Ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2011


Oviedo › Comarca de Oviedo › Centro › Montaña › Asturias › España


  

Teléfono/s: 985 258 755


Fotos  Contactar  Ruta GPS  


  • Fecha de celebración: viernes 22 de octubre de 2010.
  • Lugar de celebración: Teatro Campoamor, de la ciudad de Oviedo, capital de la comunidad autónoma del Principado de Asturias.
La solemne ceremonia de entrega de los premios Príncipe de Asturias en su trigésimo primera edición duró unos 90 minutos. Hacia las 6.30 horas de la tarde comenzó la misma, tras todo un acontecimiento popular: el desfile de invitados, autoridades (la reina doña Sofía, doña Letizia y don Felipe, el presidente del Principado de Asturias...), galardonados y otras personalidades hasta las puertas del Campoamor, seguido por numeroso público que, situado en puntos estratégicos del recorrido (entorno del hotel La Reconquista, calles Uría y Toreno, plazas de la Escandalera y del propio teatro), los aplaudió a su paso.

Durante el acto de entrega de estos galardones, en el escenario del Teatro Campoamor de Oviedo predomina el color azul, representativo de la Fundación. El suelo se decora con una moqueta sobre cuyo fondo destaca el escudo de la institución, en color amarillo. Sobre la cortina del fondo se muestra el escudo de la Fundación y bajo él se puede leer «Premios Príncipe de Asturias».

El departamento de protocolo de la Fundación designa la ubicación de las distintas personalidades que ocupan el escenario. La mesa presidencial, desde el matrimonio de Su Alteza Real el Príncipe Felipe en 2004, está ocupada por SS.AA.RR. los Príncipes de Asturias. A la derecha, el presidente del Principado de Asturias, don Francisco Álvarez-Cascos Fernández y a la izquierda, el presidente de la Fundación, don Matías Rodríguez Inciarte. Las banderas de España, del Principado de Asturias y de la Unión Europea escoltan ambos lados de la mesa. S.M. la Reina Doña Sofía suele presenciar la ceremonia desde el palco real, en el primer piso del teatro. A la izquierda del escenario se sitúan los galardonados y tras ellos, las banderas de sus países de procedencia. A la derecha, diversos miembros de la Fundación, presidentes de los distintos jurados, embajadores en España de los países de origen de los galardonados, ministros del Gobierno, anteriores galardonados y otras autoridades. También a la derecha y al fondo está la tribuna de prensa, preparada para que los reporteros gráficos de los distintos medios de comunicación puedan plasmar los momentos más destacados del acto.

La ceremonia de entrega siguió el siguiente esquema: SS.AA.RR. los Príncipes de Asturias, don Felipe y doña Letizia, y la reina doña Sofía hicieron su entrada, sonó el himno nacional interpretado por la Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo y dio comienzo el acto. A continuación, entraron los galardonados a los compases de la obra Two ayres for cornetts and sagbuts, del compositor británico John Adson, interpretada en directo por un conjunto musical integrado por ocho instrumentos de viento metal. Una vez situados todos los premiados en sus lugares correspondientes, el Príncipe cedió la palabra al presidente de la Fundación, quien hizo un balance y resumen de lo que fueron las actividades de la institución durante todo el año. Tras su intervención, se procedió a la entrega de los galardones, con la lectura de un pequeño fragmento de cada una de las actas de concesión. Los galardonados avanzaron desde sus butacas hasta la mesa presidencial para recoger, de manos del Príncipe, el premio correspondiente. Cuatro de los galardonados ofrecieron sus discursos (Leonard Cohen, sin papeles; Arturo Álvarez Buylla, uno de los tres distinguidos en esta edición con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica; Toyohiko Tomioka, uno de los Héroes de Fukushima, y Riccardo Muti) y fue S.A.R. el Príncipe de Asturias, quien cerró el acto con su intervención, considerado desde hace tiempo como el discurso más importante de todos los que pronuncia durante el año. Interpretado el Asturias, patria querida, himno del Principado de Asturias, de nuevo por parte de la Banda de Gaitas, los premiados abandonaron el teatro y se dio por concluida la ceremonia.

El acto de entrega contó con un servicio de traducción simultánea para todo el teatro que incluiyó cinco idiomas. La Fundación distribuyó entre el público 1.600 receptores y los asistentes pudieron escuchar en inglés, francés, italiano y japonés, además de en español, los discursos pronunciados por los galardonados.

DISCURSOS

Por orden de intervención:

Matías Rodríguez Inciarte, presidente de la Fundación Príncipe de Asturias

Majestad, Altezas,

(Premiados, Autoridades, Señoras y señores)

La ciudad de Oviedo y Asturias entera os acogen, un año más, con su generosa hospitalidad en esta celebración de la cultura y de los valores del espíritu humano representados en los Premios que, Altezas, vais a entregar esta tarde. En momentos particularmente difíciles por la situación económica internacional, es esta una ocasión singular para recobrar la confianza en las capacidades del ser humano para hacer frente, con éxito, a cualquier dificultad siempre que se actúe con altura de miras y solidaridad.

Dejó escrito Julián Marías, uno de nuestros más ilustres premiados que: «ni a los individuos ni a los pueblos se les dan regaladas las cosas más valiosas. Es menester imaginarlas, desearlas y conseguirlas, con un esfuerzo continuado».

Nada mejor que estas palabras para enmarcar lo que hoy aquí nos reúne: resaltar y premiar esos esfuerzos individuales o colectivos que han significado pasos adelante hacia un mundo mejor.

Esta es la tarea de nuestra Fundación que hemos desarrollado siempre bajo el liderazgo de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias, profundamente enraizados en esta tierra y con la mirada abierta al mundo. Y hemos trabajado sensibles al significado estimulante que tiene para una sociedad potenciar la creación, la investigación científica y humanística, las actitudes solidarias, en fin, la obra de tantas personas e instituciones dedicadas a hacer el bien y a construir, en beneficio de toda la humanidad, ejemplos y caminos a seguir.

Por todo ello y como Presidente de la Fundación quiero mostrar nuestra gratitud, desde esta tribuna, a quienes nos ayudan a llevar adelante nuestros objetivos: a nuestros patronos y miembros protectores, a los jurados, a los medios de comunicación nacionales e internacionales y a todos los que nos brindan su inestimable apoyo. Unos objetivos tan ambiciosos como los que persigue la Fundación serían imposibles de acometer si no se contara con la generosidad y el compromiso de tantas personas e instituciones que contribuyen a nuestros fines.

