Ir a Casa de los Hevia
En la calle José Caveda y Nava (la antigua calle del Agua) se asienta una de las mejores casas de la antigua Pola de Maliayo, la casa de los Hevia, de gran significación histórica, además de artística, por haber contado entre el 19 y el 23 de septiembre de 1517 con un ilustre huésped que, tras desembarcar en Villaviciosa, pasaba sus primeras noches en tierra española: Carlos V de Alemania, quien, procedente de Flandes, venía a la Península para convertirse en I de España.
Como afirma Juan José Pedrayes, su carácter de palacio urbano lo subraya el hecho de que fuera elegido para esa residencia temporal del emperador, circunstancia que indica su utilización residencial frente al de torres contemporáneas. Su dueño era Rodrigo de Hevia, chantre o jefe de coro de la Catedral de Oviedo, nacido en 1465 o 1470 y descendiente de las familias posiblemente fundadoras de la villa (M.ª Soledad Álvarez).
A comienzos del s. XVI ya constituía, dentro de la trama urbana, un conjunto exento. El inmueble, en cuya conservación influyeron decisivamente esos hechos históricos protagonizados por Carlos I, al parecer fue ampliado en 1835, reformándose la fachada lateral, orientada a la calle de Nicolás Rivero, donde habitaciones con balconaje reemplazaron a una solana de corredor, e igualmente la fachada posterior, que mira al huerto; a mediados del siglo XIX perdió la cadena de asilo de que hacía gala su portón de entrada por haber alojado al emperador (J. Cuesta Fernández y M. Díaz Caneja), y hace no muchos años, la panera, primero, y la casa de servicio adyacente, después.
Se trata de un edificio de planta cuadrada y tres alturas, claramente delimitadas en el frente que da a la antigua calle del Agua. En la planta baja asoman dos portadas —con arco de ojiva de grandes dovelas, una, y cierre mixtilíneo, la otra—, abiertas a un porche de poco fondo creado por los dos gruesos cortafuegos que encuadran esta fachada. Sobre el soportal y entre los cortafuegos va colocado el corredor del segundo piso, con balaustrada de madera, al que miran tres vanos adintelados; entre ellos campean dos escudos que llevan el Águila Imperial, por concesión de Carlos I como muestra de agradecimiento al propietario. En la última planta existen tres balcones alineados con el contorno de los cortafuegos. Culmina la composición un gran alero de madera.
En su construcción se recurrió a la madera para el alero, las vigas interiores y los balcones, y para la pared, al sillar, de mayor tamaño y mejor talla en vanos y cortafuegos.
Tanto el edificio histórico en sí como el anexo, ubicado en la calle Nicolás Rivero, no mantienen la misma distribución de la época en que estuvo hospedado el emperador. La primitiva sí se conserva en la planta superior o bajo cubierta. «Ésta —señala Rafael Balbín Loredo— se halla en parte distribuida por medio de tabiques de madera de castaño y con la cubierta a la vista. En un extremo de lo que se puede llamar desván se encuentra una cámara totalmente independiente del resto de la planta, cerrada también con tabiques de madera de castaño y abovedada igualmente con madera. En esta estancia, de unos 12 metros cuadrados, es donde el joven Carlos pasó sus primeras noches en su nuevo país. Antes de acceder a la cámara hay otra sala a la que se entra a través de un vano, en parte desaparecido, que contaba en sus extremos con pequeños trabajos de talla. Así pues, el pequeño habitáculo donde durmió el emperador contaba también con una pequeña sala donde, a buen seguro, el 20 de septiembre de 1517 recibió a los representantes consistoriales de la villa».
Esta casa es patrimonio del Ayuntamiento de Villaviciosa tras serle cedida por sus últimos propietarios, la familia Somolinos.