Día de América en Asturias 2006


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Declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, el Día de América en Asturias (19 de septiembre) es un gran desfile folclórico y de carrozas que nació como un homenaje a los emigrantes asturianos y a los países que los acogieron. El desfile —uno de los más multitudinarios de España— es una de las grandes señas de identidad de las bulliciosas fiestas de San Mateo (21 de septiembre), la diversión más popular y prolongada existente en Oviedo, con la que esta ciudad se vuelca.

El primer desfile se celebró el 23 de septiembre de 1950 y congregó a miles de personas fascinadas por el lujo de casi 60 haigas engalanados con flores y banderas, nueve bandas de música y ocho carrozas desfilando por la calle principal. Las carrozas representaban la despedida del emigrante, el barco que lo lleva a América, los países principales de destino —Cuba, México y Argentina— y el regreso del indiano a España, que lo acoge.

Este año 2006 se celebró la 56ª edición —cuyo presupuesto ascendió a 237.000 euros, una cantidad sensiblemente superior a la de años precedentes—, copando, como viene siendo habitual, el centro de Oviedo (capital del Principado de Asturias), en cuyas calles un impresionante gentío —entre el que había un gran número de inmigrantes hispanoamericanos— contempló a pie de acera el hermoso espectáculo colorista y musical aportado por las 13 carrozas, las canciones de acá y de allá, los grupos de baile y los centenares de gaiteros que se dieron cita. Periodistas de Estados Unidos, Argentina, México, Uruguay, Ecuador y Cuba se desplazaron a Oviedo para la ocasión.

El homenaje fue, en esta edición, para la ciudad estadounidense de Tampa (Florida), hermanada con Oviedo, de la que hubo una delegación y también una representación que acompañaba en la carroza a la Reina de Asturias.

Alrededor de 300.000 personas —según cálculos de la Policía Local— siguieron el renovado desfile, que estrenó nuevas carrozas y fusionó con acierto la tradición asturiana y el colorido de tierras latinas. Dio comienzo a las 5 de la tarde en la Losa, de donde salieron 33 «pasos».

De la plataforma de la Losa la comitiva continuó por las calles Independencia, Uría —en la que estaba instalada la tribuna de autoridades—, Marqués de Santa Cruz, Santa Susana, avenida de Galicia, plaza de América, Marqués de Teverga y Escuela de Minas, donde finalizó el recorrido.

Encabezó la cabalgata el tradicional y arraigado desfile de relucientes haigas, en homenaje a los ostentosos vehículos que el emigrante asturiano de antaño utilizaba ya de regreso en su añorada tierra asturiana. Le siguieron un restaurado coche de bomberos de 1920, la Policía Municipal de Oviedo y la Banda de Música «Ciudad de Oviedo», que actuó, como es tradicional, frente al palco de autoridades. A continuación pasaron los recuperados gigantes y cabezudos, que en esta ocasión representaban al Rey, la Reina Negra, el Quijote, así como a Telva y Pinón (ambos personajes creados por el asturiano Alfonso Iglesias); la carroza infantil «El Carrusel de Susana», en la que esta popular cantante dedicó a los más pequeños algunas de sus conocidas canciones; una recreación de la familia indiana, sobre zancos, a cargo del grupo de teatro Bambalúa; la carroza «Sones de Cuba», con una réplica del faro del Morro (La Habana), una gran piña giratoria y el grupo Marfil; la Banda de Gaitas de Candás; la carroza «Asturiana El Molín»; la Banda de Música de Laviana; la carroza de las reinas del concejo de Oviedo y la del Centro Asturiano —todas ellas vestidas de blanco—, decorada con rosas gigantes de colores; la carroza «Máscara de Cotopaxi», de Ecuador, con la cantante Rosita de Cajamarca, ídolo en su país; la banda de música San Martín del Rey Aurelio; la «hoguera» del bando de La Magdalena (Llanes); la banda de gaitas La Reina del Truébano, de Navia; la carroza asturiana «Los Fugaos» (nombre dado a los ex combatientes republicanos que, tras la victoria franquista en la guerra civil, se escondieron en los montes de la región); la banda de gaitas La Madreña, de Posada de Llanera; el teatro de cometas Cal y Canto; la carroza infantil «Viento y Cine»; la banda de gaitas de Proaza; los «Alfonsinos»; la carroza «Colón Colombia», decorada con carabelas y un Colón viviente; «Folklore de Oviedo», con los grupos Filandón, Nocéu y Trasgu; la carroza «Recuerdos de la Prensa», un homenaje a los primeros periodistas que todavía empleaban linotipias y un recuerdo a los principales periódicos asturianos; la esperada carroza «Tropical Bahía», de Brasil, con sus espectaculares bailarinas y su alegre música; la carroza «México en el corazón», con el grupo de baile Cielito Lindo y la música de Sonia Fausto y su mariachi; «La Bandona de Gaitas», formada por la Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo y Vetusta, acompañada de las bandas Villa de Avilés, Avanti Cuideiru, Faro de Luarca, Naranco, El Teixo y Marino Tapiega; la impresionante carroza de la reina de Asturias, decorada con los autóctonos osos pardos; la banda de música Krokodillos Big Dixieland Ensemble; la carroza de Tampa, donde iba la reina de América, decorada con un barco del conocido pirata español José Gaspar, Gasparilla, que estuvo escondido durante años en la ciudad tampeña, y, por último, la banda de música de Mieres.