Por nuestra parte, tratamos de gestionar con el mayor rigor y eficacia los recursos que tan generosamente se ponen a nuestra disposición.

Durante el pasado año, han tenido lugar cambios en nuestro Patronato. Quiero expresar a quienes han debido dejarlo nuestra profunda gratitud por su valiosa colaboración durante muchos años. Han sido un modelo de entrega generosa y de talento al servicio de la Fundación que queremos resaltar en este acto.

Ha tenido, asimismo, lugar un cambio en la Presidencia del Principado de Asturias y, por ello, en la Vicepresidencia de Honor de la Fundación.

Quiero, con este motivo, agradecer a D. Vicente Álvarez Areces su valioso y permanente apoyo y saludar a D. Francisco Álvarez Cascos, quien siempre ha mostrado su proximidad y afecto por la Fundación. Desde sus actuales responsabilidades, tendrá una vinculación más directa que apreciamos y de la que esperamos mucho.

Debemos asimismo dejar en este acto constancia de nuestro pesar por el fallecimiento de quien fuera nuestro Secretario General, Juan Luis Iglesias. Su incansable trabajo y su ilusionado respaldo e inspiración a nuestra área musical han dejado profunda huella en la Fundación.

Majestad:

Habéis sido testigo, desde su inicio, de la forma en que la Fundación Príncipe de Asturias ha llevado adelante su tarea. Ello no hubiera sido posible sin el permanente impulso y tutela de la Corona y os transmitimos, por ello, nuestro más cálido reconocimiento, con el ruego de que lo trasladéis a Su Majestad el Rey.

Altezas:

Sois los grandes inspiradores de todos los pasos de la Fundación. Siempre hemos contado con vuestro consejo, vuestro apoyo y vuestra ilusionada visión sobre el futuro de la Fundación y os damos muy sinceramente las gracias por ello.

Toda Asturias reconoce en Vuestras Altezas esta singular aportación a tareas que tanto hacen por la proyección, en el mundo, de nuestra región como se pone de manifiesto en la calurosa acogida que, cada año, recibís en toda Asturias, con motivo de los Premios que llevan vuestro nombre.

Tras la entrega mañana, Altezas, del premio al Pueblo Ejemplar, habrá concluido un nuevo curso para la Fundación y empezará la actividad de otro. Trabajaremos para el futuro con la misma determinación de siempre, para que la convocatoria de nuestros galardones sea un éxito y para que nuestros Jurados acierten con una nueva nómina de premiados tan excepcional como la que hoy recibimos en esta solemne ceremonia.

No nos falta ilusión y en este tiempo de incertidumbre y cambios, queremos ver de forma optimista el porvenir, evocando los versos de nuestro premiado de las Letras, Leonard Cohen, al afirmar que «nos negamos a darnos por vencidos y a llamar poesía a la oscuridad».

Muchas gracias.

Leonard Cohen, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011

Majestad,

Altezas,

Excmas. e Ilmas. autoridades,

Premiados,

Señoras y señores:

Es un gran honor estar aquí ante ustedes esta noche, quizás como el gran maestro Riccardo Mutti, no estoy acostumbrado a estar ante un público sin orquesta tras de mí, pero haré lo que pueda en mi desarrollo de esto. Me quedé toda la noche en vela, anoche, pensando qué podía decir aquí, en esta asamblea de distinguidas personas. Y después de comerme todas las barras de chocolate, todos los cacahuetes del minibar, garabateé unas pocas palabras y no creo que me tenga que referir a ellas.

Obviamente estoy muy emocionado por ser reconocido por la Fundación, pero he venido aquí esta noche para expresar otra dimensión de gratitud, creo que puedo hacerlo, en tres o cuatro minutos y lo voy a intentar. Cuando estaba haciendo el equipaje en Los Ángeles para venir para acá estaba un poco inquieto porque siempre he sentido cierta ambigüedad en cuando a la poesía, la poesía viene de un lugar que nadie controla, que nadie conquista. Es difícil aceptar un premio de una actividad que yo no controlo, es decir si supiera de dónde vienen las canciones haría más canciones con mayor frecuencia.

En esa situación de hacer el equipaje para venir, cogí mi guitarra, tengo una guitarra Conde que está hecha en la calle Gabenas, 7, en España. Es un instrumento de hace 40 años más o menos. Lo saqué de la caja, el instrumento, esta guitarra, y era como si estuviera llena de helio, era muy ligera. Y me la puse en la cara, casi, y la miraba con lo bien diseñada que está y olía la fragancia de la madera viva, sabemos que la madera nunca llega a morir. Y oía esa fragancia del cedro, tan fresco como si fuera el primer día cuando compré la guitarra hace 40 años. Y la voz parecía decirme eres un hombre viejo, y no has dado las gracias, no has devuelto tu gratitud a quien la merece, al suelo, a la tierra, con esta fragancia de donde viene esta fragancia, así que vengo hoy, aquí, esta noche, a agradecer al suelo, a la tierra, a este pueblo que me ha dado tanto.

Porque un hombre no es una credencial y un país no es sólo eso, tampoco, una carga, un crédito no es país, en esta fraternidad en la que estoy con el poeta Federico García Lorca, puedo decir que cuando era joven y adolescente y buscaba una voz en mí, estudiaba a los poetas ingleses y conocía bien su obra, y copiaba sus estilos, pero no encontraba mi voz: solamente cuando por fin leí, aunque era una traducción, las obras de Federico García Lorca, fue entonces cuando comprendí que había una voz.

No es que haya copiado su voz, yo no me atrevería a hacer eso, pero me dio permiso para encontrar una voz, para ubicar una voz, es decir, para ubicar el yo, un yo que no está del todo terminado, que lucha por su propia existencia, y conforme me iba haciendo mayor comprendí que las instrucciones venían con esa voz. ¿Qué instrucciones eran ésas? Nunca lamentar, y si queremos, ni siquiera casualmente, ni si queremos expresar la derrota que nos ataca a todos tiene que ser en los confines estrictos de la dignidad y de la belleza. Y por tanto ya había encontrado yo mi voz, pero no tenía el instrumento para expresarla, no tenía una canción.

Y ahora voy a contarles muy brevemente la historia de cómo conseguí mi canción. Porque era un guitarrista indiferente, yo aporreaba la guitarra, sólo sabía unos cuantos acordes, me sentaba con mis amigos, mis colegas, bebíamos y cantábamos canciones, pero en mil años nunca me vi como un músico o como cantante. Pero un día, a principios de los 60, estaba de visita en casa de mi madre en Montreal, que está junto a un parque, y en el parque hay una pista de tenis, y allí va mucha gente a ver a los jóvenes jugadores de tenis disfrutando de su deporte.

