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Iglesia y Convento de Santo Domingo de Oviedo
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Iglesia y Convento de Santo Domingo (plazoleta de Santo Domingo, parte baja de los jardines del Campillín). La Orden de los Predicadores, impulsora del temido Tribunal de la Inquisición y, junto a los jesuitas, abanderada de la Contrarreforma, fue la responsable de su fundación en 1518. El convento salió maltrecho de la insurreción de Octubre del 34, ya que un incendio se ensañó con él. Hoy, tras la construcción de un moderno convento y colegio (el de los Dominicos), únicamente se mantienen del primitivo complejo conventual el templo y parte de los arcos del antiguo claustro.
La luminosa iglesia, gótico-renacentista (1561), debida a Juan de Cerecedo, el Viejo, presenta nave única, cubierta en sus cinco tramos por sencillas bóvedas de crucería sobre estilizadas pilastras, flanqueada por capillas poco profundas y con coro alto a los pies. Un vigoroso pórtico neoclásico, añadido en el último tercio del XVIII por Manuel Reguera a modo de arco de triunfo, se adelanta a la portada, siendo ésta el mejor exponente de ornamentación plateresca en Asturias: la puerta aparece bajo arco de medio punto con molduras y dobles pilastras en las que los capiteles figuran coronados por pequeñas cabezas de ángeles custodios. El frente principal tiene, además, escudo y tres hornacinas. Una vez en el interior, llaman poderosamente la atención: el magnífico altar mayor (h. 1755-60), de factura barroca; la capilla de Nuestra Señora del Rosario (año 1722), que asoma al exterior la cúpula de media esfera y está provista de un retablo labrado por Manuel Pedredo Vigil y enriquecido con veintiséis tablas barrocas (los Misterios del Rosario) del pintor ovetense Ignacio Abarca Valdés; o los retablos barrocos (inicios del s. XVIII) de la capilla del Nazareno, y el de San José, con un lienzo de Francisco Reyter representando los Desposorios de la Virgen (1798).
La iglesia fue declarada Monumento Nacional en agosto de 1944.
Capilla del Hospital de San Sebastián
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Está en la calle San Francisco, adherida al colegio de Santa Catalina de Alejandría para Huérfanas Recoletas. Unicamente es un pasaje de hermosa portada, formada por pilastras de pronunciada clave y arco por delante de una puerta moldurada, encima de la cual hay una considerable ventana de forma circular. Fue rehecha en 1681 por Juan González de la Iglesia y Francisco Menéndez Camina, el Viejo. En un flanco se aprecia un sepulcro —provisto de escudo obispal y dos desvanecidos blasones— enmarcado por pilastras a las que rematan pináculos y un frontón partido sobre el que se sitúa la Cruz de los Angeles —escudo de la capital asturiana—. Tras los acontecimientos de la Guerra Civil, se transformó en uno más de los monumentos dedicados por los vencedores a sus muertos.
MONASTERIO DE SAN PELAYO (c/ de San Vicente, nº 5). Tiene su templo contiguo al de Santa María la Real de la Corte. No es visitable por tratarse de un convento de clausura, regentado por una milenaria comunidad de benedictinas, las Pelayas; ellas reparten su tiempo entre la oración, la restauración y encuadernado de valiosos documentos y libros inevitablemente afectados por el paso del tiempo, y el afán puesto en trabajos de suma importancia para la historia de Oviedo y Asturias. Hace poco han grabado un disco de gregoriano. Su probable construcción se fecha a fines del s. X, bajo el patrocinio de Teresa Ansúrez, viuda de Sancho, el Gordo, de León, y la advocación de San Juan Bautista de las Dueñas, cambiando de titular en el 987 con la llegada a la capital asturiana de las reliquias del mártir San Pelayo procedentes de León. Las frecuentes remodelaciones y añadidos sufridos entre los ss. XVI y XVIII sólo respetaron de la obra medieval el claustrillo, resto éste de un pórtico-panteón adosado al antiguo templo prerrománico —fundado en tiempos de Alfonso II— y sitio en el que se veneraban las reliquias de San Pelayo. La fachada del cenobio (1704-1709) exhibe un par de escudos de su orden y otro pétreo con las armas reales de España. A la izquierda y retranqueada, aparece la iglesia (1592-1601), de Bernardo de la Cajiga y Diego de Villa. Destacan: la fachada, herreriana; la trasera torre y su flecha calada en el remate, una de las pioneras creaciones del barroco ovetense, irreversiblemente dañada en 1934 y rehecha en 1953. El complejo conventual realza su hermosura con la extraordinaria fachada del contiguo edificio de la Vicaría, del barroco asturiano, trazado por el benedictino Pedro Martínez de Cardeña en 1703 para acoger a «los mayordomos y vicarios que son o fueren de este monasterio». La cara principal la constituye un frontispicio columnado, en respuesta a un propósito nítidamente ornamental.
