, con una prosa sugerente, de gran perfección lingüística y efectividad emocional. Novelas como El lamento de Portnoy, Pastoral americana o Némesis, por citar solo algunas, son obras maestras por las que Philip Roth será siempre reconocido como uno de los más grandes escritores norteamericanos, un maestro admirado en todo el mundo.

6- El Premio de Cooperación Internacional ha sido otorgado al Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. De inmediato pensamos en los millones de voluntarios que colaboran con él y que, como hacen a diario, también esta tarde sentirán el orgullo de pertenecer a una de las redes humanitarias más prestigiosas del mundo.

Es una labor gigantesca la que la Cruz Roja y la Media Luna Roja llevan a cabo: prevenir y aliviar el sufrimiento humano, proteger la vida y la salud y hacer respetar la dignidad de las personas, especialmente en tiempos de conflicto armado y en situaciones de crisis y de necesidad en cualquier lugar del planeta. Hermosos son, además, los principios por los que se rige el Movimiento: humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad. Desde hace casi 150 años, la Cruz Roja y la Media Luna Roja trabajan para que brille la solidaridad en el mundo, con vocación de servicio público, de una forma desinteresada y profundamente generosa.

La tarea de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja se apoya sobre la entrega altruista de tantas personas que ayudan y asisten a los más desfavorecidos, a los más necesitados, a los más vulnerables. En España, donde más de 200 mil voluntarios mantienen viva la labor de esta organización, podemos sentirnos especialmente orgullosos de ayudar a mantener los niveles de eficacia y de entrega de la Cruz Roja internacional, aportando el espíritu solidario que caracteriza a nuestra sociedad y que hoy nos gustaría destacar de manera especial.

7- La ejemplaridad brilla, asimismo, en nuestros galardonados con el Premio de los Deportes, los futbolistas Iker Casillas y Xavi Hernández. Ambos simbolizan, en palabras del jurado, «los valores de la amistad y el compañerismo más allá de la máxima rivalidad de sus respectivos equipos». Son un modelo para los jóvenes por su deportividad y buen juego, sin duda; pero también por su actitud conciliadora y por esa amistad de años que ha sido destacada con motivo de la concesión de este premio como un valor añadido fundamental a sus importantes éxitos deportivos. En definitiva, premiamos en Iker y Xavi la grandeza de espíritu, la excelencia personal, además de la profesional.

Todos estos valores redundan en beneficio del deporte. Sabemos que son inherentes a las competiciones deportivas la rivalidad, la ambición, la competitividad, los deseos de ganar al contrincante, de conseguir más medallas, más trofeos, más triunfos que los demás. Pero, precisamente por ello, es tan destacable comprobar cómo toda esa rivalidad y lucha deportiva se puede dar compartiendo una profunda amistad. Porque la amistad es afecto, sinceridad, comprensión, ayuda y colaboración. Ahí radica la grandeza del ejemplo de Íker y de Xavi, de Xavi y de Íker; en su elevado nivel de humanidad, en la altura de sus sentimientos, que hoy reconocemos.

Ellos, de alguna forma, también representan hoy aquí a todos los que en el mundo del deporte cultivan estos valores humanos, fomentan la convivencia y la solidaridad y administran con prudencia el éxito y la fama.

8- Escribió el poeta alemán Goethe: «La civilización es un permanente ejercicio en el respeto. El respeto a lo divino, a la Tierra, al prójimo y, por ende, a nuestra propia dignidad». Así, con un enorme respeto por los seres humanos y por su dignidad, trabaja la Federación Española de Bancos de Alimentos, que ha recibido el Premio de la Concordia: ofreciéndonos un extraordinario ejemplo de qué es civilización, un permanente ejemplo de justicia.

Hemos destacado ya, al hablar del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, el espíritu solidario que caracteriza a la sociedad española y cómo, en momentos de especial dificultad, se hace más valioso y más necesario que nunca. Lo mismo sucede con los Bancos de Alimentos. Su labor, tenaz y respetuosa con la necesidad de tantas personas, debe ser para todos un motivo de orgullo pero también una ocasión única para la reflexión sobre las carencias y dificultades enormes de tantos españoles.

Todos ellos saben que siempre pueden contar con los voluntarios de los bancos de alimentos que son además, en una gran mayoría, personas ya jubiladas; personas que entregan su tiempo y su esfuerzo para aliviar la necesidad ajena, para proporcionar consuelo a los que están sufriendo de manera especialmente dura la crisis económica. Lo hacen además velando porque se cumplan escrupulosamente las bases de gratuidad, justicia en la distribución, transparencia y promoción de la solidaridad y de la cohesión social, sobre las que se cimenta su actividad.

El sueño de sus responsables es que los bancos de alimentos dejen algún día de ser una necesidad social. Y al repetirlo aquí nos gustaría que la grandeza de ese sueño y la lección de su obra sean asumidas por todos.

Señoras y señores:

Llega a su fin esta ceremonia de homenaje a la ejemplaridad a la que nuestros premiados han dedicado sus vidas. La Fundación, desde 1981, pretende -como hoy- que las obras que más enaltecen a los seres humanos y sus sentimientos más nobles se ofrezcan desde Asturias a toda España; y que la voz de nuestros premiados suene con fuerza en este Teatro para que sean referencia y guía, especialmente en los tiempos que vivimos.

Son tiempos extraordinariamente complejos y difíciles, sin duda. Pero no quisiera clausurar este acto sin afirmar también que son tiempos de mirar hacia el futuro con esperanza y con responsabilidad, tiempos para la convivencia.