Fui a ese parque que conocía de mi infancia y había un joven tocando una guitarra, una guitarra flamenca, y estaba rodeado de dos o tres chicas que estaban escuchándole, y me encantaba como tocaba. Había algo en su manera de tocar que me cautivaba, yo quería tocar así, y yo sabía que nunca sería capaz de tocar así. Así que me senté allí con otras personas que escuchaban durante un rato y luego se hizo un silencio, un silencio muy apropiado, le pregunté que si me daría clases de guitarra.

Sólo podíamos entendernos en un poquito de francés, él no hablaba inglés, y dijo sí, te daré clases de guitarra; le dije, vivo allí, en la casa de mi madre, y quedamos, establecimos el precio de las clases, y vino a la casa de mi madre al día siguiente y dijo, déjame oirte tocar algo, yo intenté tocar algo, y dice: no tienes ni idea de cómo tocar, ¿verdad? Dije: no, la verdad es que no sé tocar. En primer lugar déjame que afine la guitarra, porque está desafinada. Cogió la guitarra, la afinó, y dice: no es una mala guitarra eh, no era la Conde pero no era una guitarra mala. Me la devolvió, y dice: ahora ponte a tocar.

No sabía tocar mejor, la verdad. «Te voy a enseñar algunos acordes». Y cogió la guitarra y produjo un sonido de la guitarra que yo evidentemente nunca habia oído. Y tocó la secuencia de acordes, así, de manera rápida, y dice: ahora hazlo tú, yo no sé hacerlo. «A ver déjame que use yo tus dedos y te digo cómo los tienes que poner», y los puso en el mástil, «y ahora toca». Fue un desastre, evidentemente. Vuelve mañana, me dijo.

Volvió al día siguiente, me puso las manos en la guitarra, la puse en mi regazo, de manera adecuada, con la postura buena, y empecé otra vez, con todos esos seis acordes. Y la provisión de seis cuerdas, muchas canciones flamencas a base de esa provisión de seis acordes, y la verdad es que me sentía mejor ese día. Al tercer día mejoró la cosa. Pero ya sabía los acordes. Y sabía que aunque no podía coordinar los dedos adecuadamente para producir el sonido correcto, la pauta de sonido que él quería, pero sabía los acordes, los sabía muy muy bien. Al día siguiente no vino, no vino.

Yo tenía el número de la pensión en la que estaba quedándose en Montreal y llamé por teléfono para ver por qué no había venido a la cita y me dijeron que se había suicidado, que se había suicidado. Yo no sabía nada de este señor, no sabía de qué parte de España procedía, nada. Desconocía por qué había venido en concreto a la ciudad de Montreal, por qué se quedaba en Montreal en esos momentos, por qué estaba en esa pista de tenis, no tenía ni idea de por qué se había quitado la vida. Estaba muy triste, evidentemente. Pero ahora estoy contando algo que yo nunca había contado nunca en público.

Esos seis acordes. Esa pauta de sonido de la guitarra aquella ha sido la base de todas mis canciones, de toda mi música, y ahora podrán comenzar a entender las dimensiones de la gratitud que yo tengo por este país. Todo lo que han encontrado favorable en mi trabajo, en mi obra, viene de este lugar que les he contado.

Todo lo que ustedes encuentren favorable en mis canciones, en mi poesía están inspiradas por esta tierra, y por tanto les agradezco enormemente esta hospitalidad que me han mostrado y que han mostrado por mi obra, porque es suya, y me han permitido poner mi firma en el final de la última página.

Muchas gracias, señoras y señores.

Arturo Álvarez-Buylla, uno de los galardonados con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2011

Majestad,

Altezas,

Excmas. e Ilmas. autoridades,

Premiados,

Señoras y señores:

Es un verdadero honor estar hoy aquí en compañía de tan admirados colegas y personalidades que han aportado tanto a la humanidad.

De forma sencilla y de manera personal, quisiera describir la gratitud y emoción que siento de estar en este maravilloso rincón de España. Desde niño y en la distancia de mi querido México, mi padre y mi abuelo compartían con nosotros sus recuerdos de su tan añorada Asturias. Historias de prados y montes verdes, de hórreos, de costas escarpadas bañadas por el Cantábrico y, por encima de todo, de gente recta y recia surgida de esta tierra vertical. Sus historias, además, conllevaban un idealismo por el conocimiento, por la cultura, la naturaleza y por parte de mi padre, la ciencia. Por todos estos recuerdos, esta visita asturiana, tiene para mí un relieve muy especial. Combina un reconocimiento a un trabajo que me apasiona y el cariño familiar a esta tierra, donde además de la Regenta de Clarín, se inventaron, entre otras cosas, la fabada y el culín de sidra.

Ante el júbilo del reconocimiento es fácil olvidar el reto al que nos enfrentamos al tratar de entender y reparar el sistema nervioso. Antes de continuar me gustaría hacer una reflexión. La gente por la calle piensa que los premios distinguen a personalidades extraordinarias, fuera de lo común: como dicen en España, unos tíos fuera de serie; sin embargo, al conocer a colaboradores y colegas durante mis años formativos en la UNAM, en la Universidad Rockefeller, y ahora, en la Universidad de California en San Francisco, me doy cuenta de que el mundo de la ciencia está lleno de fueras de serie. Vivimos en una época en la que, si no fuera por el entusiasmo, conocimiento y estímulo de maestros, colaboradores y estudiantes, no sería posible romper la correosa frontera de lo desconocido. De forma que comparto la emoción con mis maestros, colaboradores y alumnos, y de manera muy especial, con un colaborador muy cercano, José Manuel García Verdugo, quien a lo largo de muchos años nos ha acompañado en esta aventura.

Cuando nos asomamos al ocular de un microscopio y vemos resplandecer, como anuncios luminosos, a las células nerviosas, las neuronas, es imposible no asombrarse ante su complejidad, diversidad y extraordinaria belleza. Belleza que cautivó a ese gran científico, escritor, pintor y pensador que fue don Santiago Ramón y Cajal. Hace más de un siglo, infirió correctamente la individualidad celular de las neuronas, que con sus frondosos tentáculos se comunican entre sí, para establecer los circuitos que controlan el comportamiento animal, el alma misma de un ser humano. La pérdida progresiva de estos maravillosos semiconductores biológicos puede desarticular los frágiles circuitos neuronales y desencadenar desequilibrios como los que observamos en enfermedades neurodegenerativas o psiquiátricas.