Claustro de la Catedral de Oviedo
| Oviedo | 985 203 117 |
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En un docto y bello artículo periodístico escrito con motivo de la inauguración oficial (23 de febrero de 2004) de su esplendorosa restauración llevada a cabo por la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, Agustín Hevia Ballina (archivero de la Catedral) afirma que el claustro gótico de la Catedral de Oviedo, como todo claustro (herencia de la aedes romana, una concepción de vida hacia adentro, un anticipo del cielo), sea monacal o catedralicio, fue concebido como eje de la vida comunitaria. Al respecto, escribe: «El claustro habla de bellezas, que son trasunto y reflejo de la belleza de Dios. Nos habla de un orden cósmico, como cuando, en los inicios de la creación, vio el creador que "todo era bueno y, consecuentemente, verum et pulchrum". [....] En el claustro ejercían los canónigos también funciones culturales: procesiones y actos comunitarios, en que se ponía de relieve la integración de la liturgia con la vida diaria. Allí, al cerrar sus recorridos procesionales, entonaban ante la imagen pétrea de Nuestra Señora, que se halla sobre la puerta de acceso desde la Catedral, la antífona "O virgo speciosa" ("Virgen más hermosa"), que acabó dando nombre de Virgen especiosa a esta singular representación de nuestra señora. [...] Allí se celebraban actos de exequias o de responsos ante los sepulcros, donde llegaron a enterrarse capitulares o benefactores de la Catedral» (artículo «El claustro», diario La Nueva España, lunes 23 de febrero de 2004).
ETAPAS CONSTRUCTIVAS
La construcción de esta joya del arte gótico que es el claustro bajo de la Catedral de Oviedo –para lo que se destruyó el anterior, románico– se alargó durante casi 150 años (1300-1441).
Se distinguen tres etapas constructivas:
• 1300-1350. Galería norte y dos tramos contiguos de la galería oeste. Estilo: gótico clásico. Promotor: obispo Fernando Álvarez de las Asturias (1302-1323).
• 1345-1400. Tramos restantes de la galería oeste y galería sur. Estilo: gótico manierista. Promotores: rey Alfonso XI (1345), obispo Sandro (1348-1369) y obispo Alfonso (1371-1376).
• 1412-1441. Galería este. Estilo: gótico flamígero. Promotor: obispo Diego Ramírez de Guzmán (1412-1441).
LOS TESOROS DEL CLAUSTRO
Este excelente claustro, de planta rectangular y pequeño jardín central presidido actualmente por una camelia, tiene 14 ventanales con bella tracería en sus tímpanos y 167 capiteles ricamente decorados.
Su limpieza con láser y restauración, estrenadas en febrero de 2004 y protagonizadas por arquitectos, restauradores, petrólogos y arqueólogos, le ha devuelto todo su esplendor, aportando «una nueva luz a sus tesoros, ya sea por su valor artístico, por su carácter testimonial o simplemente por su singularidad» (Elena Fdez.-Pello, diario La Nueva España, 29-2-2004).
Una de las obras cumbre del claustro es la ménsula de la cacería regia, escena en la que el protagonista parece ser Alfonso XI, un entusiasta de la montería.
También merece destacarse el Agnus Dei (Cordero de Dios), que procede del desaparecido claustro románico.
La impecable limpieza del claustro –que en su origen estaba totalmente policromado– permite apreciar los restos de pigmentos aplicados sobre la piedra, que imitan un enladrillado en los techos y dan color a los escudos y los motivos decorativos de los capiteles y las arquivoltas.
Pero un detenido recorrido por las distintas crujías nos permite descubrir muchos más tesoros.
Crujía oeste
–Figura de Virgen con niño. Caliza blanca. Primer cuarto del siglo XVI.
–Figura de Alfonso XI (Alfonso Onceno), monarca que hizo una espléndida aportación económica para la construcción del claustro. Es una reproducción de la talla original en piedra conservada en el Museo Diocesano. Fechada en la 2.ª mitad del siglo XIV.
–Figura dedicada al arcediano Alfonso.
–Inscripción en latín dedicada al arcediano San Esteban.
–Inscripción en latín dedicada al arcediano Juan.
–Sepulcro de Luis Alfonso, maestrescuela.
–Sepulcro de Rodrigo Alfonso. Inicios s. XV.
–Inscripción en latín dedicada al deán Gonzalo Vello.
–Lauda sepulcral. 200 x 18 cm. Arenisca. Siglo XI.
–Inscripción en latín dedicada al deán Juan Pérez Seallo.
–Inscripción en latín dedicada a Rodrigo, sacristán.
–Sepulcro de Francisco Gutiérrez. Siglo XV.
–Inscripción en latín dedicada a Arias, cantor de la iglesia.
–Sepulcro de Fernán Pérez, maestrescuela.
–Sepulcro de Frigión de Cifuentes. Sobre la tapa, epitafio en castellano que reza lo siguiente: «Aquí yace Frigión de Cifuentes, cuya anima el señor Dios coja. Fijo del bachiller Juan de Gijón, fallescio de la edat de diez y sys annos, ultimo dia del mes de setiembre, anno del sennor de M et CCCC et LXXX et V annos (1485 d. C.)».