Historia de un desfile

A finales de los años 40, un artesano valenciano que hacía «gigantes y cabezudos» le comentó a Alfonso Iglesias en La Escandalera: «Tienen ustedes una de las calles más bonitas de España para desfiles y cabalgatas». La frase no cayó en saco roto para el dibujante de Pinón, Telva y Pinín, que había sido fundador y animador de la SOF (Sociedad Ovetense de Festejos) desde 1947 y que participaba en la comisión infantil. En una de las reuniones de la comisión, en el primer piso de la calle Uría 40, propuso hacer un gran desfile en homenaje a la gran cantidad de emigrantes asturianos a América, que en los veranos mostraban sus lujosos coches americanos por un Oviedo muy poco motorizado. La sorna de la época los llamó haigas, haciendo chiste de la grandonada del recién millonario que pedía el coche más grande que «haiga».

La idea no fue muy bien acogida porque planteaba problemas económicos, pero Alfonso insistió y empezó a moverse, a implicar a Paco Sousa (encargado entonces de la Oficina de Emigración de la Diputación Provincial y emigrante en su juventud), a los alcaldes de Gijón, Llanes, Mieres y Lena, a diseñar él mismo las carrozas, el recorrido del desfile, la composición, las banderas y el cartel anunciador. Sostenía en todas las reuniones que podía hacerse con 38.000 pesetas.

Mientras se perfilaba, se acordó silencio, pero Lorenzo Novo Mier dio la primicia en el diario La Voz de Asturias. Alfonso le replicó al día siguiente en La Nueva España añadiendo propuestas fabulosas para su desfile. Novo Mier —al que se debe el nombre de la fiesta— le replicó en el periódico: «Querido Alfonso: perdóname el pisotón, pero es que tu idea es tan gigantesca, tan maravillosamente gigantesca, que no la pude callar por más tiempo».

El primer desfile se celebró el 23 de septiembre de 1950 y congregó a miles de personas fascinadas por el lujo de casi 60 haigas engalanados de flores y banderas, nueve bandas de música y ocho carrozas desfilando por la calle principal. Las carrozas, diseñadas por Alfonso, representaban la despedida del emigrante; el barco que lo lleva a América; los países de destino: Cuba, México y Argentina; el regreso del indiano ya rico, en un moderno avión, y a la madre patria, España, que lo acoge. Se sumó una carroza floral de Luanco. Las crónicas de ambos lados del Atlántico la bautizaron como la «fiesta de las fiestas».

En el desfile de 1951 se incorporó el primer grupo folclórico, que se encontraba de gira por Asturias y fue añadido a última hora con tal éxito que desde entonces los bailes y las músicas de distintos países son uno de los elementos imprescindibles.

Alfonso presidió durante siete años el Desfile de América en Asturias hasta su partida a Madrid, y en este tiempo y años posteriores fue incorporando otros motivos como los alfonsinos (personajes disfrazados de guitarras, maracas, gaitas y mazorcas de maíz) y las madreñettes (réplica de las majorettes francesas pero vestidas de asturianas con falda corta y calzadas con madreñas).

A finales de los años 50 y comienzos de los 60, la emigración comenzó a orientarse hacia Europa y esa circunstancia se trasladó al propio diseño del desfile. Los tiempos cambiaban y el desfile también. Los haigas dejaron de venir y comenzaron a acudir grupos folclóricos de Alemania, Bélgica o Suiza, que compartían protagonismo con los clásicos de México, Argentina o Chile.

El Día de América en Asturias siguió creciendo en miles de espectadores, en extensión, en calidad y presupuesto. De las 102.634 pesetas de 1950 a los seis millones de sus bodas de plata. De las 1.500 pesetas que costaba una carroza en el año de su fundación a las 600.000 de 1975. Aunque la sociedad evoluciona, las fiestas han cambiado y el indiano ya no es aquella figura de inmensa riqueza que regresaba a una España pobre, el desfile goza de muy buena salud y pertenece a una parte entrañable de la memoria colectiva de Asturias.

Fuente: Sociedad Ovetense de Festejos (SOF).


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