La identificación de las neuronas como individuos celulares es sólo el primer paso, en un camino muy cuesta arriba, para entender cómo se ensambla, funciona o se deteriora este órgano que llevamos dentro de la cabeza. La verdadera belleza del sistema nervioso está en el contenido de sus colectivos celulares, de sus circuitos neuronales y de lo que éstos son capaces de hacer; por ejemplo: la memoria, la conducta, la percepción, la imaginación, la emoción. Pero no pretendamos que la maravilla cerebral es una cualidad exclusiva del ser humano. La belleza del sistema nervioso se extiende por todo el mundo animal.

Después de un siglo de trabajo intenso, estamos todavía en pañales para entender cómo el cerebro es capaz de tanta maravilla. Me atrevería, sin embargo, a afirmar, que nos encontramos en el umbral de una verdadera revolución conceptual en la neurobiología. La nueva información de los mecanismos de ensamblaje de los circuitos neuronales, estudios moleculares y los estudios funcionales integrales, como el trabajo de Rizzolatti y la identificación de las neuronas espejo, presagian una nueva etapa en la comprensión del cerebro.

Parte de este avance se da también al desechar puntos de vista dogmáticos. Se pensó, por muchos años, que era imposible reemplazar a las células nerviosas. ¿Cómo en un circuito neuronal establecido, que guarda en sus entrañas memorias y códigos pulidos por la experiencia, se pueden reemplazar algunos de sus elementos por novatos sin experiencia? Ya desde la época de Cajal el tema se convirtió en un campo de batalla. Para que esto pudiera suceder eran necesarias células progenitoras que generaran neuronas jóvenes. Estas jovenzuelas además tenían que ser capaces de moverse dentro de la maraña complicadísima que es el cerebro adulto, para llegar a su destino, donde de alguna manera, necesitarían conectarse a un circuito y contribuir a su función. Todo en un sistema nervioso armado y funcionando. Con estos impedimentos no es de extrañar que muchos estudiosos del sistema nervioso predicaran que el nacimiento de nuevas neuronas era simplemente imposible.

Como sucede con frecuencia, la biología nos demostró lo contrario. Todos estos procesos sorprendentes son posibles en un cerebro adulto. Fue, precisamente, el trabajo pionero de Joseph Altman en los años 60 el que dio las primeras evidencias sobre la presencia de nuevas neuronas en algunas regiones en el cerebro adulto.

Un impulso definitivo surge años más tarde del sitio más inesperado, del estudio de los mecanismos del canto en aves. Fernando Nottebohm y colaboradores obtienen en la década de los 80 evidencias electrofisiológicas, anatómicas y de conectividad que dejan poco espacio para la duda. Se trataba de nuevas neuronas que se integraban a los circuitos que controlan el canto de canarios adultos. Los estudios de Altman y Nottebohm dejaron una veta muy fértil para entender cómo todo aquello que se suponía imposible, es en realidad posible. En las décadas siguientes, el estudio de los mecanismos de neurogénesis adulta reveló nuevas formas de migración y orientación neuronal, nuevos mecanismos de integración de neuronas en circuitos neuronales y, un cambio radical de concepto en cuanto al origen mismo de las neuronas.

Una motivación importantísima para nuestro trabajo es la de encontrar nuevas estrategias para la reparación del sistema nervioso. Se piensa que nuevas neuronas es sinónimo de curación de enfermedades neurodegenerativas. La cosa no es tan sencilla. Primero, existen muchos tipos de células nerviosas y sólo unos cuantos son producidos en el adulto. Con frecuencia en las enfermedades neurodegenerativas, las neuronas que mueren corresponden a los cimientos del ensamblaje cerebral, por lo que se hace difícil o imposible su reemplazo. Además, los mecanismos naturales (endógenos) de neurogénesis en el adulto no parecen estar dirigidos a la reparación del cerebro, sino a su plasticidad, a darle un margen de flexibilidad que permita cambiar circuitos de acuerdo al variable medio ambiente. En realidad, muchos de los elementos neuronales se forman en etapas embrionarias y fetales y asombrosamente, perduran trajinando sin parar toda la vida. A pesar de todas estas limitaciones, el proceso de reemplazo neuronal sí que es posible para ciertos tipos de neuronas, lo que nos alienta a continuar explorando mecanismos celulares para la reparación neuronal.

Es impresionante la facilidad con que el humano hace propios y rutinarios los nuevos hallazgos. El conocimiento es solo palpable, para muchos, cuando se reduce a nuevos beneficios tecnológicos: un nuevo medicamento, un teléfono celular, el internet, la aviación, nuevos aparatos de diagnóstico, etc. etc. El conocimiento, sin embargo, tiene otra función muy importante, nos provee de nuevas perspectivas del mundo que nos rodea, es parte de la conciencia individual y colectiva. El conocimiento es como una gran esfera en expansión, vivimos dentro de ella, limitados por la dura frontera de lo desconocido. El avance científico y tecnológico, alcanzado durante el último siglo, hace que muchos jóvenes se sientan abrumados y piensen que todo ya está descubierto. Mi impresión es que lo mejor está por venir; claro, si no acabamos antes con el planeta o marginamos la actividad creativa y la imaginación de los pueblos.

En cuanto a tecnología de punta, los organismos vivos aún nos opacan en sus capacidades: piensen ustedes en la regeneración de extremidades en una salamandra, los viajes oceánicos del albatros o el olfato de un perro. La naturaleza nos muestra siempre su sorprendente tecnología, en unidades que se auto-ensamblan (el enigmático desarrollo embrionario) y se auto-reciclan para integrarse de forma impecable al medio ambiente sin dejar huella de carbón en la atmosfera o cúmulos de desechos que ponen en jaque a este planeta. Cada vez con mayor frecuencia despreciamos y destruimos formas de vida que tienen mucho que enseñarnos. Como seres vivos, nuestro futuro está en la Biología; Tenemos, mucho, muchísimo, que aprender de otros organismos y de nosotros mismos.

En este sentido, la simple promoción del conocimiento con el fomento a la imaginación, la exploración y la creatividad, es lo que hace a los pueblos grandes. Ojalá y el gran salto que ha dado España en el impulso a la ciencia, la cultura y las artes en los últimos 30 años sirva de ejemplo a otros países y en particular a Latinoamérica.