Crujía norte
–Lápida del obispo don Pelayo, fallecido en 1153. Muestra una notable inscripción en letra gótica, traducida por Diego Santos en un cartel cercano.
–Inscripciones apócrifas. Edad Moderna.
–Inscripción en latín dedicada a IUVO, arcediano.
–Sepulcro de personaje sin identificar (siglo XIV) y lauda funeraria con decoración en tallos vegetales (caliza blanca, finales s. XII).
–Inscripción en latín dedicada al arcediano Fernando.
–Relieve con representación de San Nicolás, y figuras masculina y femenina de personajes indeterminados. Caliza blanca. 2ª mitad del s. XII.
–Sepulcro del arcediano D. Ruy Fernández (+ 1397)).
–Sepulcro del chantre D. Alvar Pérez.
Crujía este
–Puerta barroca del archivo. Obra de José Bernardo de la Meana, maestro mayor de la Catedral de Oviedo en la segunda mitad del s. XVII.
–Escultura de obispo. Caliza blanca. Siglos XII-XIII.
–Inscripción en latín dedicada a Pedro, sacristán.
–Inscripción en latín dedicada a Gonzalo, arcediano.
–Fragmento de lauda funeraria con roleo vegetal. 65 x 63 x 21 cm. Caliza blanca. Siglo XII.
–Relieve de San Pablo apóstol. Caliza blanca. 2ª mitad del s. XII.
–Relieve del apóstol San Pedro. Caliza blanca. 2ª mitad del s. XII.
–Mingitorio, usado por los clérigos durante sus paseos para verter al jardín las aguas menores.
Crujía sur
–Sepulcro del abad de Cenero, Dr. Don Diego Menéndez Valdés. Acabado en el año 1847.
–Inscripción en latín dedicada a un «Rector Scholarum».
–Sepulcro del deán Pedro Gay (1348-1369). Fechado en el s. XIV, es el más sobresaliente de los monumentos fúnebres conservados en el claustro. El deán figura en posición yacente. La tapa actual que lo cubre es de fecha posterior y fue esculpida por el cantero Pedro de León con las armas de la casa de Valdés.
–Inscripción en latín dedicada a Alfonso, maestrescuela.
–Inscripción en latín dedicada al arcediano Fernando.
–Sepulcro del chantre Martín González. Acabado en la 2ª mitad del siglo XIV.
En esta crujía está el acceso al claustro desde la Corrada del Obispo.
Iglesia de San Pedro de los Arcos de Oviedo
| Oviedo |
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Interesante conjunto recogido en el Inventario de Patrimonio Arquitectónico de Asturias.
Iglesia y Convento de las Siervas de Jesus de la Caridad
| Oviedo |
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Iglesia y Convento de las Siervas de Jesus de la Caridad (c/ Uría, nº 23). Responde a la corriente neogótica, lleva la firma de Javier Aguirre y fue parido en la última década del XIX. El templo, arrimado a su diestra y con muro lateral dando a la calle Independencia, se caracteriza por una radical sobriedad externa: sencilla portada de capiteles con motivos florales y arquivoltas apuntadas, rosetón por encima, y humilde campanario con cruz coronándolo. En el cenobio se observan alfices con bolas y ventanas partidas por pequeños arcos flamígeros de madera.
Iglesia del Sagrado Corazón de Jesus de Oviedo
| Oviedo |
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Iglesia del Sagrado Corazón de Jesus, o de Las Salesas. Está en la céntrica y comercial calle Nueve de Mayo, prolongación de la de Caveda. Formaba parte del convento de la Visitación de Santa María, donde las religiosas de dicha Orden, asentadas en Oviedo desde 1881, moraron a partir de 1887. El derribo del convento y patio lindante, a fin de levantar un moderno centro comercial (Las Salesas), se produjo en la década de los setenta; la comunidad se trasladó a una nueva construcción sita en el Naranco.
Se salvó el templo (1882), convertido en parroquia. Diseñado por Francisco Aparici —autor, también, de la basílica de Covadonga—, Juan Miguel de la Guardia introdujo en el proyecto sustanciales aportaciones; bien avanzado ya el siglo XX trabajó en él Julio Galán Carbajal. Se trata de una construcción neogótica de planta de cruz latina y ábside poligonal, con decoración a base de apuntadas vidrieras, pináculos y finas líneas de arcos pequeñitos. La torre, de Julio Galán (1916), crece desde el centro de la fachada, para acabar en pentagonal y angosta flecha.
Iglesia San Julián de los Prados de Oviedo
| Oviedo |
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IGLESIA DE SAN JULIÁN DE LOS PRADOS, Monumento Histórico-Artístico (junio de 1917) y Patrimonio de la Humanidad (2 de diciembre de 1998). La más antigua construcción del prerrománico y la de mayor tamaño fue posible por disposición de Alfonso II, siendo erigida entre los años 812-842. Se localiza en la zona de San Julián de los Prados, en el barrio de Pumarín, bordeando la autopista A-66, de ahí la amenaza que ésta representa en cuanto a vibraciones, contaminación, etc. Fue consagrada a los mártires Julián y Basilisa. En la pasada década de los ochenta se restauraron sus valiosísimas pinturas, con temas inspirados en el arte profano romano. Además de la citada obra pictórica y de su magnífica arquitectura, despiertan sumo interés las arquerías ciegas del ábside y las celosías ornamentales del exterior basilical.