Y en ellos, nuestros representantes políticos tienen legítimamente la gran tarea de encauzar y dar respuesta a los graves problemas que vivimos, especialmente a los derivados de la crisis económica. No cabe mayor exigencia de compromiso y responsabilidad de los poderes públicos ante los ciudadanos. Los sacrificios que están haciendo tantos españoles, la grave preocupación e incertidumbre de otros muchos por su futuro, acentúan aún más ese deber de todas las instituciones del Estado de servir a los ciudadanos, de animar su vitalidad y confianza, atendiendo en todo momento a los intereses generales y teniendo como norte su bienestar.

Afrontar las adversidades requiere también un compromiso de todos; un espíritu de colaboración compartido. Sabemos que el pesimismo, la resignación o el desaliento no nos acercan a la solución; y sé que no es nada fácil para muchos ciudadanos mantener alto el ánimo. Pero aun así necesitamos promover y alentar una conciencia social que valore lo mucho que tenemos de positivo, que reconozca nuestras capacidades y fortalezas, potencie nuestra autoestima, y nos ayude a proyectar una buena imagen de nuestro país; que alimente, en definitiva, la esperanza del conjunto de los ciudadanos.

La crisis económica actual nos obliga, además, a una reflexión rigurosa orientada a que ese espíritu colectivo recupere, también, valores extraviados en los últimos tiempos, aunque nunca definitivamente perdidos. Hoy, aquí mismo, nos hemos acercado a los ejemplos de generosidad, integridad, esfuerzo y excelencia que representan nuestros premiados. Son valores que dignifican a las personas y a sus obras. Son valores permanentes para nuestra sociedad, pues, como afirma nuestro Premio Príncipe de Asturias Tzvetan Todorov (2008), «La ética es la mejor herramienta para proteger la riqueza de las naciones, su creatividad, sus peculiaridades y su capital social».

Señoras y señores,

Aun cuando nuestra preocupación prioritaria sea la crisis económica y cómo salir de ella, no debemos dejar de pensar también en la España que queremos en este siglo XXI.

Estamos viviendo, desde hace años, cambios muy profundos que afectan a nuestro modelo de vida, a nuestra economía; incluso a la propia evolución política de Europa. Vivimos en una sociedad que acelera el tiempo y acorta las distancias; que hace de la transformación y el cambio la norma, la regla general; y que está dando lugar a un nuevo escenario de mayor complejidad para todos. Y debemos asumir que todo ello exige nuevas mentalidades y nuevas actitudes, nuevos comportamientos individuales y colectivos; exige elevar la mirada y ampliar nuestro horizonte hacia el futuro, con una mente abierta, con valentía y con ambición de avanzar y de estar en vanguardia; cultivando siempre, como dice nuestra premiada Martha Nussbaum, la capacidad de reflexión y el pensamiento crítico.

Los españoles tenemos ante nosotros, en estos momentos, nuevos objetivos comunes en los que trabajar unidos, concentrando toda nuestra energía para llevar a España por el camino del s. XXI: que será, más que nunca, el siglo del conocimiento, la ciencia, y las nuevas tecnologías; de la innovación, la comunicación y la creatividad; también el siglo de un humanismo renovado.

Esos objetivos implican grandes retos en un contexto internacional en el cual tenemos que ser conscientes de que, como respuesta a la imparable interdependencia, el mundo avanzará cada vez más hacia una mayor integración política y económica. Necesitaremos más respuestas globales a los problemas que ya hace tiempo lo son. Esto supone afrontar enormes desafíos que solo podremos superar e influir en ellos a nuestro favor, si todos los españoles colaboramos y caminamos en la misma dirección.

En ese camino también todos conocemos muy bien el valor de la convivencia. Desde el año 1978 millones de españoles hemos sido educados en libertad y democracia; hemos aprendido a expresar nuestras opiniones y a escuchar y valorar ideas distintas a las nuestras; también a resolver nuestras diferencias respetando las leyes en el marco de nuestro Estado de Derecho, que tantos sacrificios nos ha costado alcanzar.

Y a lo largo de estos años de democracia, todos juntos, hemos acumulado un patrimonio extraordinario de libertad, de respeto y de civismo, como nunca antes en nuestra Historia, que debemos cuidar, proteger y -como toda obra humana- acrecentar y perfeccionar.

De esa manera, hemos de seguir construyendo nuestro futuro paso a paso; con un pie firme en el presente y con una decidida voluntad de superar los desencuentros; preservando los afectos y manteniendo vivas las emociones y los sentimientos que compartimos, forjados a través de nuestra larga historia común. Un futuro basado en el respeto y la confianza mutua entre todos los españoles y en el que podamos trabajar cada uno con su propia personalidad y con espíritu constructivo en una empresa común, en un mismo proyecto de convivencia.

Señoras y Señores,

Los españoles vivimos momentos decisivos de nuestra historia. Estamos obligados a dar, cada uno, lo mejor de nosotros mismos. Como Heredero de la Corona, desempeño mis responsabilidades con ilusión, orgullo y plena confianza en nuestro futuro; y procuro -he procurado desde siempre- servir a los intereses generales de España con vocación y espíritu integrador. Es, sin duda, mi obligación, es mi deber; pero es también mi convicción. Es lo que pienso, lo que siento y en lo que creo.

Muchas gracias.

Fuente: Fundación Príncipe de Asturias - EuroWeb Media, SL


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