A su Majestad, a los Príncipes de Asturias, a la Fundación Príncipe de Asturias, a los distinguidos miembros del Jurado y a España, gracias por este reconocimiento y por su promoción a la ciencia y la cultura. Pero sobre todo, muchas gracias a todos aquellos fuera de serie que han rodeado mi vida; mi familia, mis maestros, mis estudiantes y colegas que han hecho posible pequeñas incursiones en el mundo de lo desconocido.

Tolyohiko Tomioka, en representación de los «Héroes de Fukushima», Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2011

Majestad

Altezas

Excelentísimas e ilustrísimas autoridades

Queridos premiados

Señoras y señores

Es un gran honor para nosotros recibir este distinguido galardón, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2011, en presencia de tan numerosos invitados, encabezados por Su Majestad la Reina y Sus Altezas los Príncipes de Asturias.

Expresamos nuestro profundo agradecimiento por las cálidas ayudas y los apoyos llegados desde el Reino de España y de diversos países del mundo tras el gran terremoto del 11 de marzo en el este del Japón. Asimismo, como ciudadano japonés, siento con toda mi alma la inquietud y preocupación que se produjeron en el mundo entero tras el incidente en la Central Nuclear de Fukushima 1.

Desde que ocurrió el accidente, estamos realizando la evacuación de la población así como el enfriamiento de los edificios de contención de los reactores y la actividad de descontaminación.

Yo mismo, como responsable de la operación de enfriamiento, acudí al recinto antes que nadie para tantear todas las posibilidades y tomando difíciles decisiones.

Estamos convencidos de que el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2011 no se nos ha concedido sólo a quienes estamos aquí, sino más bien a todos los que todavía siguen realizando sus actividades in situ.

Con ocasión de la entrega de este Premio, me gustaría manifestar mi disposición a seguir luchando resueltamente para garantizar la seguridad del pueblo japonés.

Concluyo mis palabras de agradecimiento deseando la intensificación de los lazos de amistad entre ambos países, España y Japón, y mucha felicidad a todos los que nos honran hoy con su presencia en este solemne acto.

¡Viva España!

Riccardo Muti, Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2011

Majestad, Altezas Reales, excelentísimas e ilustrísimas autoridades, señoras y señores del público y distinguidos premiados:

Recibo con gran honor este prestigioso reconocimiento en este maravilloso teatro de manos de S.A.R. y de la Princesa y de su Majestad la Reina.

Naturalmente, todos esperan que la música sea la cosa más bonita del mundo, que la música una, que la armonía y la belleza son básicas en el mundo para que el mundo siga adelante. Esto siempre lo decimos, pero vivimos en la disarmonía; vivimos en la lucha, en la guerra y en el odio. Esto quiere decir que no hemos alcanzado todavía la belleza para que el bien derrote al mal.

Hemos escuchado el hermoso discurso del gran Leonard Cohen y me vino a la memoria una cosa importante: la importancia del encuentro. La música es encuentro, la ópera es encuentro, pero de los encuentros nacen luego estas maravillas que nos asombran y que nos apasionan. Por lo tanto mi tarea aquí como músico no es sólo demostrar, más o menos, que puedo dirigir Verdi o Strauss sino también hacer, a través de la música, que se llegue a la belleza y a la fraternidad.

Después de haber dicho esto, podría caer en la retórica muy fácilmente, pues quisiera aprovechar esa ocasión para decir que esta noche está todo el mundo muy agradecido a España. Cuando era un niño y vivía en Nápoles, cuando mi madre me decía "ve a comprar el jamón o el chorizo a Roma", pues no me decía "ve a Roma", me decía "a Toledo", y aún hoy en día, ir a Roma para los napolitanos es Toledo. Los barrios más extraordinarios de Nápoles, los que representan la auténtica Nápoles, se llaman 'los barrios españoles'. Y el teatro de San Carlos, el Real Teatro de San Carlos -no porque lo diga yo, sino porque lo dice todo el mundo, lo siento- es el teatro más hermoso de todo el mundo. Se construyó por voluntad de Carlos III de Borbón. ¿Esto qué quiere decir? Que la relación entre Nápoles y España ha sido una relación muy importante, muy fuerte, significativa. Y si nosotros el marzo que viene haremos una obra de Saverio Mercadante, que fue un gran músico de la Escuela Napolitana, podemos hacerlo porque hemos encontrado el manuscrito en la Biblioteca de Madrid, porque Mercadante era un músico que tuvo gran importancia en este país. Y por lo tanto, recibo este premio tan prestigioso esta tarde, y estoy diciendo gracias no sólo a la Fundación y a los Príncipes. También a España, porque por lo que se ve yo no soy del Norte, sino soy una persona profundamente mediterránea y por lo tanto una parte de mi sangre es española. Por lo tanto, este premio tiene un doble significado. Muchísimas gracias.

S.A.R. El Príncipe de Asturias

Ayer conocimos que quienes han martirizado durante tantos años a la sociedad española con su violencia terrorista asumen su derrota. Es, desde luego, una buena noticia. Es, sobre todo, una gran victoria de nuestro Estado de Derecho. Una victoria de la voluntad y determinación de las instituciones democráticas; del sacrificio y el trabajo abnegado, eficaz, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad; en definitiva, del conjunto de nuestra sociedad. En esta hora en la que la libertad y la razón se abren camino sobre la barbarie, quiero volver la mirada, querría que todos unidos volviésemos la mirada, con inmenso cariño y respeto hacia las víctimas, hacia su dolor y rendir el homenaje más emocionado a su memoria, a su dignidad.

Señoras y Señores,

Nos reunimos en esta tarde de gratitud para honrar a nuestros galardonados. Su presencia entre nosotros –aquí en Oviedo- nos permite reconocer con más fuerza sus méritos y la trayectoria valiosa de sus vidas, entregadas al trabajo, comprometidas con el arte, con la ciencia, con el deporte, con la solidaridad. Lo hacemos con admiración y muy satisfechos, pues nuestra Fundación mantiene vivos, en estos tiempos difíciles, los valores y los objetivos para los que nació hace ya más de treinta años.

Esta ceremonia es compendio de todo ello: de nuestra voluntad de distinguir la ejemplaridad, de presentar a la sociedad modelos positivos en los que reconocerse y a los que emular, y de compartir con todos, en definitiva, un mensaje de esperanza.

Agradecemos el apoyo y la generosidad de tantas personas que hacen posible nuestra actividad: los miembros de los distintos Jurados, los Patronos y Protectores de la Fundación, los medios de comunicación nacionales e internacionales y las personalidades que también nos honran y alegran hoy con su presencia.

La Princesa y yo damos muy especialmente las gracias a quienes en esta querida Asturias nos acogen siempre con tanto cariño y reciben a los galardonados con admiración y una entrañable alegría.