San Julián de los Prados es uno de los edificios más emblemáticos de la arquitectura prerrománica en la región, único en su construcción y estética.
Belén 2004 del Asilo de las Hermanitas de Ancianos Desamparados
| Oviedo | 985 294 374 |
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En las modernas y confortables instalaciones de la residencia de ancianos (avda. de los Monumentos, s/n — Oviedo) que las monjas regentan en la falda del monte Naranco, siempre se reserva un espacio para el tradicional belén, que cada año se renueva casi por completo (sólo repite el portal, una donación de los años cuarenta del pasado siglo) y se muestra al público temporalmente.
En el del año 2004, que fue galardonado por la Asociación Belenista de Oviedo con el premio especial del jurado al mejor belén institucional por aunar arte, belleza y técnica, destacan su amplitud; el trabajo minucioso, en el que colaboraron algunos miembros de dicha asociación; la abundancia de figuras en movimiento, así como los contrastes de día y noche.
Iglesia de Santa María la Real de la Corte de Oviedo
| Oviedo |
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IGLESIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE, en la plaza de Feijoo y arrimada al Museo Arqueológico. Fue primeramente templo del convento de San Vicente, pero el Estado la entregó a la parroquia de la Corte en 1859 ante el peligro de derrumbe en que se encontraba la suya.
Magnífico ejemplo de arquitectura religiosa, de orden jónico, erigida a partir de un edificio románico entre 1587 y 1592, tuvo como forjador al arquitecto Juan del Ribero Rada, responsable, igualmente, del edificio de la vieja Universidad. La portada es el resultado de un brillante y delicado trabajo; la forma un finísimo arco de triunfo entre columnas jónicas, cerrándola una excelente reja realizada en 1666. Interiormente, anda sobrada de excelencias artísticas: el retablo mayor (1638-1640), monumental composición de Luis Fernández de la Vega, con pintura sobre lienzo del vallisoletano Diego Valentín Díaz (1641) escenificando el Martirio de San Vicente, San Benito y Santa Escolástica; en el crucero, donde reposan los restos del padre Feijoo bajo losa de mármol rojo, la Inmaculada, cuadro que en su momento remató el retablo; tallas de los escultores barrocos asturianos Luis de la Vega y Antonio Borja; o el órgano del coro (ocaso del s. XVIII), adscrito a la escuela castellana y reparado en 1988, son buena prueba de ello.
Iglesia de San Isidoro el Real de Oviedo
| Oviedo |
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Iglesia de San Isidoro el Real (Monumento Histórico-Artístico), en un extremo de la plaza de la Constitución o del Ayuntamiento. Fue en sus inicios iglesia del colegio jesuita de San Matías. Del colegio nada queda al haber sido demolido en 1873 para levantar, en el terreno dejado, el mercado cubierto Diecinueve de Octubre. Esta iglesia, consagrada en 1681, comparte con el Ayuntamiento la presidencia de la plaza, hacia la que mira su noble fachada, clasicista en su esquema y barroca en elementos, al haberse iniciado en el siglo XVII y finalizado en el XVIII. Entre 1616 y 1681 se realizó la mayor parte de la obra. El avilesino Francisco Menéndez Camina, el Viejo, participó en su erección junto a otros arquitectos. De esta iglesia de San Isidoro sorprende la excesiva severidad que, excepto en la fachada, preside el resto de sus exteriores, frente a la suntuosidad interior. La torre que exhibe se quedó sin su gemela, proyectada pero no llevada a cabo, como ocurrió con la catedral. La planta del templo es de cruz latina, nave única con capillas-hornacinas, crucero sin resaltar y amplia capilla mayor. Los retablos de las capillas laterales incluyen interesantes obras escultóricas de los asturianos Luis Fernández de la Vega y Antonio Borja. Desde el año 1991 se vienen realizando importantes arreglos asumidos por la Consejería de Cultura del Principado, el Arzobispado y el Ayuntamiento ovetense. La cara principal luce una renovada y espléndida imagen, luego de una costosa rehabilitación concluida en el mes de septiembre del presente año, procediéndose en el curso de la misma a su limpieza y a desmontar y restituir componentes pétreos muy dañados o que habían sido reintegrados anteriormente con mortero. Además se hizo necesaria la reparación de la torre y las campanas, éstas gravemente deterioradas.