Recordamos hoy con tristeza a Juan Luis Iglesias Prada, quien fue Secretario General de la Fundación, fallecido el pasado mes de marzo. Echaremos mucho de menos su entusiasmo y la ilusión y el cariño con los que trabajó en beneficio de nuestra institución, a la que supo engrandecer y a la que aportó su bonhomía y su inteligencia.

Señoras y señores:

Volvemos la mirada ahora a los premiados para reflexionar, siquiera brevemente, sobre su valioso trabajo y para ensalzar sus méritos.

1.- El maestro napolitano Riccardo Muti, Premio de las Artes, es uno de los más grandes directores de orquesta. Ha dirigido, con su exquisita sensibilidad, en los escenarios más prestigiosos del mundo y a las formaciones más relevantes. Es, además, un humanista con profunda vocación investigadora, dedicada especialmente a la recuperación de grandes obras históricas que rescata del olvido e incorpora al repertorio de nuestros días. El maestro Muti reivindica sin tregua la necesidad de apoyar e intensificar la enseñanza musical, imprescindible en una educación completa. Su talento descansa en una concepción trascendente de la música, en la idea de que al dirigir se inicia un proceso que comienza en el compositor y llega a la batuta del director, quien consigue extraer los sentimientos de cada uno de los cantantes e instrumentistas para entregarlos, finalmente, al público. En este camino de continuo aprendizaje, Muti reconoce con humildad que jamás llegará a la otra orilla, porque detrás de las notas -dice- «habita el infinito».

La experiencia y el renombre que posee no le impiden evocar con gratitud a quienes fueron sus maestros, mientras se entrega a su tarea diaria de profundizar en la fuerza y el secreto de la música. Es lo que trasciende en la belleza y en la capacidad comunicadora de su ejecución artística, y lo que genera tanta admiración y elogio internacionales.

2.- El Premio de Ciencias Sociales ha sido concedido al psicólogo estadounidense Howard Gardner, que ha trabajado e investigado sobre todo en el ámbito de las ciencias de la Educación. Es autor de la Teoría de las Inteligencias Múltiples; y sus estudios sobre ellas, sobre la forma de desarrollarlas, lo han llevado a introducir múltiples innovaciones en el sistema educativo, con el propósito principal de lograr –como ha afirmado recordando a Platón- que «las personas quieran hacer lo que deben hacer». Esta formulación, en apariencia sencilla, choca a menudo, con métodos de enseñanza que han primado sólo algunas formas de inteligencia en detrimento de otras. El desarrollo más completo de nuestras capacidades facilita lo que para Gardner es un buen trabajo: aquél que es de alta calidad y va dirigido a mejorar la vida de los demás, es decir, un trabajo excelente, comprometido y ético.

Desde hace más de diez años, Howard Gardner se ha propuesto, a través del Proyecto Goodwork, impulsado desde la Universidad de Harvard, identificar a personas e instituciones que son ejemplo de ese trabajo excelente. También busca la manera de hacer más frecuente su presencia en nuestra sociedad. Todo ello con un equipo internacional de investigadores, que hacen realidad su empeño en mejorar la formación de los seres humanos y, por tanto, su futuro.

3.- Esta forma de trabajar también brilla de manera especial en la tarea desarrollada desde hace más de 350 años por The Royal Society, la comunidad científica más antigua del mundo, que ha recibido nuestro Premio de Comunicación y Humanidades. Su misión admirable consiste en extender las fronteras del conocimiento a través del desarrollo y el uso de la ciencia en beneficio de la humanidad. Son grandes fines que precisan de una organización muy sólida, como la que posee la Royal Society; formada por personas que aman su tarea y defienden con pasión el beneficio supremo del conocimiento y la importancia de su generalización.

En esta tarde de cultura y valores, la trayectoria centenaria de la Royal Society nos ayuda a resaltar y defender la prioridad social de la educación y de la instrucción; la necesidad de extender el conocimiento y de poner en juego nuestros principios en beneficio de todos; la convicción de que ése es el modo más seguro para vencer la injusticia, la violencia y el fanatismo, así como el sufrimiento y el dolor que producen en tantos seres humanos.

4.- Desde este punto de vista, la pregunta que se hace Bill Drayton, nuestro galardonado con el Premio de Cooperación Internacional, es aún más oportuna: «¿Cuál es la fuerza más poderosa del mundo?». Y Drayton responde: «Siempre una buena idea». Sin duda que a lo largo de los treinta años en los que su Fundación Ashoka ha identificado y apoyado a cerca de 3.000 emprendedores sociales alrededor del mundo, Bill Drayton ha podido comprobar una y otra vez que esto es más que una afirmación: es una realidad y muy beneficiosa.

La labor iniciada por Drayton –y que Ashoka ha desarrollado en el tiempo– se centra y pone de relieve características fundamentales de la emprendeduría social; tales como la inspiración, la creatividad, la fortaleza y, por encima de las demás, la confianza. Bill Drayton trabaja también para que nuestras acciones repercutan positivamente en la sociedad y nuestro trabajo asuma cada vez cotas más elevadas de responsabilidad social. Trabaja, en definitiva, con el objetivo de cambiar y mejorar el mundo.

Los emprendedores sociales descubren y ponen en práctica soluciones viables a problemas sociales, viendo oportunidades donde otros tan sólo perciben amenazas. Y puesto que esta forma de trabajar se hace aún más necesaria en tiempos de crisis, el premio con el que hoy reconocemos la tarea de Bill Drayton adquiere un significado especial. El futuro se puede esperar con temor o con confianza y sólo quienes creen en el ser humano, como sucede con los emprendedores sociales, están en condiciones de afrontar con esperanza el futuro. Éste es el valor de la Fundación Ashoka y de los emprendedores sociales. Ésta es la relevante e inteligente trayectoria de Bill Drayton, que hoy distinguimos.

5.- Los neurobiólogos Joseph Altman, Arturo Álvarez-Buylla y Giacomo Rizzolatti han recibido el Premio de Investigación Científica y Técnica. Gracias a sus aportaciones sabemos más y entendemos mejor el cerebro humano, el órgano fundamental para ejercer las capacidades que hacen tan singular a nuestra especie. Obligado es recordar aquí de nuevo a nuestro Santiago Ramón y Cajal, fundador de la Neurobiología, que a comienzos del pasado siglo ya intuyó que sería refutado el dogma de la no-regeneración de las vías nerviosas centrales.

Precisamente Joseph Altman describió procesos de neurogénesis en el cerebro de mamíferos desde los pasados años sesenta, formulando así la innovadora idea de que las neuronas cerebrales pueden regenerarse. La plasticidad cerebral se convertía de esta forma en un hecho con base anatómica bien fundamentada.

Arturo Álvarez-Buylla, mexicano de estirpe española y orgulloso de sus raíces asturianas, retomó la tesis de Altman e identificó regiones germinales del cerebro, en donde se originan continuamente nuevas neuronas, así como las llamadas células de glía, a lo largo de toda la vida y gracias a las células troncales allí presentes. También ha profundizado en los procesos de migración de esas nuevas neuronas para su inserción permanente en regiones cerebrales, lo que puede contribuir a abordar los problemas asociados a los tumores de este órgano.

Por último, Giacomo Rizzolatti descubrió la existencia de las llamadas neuronas espejo, que se activan no sólo al realizar una acción, sino al observar cómo un congénere la realiza. Un descubrimiento que nos permite, como criaturas sociales que somos, entender las acciones, intenciones y emociones de los demás, no sólo con el razonamiento conceptual, sino también con la simulación directa. «Sintiendo», afirma Rizzolatti, «no pensando».

Todos estos hallazgos e investigaciones han cambiado de manera profunda y definitiva nuestra forma de entender el cerebro. Es fascinante saber en qué se fundamenta esa plasticidad cerebral, gracias a la cual podemos aprender, sentir empatía, crear y comunicarnos. El trabajo de nuestros premiados abre, además, nuevos caminos para el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson, así como para explicar, y tal vez pronto tratar, trastornos como el autismo.

6.- Sentir es lo que hacemos, sobre todo, al leer los poemas y al escuchar la música de Leonard Cohen, que ha recibido el Premio de las Letras. Sentimos la fortaleza de una obra hecha con constancia, talento y sinceridad. Leer y escuchar a Cohen es, en efecto, sentir la fuerza de quien escribe y canta directamente para los corazones; sentir la sincera afirmación de que son poetas como Lorca o Machado los que han iluminado sus dudas y sus certezas más profundas; sentir también el compromiso de quien, sin olvidar su querida tierra canadiense, ni a sus raíces ni antepasados, se adentra en la naturaleza humana, buscando respuestas, soluciones, una reconciliación que aproxime nuestros corazones, tratando de conseguir que la poesía y la música se conviertan para siempre en un lugar de encuentro y de entendimiento fraternal.

«No es por deciros nada/ sino para vivir eternamente/ por lo que escribo esto», nos dice Cohen. Así, con irónico y agudo sentido del humor, con destellos de luz y de imaginación portentosa, sin poder remediar la abundancia y la riqueza de ideas, de palabras, de notas, de cantos, así vive Leonard Cohen. Varias generaciones leemos y escuchamos sus creaciones con admiración y respeto, tarareando sus canciones, que forman parte ya de la historia de la música y de nuestra memoria colectiva. Reconocemos su gran obra y le damos las gracias por su coherencia, por su belleza; por no haber renunciado nunca a todo aquello que lo ha convertido en un artista admirado y admirable, un amigo con el que recorrer los senderos de la vida y de la fuerza imparable del amor.

7.- El gran atleta Haile Gebrselassie, que ha recibido el Premio de los Deportes, es un ídolo para millones de personas en todo el mundo y muy querido, especialmente en su país natal, Etiopía. En él, la fuerza de voluntad y el espíritu de sacrificio son la norma. Norma para alcanzar el éxito deportivo y para demostrar que se pueden superar los retos más difíciles cuando se persiguen con tenacidad y grandeza de ánimo.

A lo largo de su trayectoria a todos nos han emocionado sus triunfos. Nos lo imaginamos cuando era apenas un niño y corría a diario 20 km para ir y volver de la escuela, con los pies descalzos, los libros de texto bien sujetos con el brazo izquierdo –lo que determinó su estilo al correr- y toda la ilusión del mundo en su corazón, hasta llegar a convertirse en uno de los mejores corredores de larga distancia de todos los tiempos.

Como hemos recordado en este mismo escenario en anteriores ocasiones, es mayor el éxito deportivo de quienes como él se engrandecen al esforzarse al conseguir contagiar sus sueños más ambiciosos ayudando a los demás, sobre todo a los más desfavorecidos.

Gebrselassie es muy sensible a las carencias y dificultades que sufren a diario sus compatriotas y por ello ha impulsado la iniciativa The Great Ethiopian Run, cuyo objetivo es promover la participación masiva de los etíopes en competiciones atléticas. Además, ha construido escuelas para los más pequeños y es embajador de Naciones Unidas para los Objetivos de Desarrollo del Milenio y del PNUD.

Por ello, estoy seguro de que a Halie Gebrselassie le gustaría hacernos a todos una llamada de atención. En su país, Etiopía, y en Kenia y Yibuti, centenares de miles de refugiados somalíes buscan desesperadamente ayuda. Se mueren de hambre. Y estas palabras pronunciadas aquí, en esta tarde de cultura y de concordia, resultan aún más dramáticas.

No podemos irnos una vez más a nuestras casas sin reflexionar sobre esta tragedia, injusta y cruel. No podemos permanecer impasibles e indiferentes ante tanto sufrimiento. Las personas que mueren de hambre en Somalia y en los países limítrofes no se merecen este destino. Y todos nosotros, debemos responsabilizarnos y ayudar a que acabe esta crisis humanitaria. Así lo hacen tantos cooperantes y voluntarios con esfuerzo generoso y gran riesgo, entre los que se encuentran dos españolas cuyo regreso a casa deseamos todos.

8.- El Premio de la Concordia ha sido concedido a las personas que desde el pasado mes de marzo trabajan de sol a sol en la central nuclear de Fukushima en Japón para controlar las fugas radiactivas y que, tan justamente, han sido llamados «héroes de Fukushima». Como ha afirmado el Jurado, con este premio nuestra Fundación quiere asimismo poner de relieve «la respuesta serena y abnegada del conjunto de la sociedad japonesa» tras el terremoto y el posterior tsunami que asoló la costa noreste del país.

Los héroes de Fukushima representan, con su actitud valiente y entregada, toda la grandeza de espíritu que nos mueve a hacer el bien, a renunciar a todo por los demás –incluso a la propia vida–, y que desearíamos ver multiplicada allí donde fuera precisa para terminar con el dolor y la injusticia. Sobreponiéndose a la pérdida de familiares y de sus bienes, al sufrimiento producido por una situación desesperada y dramática, hicieron frente de inmediato a la amenaza de la central nuclear siniestrada con generosidad, sentido del deber y conciencia cívica.