En el año 2004 se recuperaba, restauraba y presentaba oficialmente (mes de abril) una imagen del patrón del templo, San Isidoro (nombre que quiere decir «regalo de la divinidad»), aparecida en el desván del mismo, y de la que se ignora el autor y su antigüedad, aunque en los antiguos libros de cuentas de la parroquia se la cita por vez primera en el inventario de bienes de 1789. Se trata de una imagen de vestir, en la que sólo están talladas las partes del cuerpo que deja al descubierto la ropa del santo –cabeza, manos y pies–. Mide 1,40 centímetros y está diseñada para llevarla en andas. San Isidoro está representado en esta talla con un libro en la mano izquierda, que lo identifica como doctor de la Iglesia, y en la derecha, el báculo arzobispal, que es una pieza de madera revestida de plata y rematada por una cruz con piedras. El santo viste ahora la sotana morada original, bordada en el bajo con motivos vegetales en oro; un nuevo roquete –sobrepelliz cerrada y con mangas que se usa sobre la sotana– y un flamante manto pluvial, cosido con una tela dorada. Calza botines rojos, tallados en la madera.
También en abril de 2004 eran presentados oficialmente, además de otras dos imágenes –un Ecce Homo y una Dolorosa– halladas igualmente en el desván de esta iglesia, los Evangelistas, cuatro figuras que se repusieron restauradas en el retablo del altar mayor, tal y como aparecen en una fotografía antigua.
Belén 2004 de la Asociación Belenista de Oviedo
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Belén 2004 de la Asociación Belenista de Oviedo se encuentra en la población de Oviedo —que cuenta con 175331 habitantes (según censo oficial de 1996)— formando parte de la parroquia de Oviedo en el Concejo de Oviedo del Principado de Asturias.
Iglesia de las Esclavas de Oviedo
| Oviedo |
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Iglesia de las Esclavas de Oviedo se encuentra en la población de Oviedo —que cuenta con 175331 habitantes (según censo oficial de 1996)— formando parte de la parroquia de Oviedo en el Concejo de Oviedo del Principado de Asturias.
| Oviedo |
Se ubica a un lado de la plaza de Alfonso II el Casto, haciendo esquina con la de Porlier. En ella se honra a una dama ovetense de muchos posibles, Velasquita Giráldez, por haber beneficiado al gremio de los alfayates o sastres durante el primer cuarto del siglo XIII con importantísimas aportaciones; ello explica que las tijeras pertenecientes a este colectivo gremial cuelguen del balcón de la esquina. De esta señora se tienen pocos datos; lega un hospital y varias propiedades a los integrantes de la Cofradía de Alfayates, que ella funda, y a otros habitantes de la capital.
La capilla, barroca del XVII, la preside una imagen de la Virgen de la Esperanza. En su testero se observan escenas de la vida de San Bernardo Claraval, creación de Francisco Reiter, pintor local de la segunda mitad del XVIII. El retablo lateral dispone de bellas imágenes fechadas en los ss. XVII y XVIII. En la puerta, que deja ver el interior, es costumbre ver a alguien orando, lo que indica la devoción ya ancestral que despierta en la ciudad este pequeñísimo lugar sagrado.
Tesoros artísticos, histórico-culturales y sentimentales de la capilla de la Balesquida
Autora: M.ª del Carmen López Villaverde*
Este artículo pretende hacer una relación de las obras de arte de diverso valor artístico que se encuentran a la vista de los fieles en la capilla de La Balesquida, basándose en trabajos anteriores que obran en los archivos de la Cofradía.
La capilla, que todo vecino de Oviedo conoce o debería conocer, está situada en la plaza Alfonso II, frente a la Catedral, dedicada a la Virgen de la Esperanza, que en épocas muy lejanas salía en procesión bajo los soportales de la antigua plaza. Su fundación data del siglo XIII, pero sufrió varias reformas hasta llegar al estado actual. Una placa rectangular de piedra situada en la fachada lleva grabada la fecha de su fundación así como el hospital, hoy desaparecido. Las letras cinceladas en rojo y azul hacen referencia al año 1270, a su fundadora, doña Velasquita Giráldez, y a su reedificación en 1870.
El recinto sagrado es de estilo barroco, de líneas simples y de pequeñas dimensiones que lo hacen más acogedor y recóndito para la oración. A través de un arco de medio punto se accede a un bello zaguán empedrado y de ahí al interior. Este zaguán es testigo mudo desde tiempo inmemorial de las oraciones y peticiones de gentes que transitan diariamente por el entorno y se detienen para rezar a través de las rejillas.
Una vez dentro, la nave única es de planta rectangular cubierta con bóveda de cañón sobre arcos fajones y 6 lunetos. El interior guarda además de 3 retablos, el mayor y dos laterales afrontados, una serie de imágenes de madera policromada, pinturas, inscripciones en tabla, recuerdos y objetos de culto que aunque su valor artístico no sea de gran relevancia, todos ellos tienen un gran valor histórico y sobre todo sentimental para las personas que habitualmente visitan la capilla.