Esta tarde, una vez más, damos nuestro apoyo y cariño al pueblo de Japón, cuyas enormes pérdidas –humanas y materiales– y comportamiento ejemplar ante la adversidad nos han conmovido a todos. España se siente unida con su dolor y solidaria con su pueblo, que ha sabido enfrentarse a esta desgracia con templanza, disciplina y serenidad. Nos conmueve el comportamiento de los «héroes de Fukushima». Nos emociona su coraje y nos admira su fortaleza. Y por ello, rendimos hoy tributo a su inmenso espíritu de sacrificio y al ejemplo que han dado al mundo.

Señoras y Señores, queridos Premiados,

Este año conmemoramos el bicentenario del fallecimiento de Gaspar Melchor de Jovellanos, figura clave de la Ilustración. Su obra es un testimonio del patriotismo más noble y de la lucha contra los males y las ignorancias de su época. Le guiaron siempre las luces del conocimiento, de la moral y de la ética. Cuando fue nombrado ministro de Gracia y Justicia escribió: «Haré el bien; evitaré el mal que pueda». Esas palabras define a este gran español que tanto contribuyó al progreso de Asturias y cuyas ideas son un referente para todos, más aún en estos tiempos difíciles, como los que él mismo vivió.

Ciertamente, no es fácil este tiempo, pero es el nuestro, el que nos ha tocado vivir. Vivimos hoy una crisis –ya larga- que nos afecta de pleno, con graves consecuencias en todos los órdenes, y cuyas dimensiones y complejidad están poniendo a prueba nuestros modos de vida y nuestras capacidades. Si queremos resolver los desafíos que nos plantea, debemos actuar con decisión y valentía.

Conocemos el camino para conseguirlo. Y en ese camino todos tenemos un compromiso cívico. Ninguna gran nación puede abordar la crisis desde el pesimismo. Ninguna gran nación puede salir de ella sin el concurso de todos. Cumplamos cada uno con nuestras responsabilidades y promovamos un espíritu colectivo de superación, ilusión y esperanza que descanse en las bases sólidas que ya tenemos. Porque a lo largo de estas ultimas décadas han sido muchos los éxitos y los logros que hemos alcanzado juntos, no sin sacrificios ni renuncias, y de ellos nos debemos sentir legítimamente orgullosos. Tenemos, en fin, buenas razones para sentir autoestima y esperanza, para saber que podemos nuevamente superar las dificultades y los desafíos que tenemos por delante.

Los españoles debemos ser conscientes de que estamos en una empresa común en la que hoy, más que nunca, tenemos que estar unidos en torno a nuestros grandes objetivos nacionales y, muy especialmente, para afrontar ese gran reto que es recuperar el empleo. Recuperarlo a todos los niveles y, sobre todo, para los más jóvenes, que quieren, que tienen derecho, a que la sociedad les abra las puertas de la esperanza.

Levantemos también la vista y miremos hacia el exterior. Si a comienzos del siglo pasado Europa era la solución a los problemas históricos de España, en estos momentos –y para el futuro que ambicionamos- es imprescindible avanzar resuelta y solidariamente en la construcción europea, que se encuentra hoy en una de las encrucijadas más decisivas de su historia.

El difícil tiempo que vivimos exige también que evitemos las confrontaciones y las divisiones estériles; que respetemos y seamos capaces de integrar después, en beneficio del interés general, las sensibilidades y las opiniones divergentes. Busquemos, con sentido de la responsabilidad, criterios comunes en lo esencial. Debatir rigurosamente no es enfrentar, sino construir; aportar soluciones no es sinónimo de repudiar por sistema las ajenas; y llegar a acuerdos siempre propicia la generosidad, el compromiso y la confianza. El vigor de nuestra democracia no es en absoluto ajeno a cada uno de nosotros, a nuestra voluntad participativa en lo público, a nuestra entrega en el trabajo, a que los principios morales cohesionen de forma firme y duradera nuestra sociedad.

Es ésta también una hora para engrandecer nuestra solidaridad. Desde que comenzó la crisis, las familias, las instituciones sociales -muchas de ellas galardonadas con nuestros Premios-, y miles de ciudadanos están dando un ejemplo de sacrificio por quienes más lo necesitan. Merecen por ello el agradecimiento más sincero de la sociedad y nos permiten sentir la íntima alegría, dicho con las hermosas palabras del poeta, de que muchos corazones no laten en vano, pues no son indiferentes a la desgracia ajena.

Señoras y Señores,

Decía Jovellanos que «la virtud y el valor deben contarse entre los elementos de la prosperidad social y sin ella, toda riqueza es escasa, todo poder es débil. Sin virtud ni costumbres –afirmaba–, ningún Estado puede prosperar, ninguno subsistir. Sin ellas el poder más colosal se vendrá a tierra, la gloria más brillante se disipará como el humo».

Hoy hemos sido testigos en este Teatro Campoamor de cómo el esfuerzo, la humildad, el sacrificio y la búsqueda de la excelencia han dado sentido a las vidas de nuestros premiados. De ellos hemos aprendido a tener una mentalidad abierta al mundo. Con ellos hemos sentido la fuerza transformadora de las ideas. Nos han contagiado la pasión por crear, la ilusión por innovar. Son valores e ideales a los que nunca debemos renunciar y que siempre nos deben inspirar.

El recuerdo de nuestro Jovellanos y la ejemplaridad de nuestros Premiados iluminan este solemne acto. Tan distantes en el tiempo pero tan cercanos en un mismo espíritu: un espíritu de valentía, de superación y de modernización. Todos, ellos y nosotros, unidos en esta ceremonia, símbolo ya de la cultura universal, que, desde Asturias y con gran orgullo, España ofrece al mundo.

Muchas gracias.

Fuente: Fundación Príncipe de Asturias – EuroWeb Media, SL


Datos:


Dirección postal: Calle Pelayo, 2. 33003 Oviedo. Asturias (España)
Dirección digital: 8CMP8WW7+WH
Clasificado: Princesa de Asturias › Premios Princesa de Asturias › Ceremonia de entrega de los Premios


Información relacionada

› Turismo en Oviedo

› No te pierdas

› Playas

› Rutas

› Turismo activo

› Naturaleza

› Patrimonio

› Gastronomía

› Sidrerías

› Restaurantes

› Fundación Princesa de Asturias

› Eventos

› Transportes

› Información práctica

› Sobre Asturias