Al comenzar el estilo gótico en la 2ª mitad del Medievo, la pintura mural del románico pierde importancia y los frontales y muros de catedrales, iglesias y capillas van a adornarse con una nueva estructura fundamentalmente de madera, el retablo, cuyo tamaño está en relación con las dimensiones del lugar que ocupa. Generalmente su composición hace referencia a la Virgen, a un santo titular y a escenas de la vida del representado. El apogeo de los retablos corresponde al periodo barroco, consecuencia de la liturgia fomentada por el Concilio de Trento que, para avivar el fervor de los fieles, impulsaba el culto a las imágenes, en clara oposición con la doctrina protestante que había aparecido en diversos países europeos.
El retablo mayor de La Balesquida es un retablo hornacina sobre un sotabanco de piedra ejecutado en el primer tercio del siglo XVII, siguiendo el estilo barroco, donde arquitectura, pintura y escultura están al servicio de la imagen. Consta de tres partes, el banco, liso, decorado con follaje siguiendo la técnica del estofado. En el centro, el sagrario moderno que sustituyó al anterior tras las obras de restauración. La hornacina central que aloja a la Virgen de la Esperanza está enmarcada por dos pares de columnas doradas, con capiteles corintios y cubierta por una tela de malla a modo de dosel, es la guardamalleta. En su interior el mismo decorado que el banco realza el conjunto. En el ático, tercer elemento del retablo, sobre un fondo dorado, se representa el Espíritu Santo en forma de paloma dorada en medio y bajorrelieve, de la que se desprenden rayos rodeados por estilizadas nubes blancas. Un frontón semicircular remata el retablo y sobre él una cruz.
Recientemente todo él ha sido restaurado dejando al descubierto sobre todo la bellísima policromía de la vegetación en azul y rojo sobre fondo dorado. Al desmontarlo para su reparación, se ha descubierto en el banco una descripción en latín referida a la fórmula de la Consagración. Estaba y sigue oculta por el Sagrario y a mi parecer sería deseable buscar la manera de dejarla al descubierto. A ambos lados del camarín que alberga a la Virgen hay dos pequeños ángeles en posición de vuelo. En ambos la técnica utilizada para representar el cuerpo es la del encarnado. La colocación actual nada tiene que ver con la primitiva, hasta es posible que no pertenecieran al conjunto primitivo. Hay además fuera del retablo, sobre el frontal que separa el presbiterio de la sacristía, otros dos ángeles de mayor tamaño que los anteriores, en posición sedente, con el cuerno de la abundancia. La talla es del siglo XVIII y lo mismo que la otra pareja en cuanto a técnica se refiere.
La Virgen de la Esperanza, titular del retablo, es una imagen de vestir, de pie sobre una peana. El manto, el vestido y la toca que luce en las solemnidades han sido regalo de la Cofradía en 1966, así como el rosario de filigrana donado por una devota. De rostro ovalado e inexpresivo, nariz recta, boca pequeña y ojos de pasta vítrea. La peluca que cubre su cabeza y la corona son modernas. Sobre el pecho, la Virgen lleva la primera Medalla de Oro de Oviedo que le ha concedido el Ayuntamiento el 25 de mayo de 1952 en reconocimiento a la patrona de una institución tan íntimamente ligada a la ciudad durante más de setecientos años y que es además una de sus genuinas señas de identidad.
El segundo retablo, situado a la derecha de la nave, es el de San Bernardo o el de Santa Brígida, ya que su distribución es diferente a la primitiva. Es de estilo barroco, de fines del siglo XVIII a principios del siglo XVIII, realizado en madera con una regular conservación. Consta de dos pisos, divididos ambos en tres calles cada uno, separadas por columnas salomónicas (de fuste retorcido) y apoyado todo él sobre un banco de tres casas. Antiguamente, cada uno de los pisos formaba retablos independientes colocados uno a continuación del otro en el lado de la Epístola. Ambos se unieron.
El conjunto remata en un friso liso adornado con dentículos y ovas y coronado por un frontón semicircular y dos grandes bolas a cada lado. Se realizó bajo el patrocinio de la Cofradía de San Bernardo, que en 1729 se estableció en la Balesquida. En el piso inferior se alojan las imágenes de San José y el Niño a la izquierda, Santa Brígida en el centro y San Francisco a la derecha, todas en madera policromada. El Niño que acompaña a San José sustituye al original. Mirándolo se aprecia que su tamaño no es proporcional al del santo. Robado hace años, apareció sin un brazo, restaurado posteriormente. Es una pequeña imagen del barroco popular, del siglo XVII a principios del XVIII. En la hornacina central, Santa Brígida, princesa, según figura en la peana sobre la que se asienta. Data, como casi todas, de finales del siglo XVII a principios del XVIII y es de madera policromada. De cómo el culto de esta santa llegó a Oviedo nos dio cuenta D. Carlos Fernández Juesas en un número de esta revista, donde además nos relata que «era sueca, hija de reyes, había renunciado a su condición de princesa para tomar los hábitos del císter después de la muerte de su marido con quien peregrinó a Santiago de Compostela». En la hornacina derecha, San Francisco, escultura barroca de la misma época que las anteriores y del mismo material.
En el piso superior del retablo se alojan las imágenes, en madera policromada, de San Antonio en la hornacina izquierda, San Bernardo en el centro y San Sebastián a la derecha. Son tallas del siglo XVII al XVIII, a excepción de San Sebastián que es del siglo XVI. San Bernardo figuraba como titular de un retablo independiente que posteriormente se empotró en el actual y donde también se encontraban las imágenes de San José y San Antonio. En la calle derecha, San Eulogio, popularmente San Sebastián para los cofrades. Es el que mayor valor artístico tiene. Perteneció a un retablo desaparecido que tenía como titular a Santa Brígida.
Del tercer retablo es titular San Judas Tadeo, está situado en lado del Evangelio. De calle única, se apoya en un altar más moderno. Se compone de un banco decorado con ménsulas vegetales enmarcadas por dos pilastras con colgantes, sobre el que se apoya la hornacina central en forma de arco rehundido con bóveda de cuarto de esfera, donde se asienta la imagen del santo. Los adornos son motivos vegetales, pero lo más llamativo del retablo son los dos grandes estípites, soportes típicos del barroco churrigueresco, que soportan una cornisa rectangular. Finalmente, un ático mixtilíneo en forma de peineta lo remata. La imagen de San Judas tiene un gran arraigo entre los muchos fieles que a diario visitan la capilla y en noviembre la Cofradía celebra un triduo en su honor. Es de madera policromada, verde, rojo, negro, dorado y ocre que simula el encarnado; está de pie, pisando a un monstruo, la materialización del mal. Los pies separados dan sensación de inestabilidad y de movimiento, a lo que contribuye también la posición de la cabeza. A diferencia de las otras imágenes, su rostro es de gran expresividad.
Además de estos retablos, se veneran en la capilla otras imágenes de gran arraigo popular desde siglos.
El Santo Niño de la Guarda, al que cariñosamente también se le conoce con el apelativo de San Cristobalín. Está colocado en el tercer tramo de la nave, en el muro de la Epístola. Su cronología corresponde al siglo XVIII, de madera policromada. Crucificado a la manera de Cristo. Su historia, que se localiza en la Guardia, provincia de Toledo, relata el martirio de un niño que sufrió las intransigencias religiosas de la España del siglo XV cuando cristianos y judíos aprovechaban sus diferencias religiosas para solventar problemas políticos y económicos. El relato del martirio es poco conocido para nosotros los asturianos, pero para hacernos una idea de la importancia que tuvo en otros lugares de España basta recordar que Lope de Vega lo tomó como argumento de una de sus obras, El Niño Inocente, lo que quizás hizo que el suceso alcanzase la relevancia histórica que sin duda no hubiera tenido. También en el mismo siglo, José de Cañizares recogió la misma historia en una de sus obras, La viva imagen de Cristo, lo que demuestra el interés de los dramaturgos por resaltar los acontecimientos del momento y que hoy se han convertido en verdaderos documentos históricos.
El Cristo Crucificado está situado en el tercer tramo de la nave, del lado del Evangelio, de cronología incierta por no responder a un estilo determinado. De madera policromada con tres clavos, sus piernas aparecen paralelas como los crucifijos románicos, pero éstos con cuatro clavos. Es un Cristo muerto, a diferencia de los románicos que están vivos. Los brazos paralelos a la cruz como los románicos. La técnica del carneado en su cuerpo se ha visto desvirtuada por una capa de barniz.
Una de las imágenes más emotivas de la capilla es la Virgen con el Niño, colocada sobre una repisa en el presbiterio, en el lado de la Epístola. Esta ubicación es muy reciente, su lugar habitual era el altar de San Bernardo, en la calle izquierda del segundo piso donde se colocó en 1951 al sacarla de la sacristía. Hoy ocupa un lugar destacado para que se pueda admirar esta talla que según Serafín Rodríguez «es un pequeño tesoro del gótico arcaico». Su cronología data del siglo XIII, periodo gótico, tallada en madera policromada. En su mano izquierda el Niño Dios, que sostiene la bola del mundo, postura típica de las vírgenes románicas y góticas. De estas últimas tiene el espíritu maternal y amoroso que se manifiesta entre madre e hijo comunicándose con la mirada. Su rostro ovalado de facciones suaves, los ojos y la sonrisa le dan una gran expresividad. La tradición dice que esta imagen es la primitiva que presidía los cabildos de la cofradía.
Recientemente se han restaurado dos preciosas tablas de madera policromada que representan a Nuestra Señora de Guadalupe y la aparición de Cristo a San Bernardo. Las dos fueron ejecutadas entre el siglo XVII al XVIII siguiendo los cánones del barroco popular, dentro de los esquemas de Fernández de la Vega.
La primera, situada en el segundo tramo de la nave, en el lado del Evangelio. En el relieve escultórico enmarcado en un rectángulo, la Guadalupina está de pie sobre una media luna. Tras la reciente restauración resalta la policromía tanto de la túnica como del manto.
El relieve situado en el segundo tramo de la nave, en frente del anterior, representa la aparición de Cristo a San Bernardo en el momento en que Cristo, desclavando de la cruz el brazo derecho, abraza a San Bernardo, abad de la abadía francesa de Claraval y fundador del Císter. En el centro de la composición, Cristo vivo en la cruz de cuerpo alargado y desproporcionado, el rostro inexpresivo. A sus pies, San Bernardo se abraza a las piernas del Redentor y lo mira tristemente. Predomina en toda la obra una exquisita policromía.
La fama de San Bernardo a través de la historia es muy amplia, pero sus representaciones son muy escasas, por lo que se otorga más importancia a las existentes. Ejemplos representativos de su iconografía se hallan en el museo de Mallorca en el retablo de San Bernardo y en la Catedral de Zaragoza en el retablo de la capilla de San Bernardo de Claraval. Por esta causa llama poderosamente la atención que en la capilla de la Balesquida se encuentren representaciones escultóricas y pictóricas, como los dos grandes murales del presbiterio que representan el nombramiento del santo como abad de Claraval y la Virgen María, San Benito y San Lorenzo intercediendo por la salud de San Bernardo. Ambas pinturas pertenecen al último cuarto del siglo XVIII, de estilo rococó, y los expertos en la materia la atribuyen a Francisco Reyter.
Otros objetos de culto, además de las imágenes, se pueden admirar en la capilla:
Un pequeño sagrario rectangular en cuya puerta se representa una alegoría de la Eucaristía. Este sagrario, según el mayordomo de la Cofradía, se había añadido al banco del retablo del presbiterio en 1931, pero en la actualidad y tras la restauración del altar ha sido sustituido por otro más acorde con el conjunto. En espera de encontrarle un lugar adecuado está provisionalmente en el retablo de Santa Brígida.
La pila del agua bendita, labrada en piedra, responde al gusto popular del barroco del siglo XVII al XVIII. La base es cuadrada, con toro, escocia y plinto rectangular, decorada con acanaladura. Es semiesférica, adornada con gallones y coronada por un bocel.
A la izquierda del presbiterio hay una campana de bronce fundido. Su estado de conservación no es bueno, porque estando colocada en una espadaña metálica, en 1934, un proyectil la inutilizó. No es precisa la cronología de su fábrica.
También hay que destacar dos tablas rectangulares, una en el primer tramo de la nave del lado del Evangelio, es de 1660. Hace referencia al año 1270 cuando Dña. Velasquita fundó y donó la Cofradía y el Hospital al gremio de los sastres juntamente con otras ordenanzas referentes a su funcionamiento. Un cristal la protege del paso del tiempo ya que el deterioro de la pintura hace que no se lean algunas letras. En la otra tabla se recogen los nombres y apellidos de los Mayordomos de la Cofradía desde el número 49 hasta el 78.
A la entrada, a la derecha, está enmarcado el testamento de Dña. Velasquita, escrito en castellano antiguo. Las monjas benedictinas han sabido realizar un bonito trabajo transcribiéndolo en pergamino.
Desde hace unos años, cada Miércoles Santo, la Cofradía del Nazareno visita durante el Calvario que reza en la plaza de la Catedral a la Virgen de la Esperanza saludándola con un ramo de flores. Del inicio de esta costumbre ha quedado constancia en una placa de cerámica con la imagen del Nazareno que conmemora la iniciativa.
En la sacristía y en el coro se conservan otros muebles y objetos de culto que no están a la vista de los fieles.
El fervor y la religiosidad de las gentes hace que en señal de agradecimiento se hagan ofrendas de diversa índole. Algunas están recogidas en una vitrina a la izquierda del presbiterio.
NOTA
(*) El artículo fue publicado por su autora en la revista de las fiestas de la Balesquida del año 2005.
Fachada del antiguo convento de Santa Clara
| Oviedo |
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Fachada del antiguo convento de Santa Clara, de monjas clarisas franciscanas, venidas a Oviedo en el último tercio del s. XIII. Es la sede actual de la Delegación del Ministerio de Hacienda (ingreso por la c/ Diecinueve de Julio, de espaldas al teatro Campoamor). Pedro Ruiz Somonte asume el encargo de su edificación a mediados del s. XVIII. La fachada (c/ Covadonga, 1), hecha unos años antes por Pedro Antonio Menéndez, exhibe un pórtico abierto en tres arcos y dividido en idéntico número de cuerpos, con una hornacina en el central culminada en frontón partido; parece dar la espalda al resto del complejo, como queriendo evitar el sonrojo que provoca la contemplación de tanto horror arquitectónico, resultante de una aberración reconstructiva llevada a cabo en los años sesenta de este siglo, contra la que, infructuosamente, se elevaron voces de protesta; en este sentido, la tertulia de Los Clarisos se mostró especialmente combativa. Sólo sobrevive, además del frente principal, tres alas del claustro —la cuarta fue demolida, al igual que los muros exteriores—; el palacio de los Villabona de Llanera acoge la románica portada original de su templo (finales del s. XIII), y el Museo Arqueológico, otros restos, también del románico.
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