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Antigua Casa Rectoral de Jomezana de Arriba
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Hoy se trata de una vivienda de carácter civil pues fue vendida hace unos años. Se encuentra junto a la Iglesia de San Pedro de Jomezana en la parte alta del pueblo.
Una inscripción el la ventana pone «AÑO DE 1830».
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Ir a Fuente en la Esquisa
En la plaza de la Esquisa de Jomezana de Abajo junto al monolito en homenaje a Juan Luis de la Vega Solís y a José González Pulgar «José el de Quica». También se encuentra en la plaza la placa Conmemorativa de la visita del Príncipe de Asturias con motivo de la elección de la parroquia de Jomezana y el Valle del Huerna como Pueblo Ejemplar de Asturias 1998.
Palacio de los Faes de Miranda
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En mal estado. Gran fachada con torre en una esquina. Torre: con tres plantas separadas por impostas; balcón volado y encuadrado por marco moldurado, en el frente principal —que mira hacia el valle—; escudo pequeño en el centro del hueco del balcón; en el piso alto, gran escudo principal ubicado entre dos ventanas.
| Lena |
Ir a Capilla de Santiago
Destaca por su pureza rural. Amplio pórtico cerrado con ventana de balaustres torneados. También se la conoce como Capilla antigua y se encuentra situada sobre un pequeño montículo (en dirección a Jomezana de Arriba) desde donde se domina el pueblo.
| Lena | 985 957 097 |
Ir a Escuela de Esquí de Pajares
La Escuela de Esquí de Pajares nació como una necesidad de formalizar la enseñanza de este deporte en un número de practicantes en expansión.
Se puso en marcha en 1965 junto con otros puntos como Sierra Nevada o el Valle de Arán. Fernando Menéndez fue su primer director.
Después de que durante la década de los 60 o 70 la escuela ofreciera fundamentalmente cursos de perfeccionamiento a los ya iniciados, en la actualidad el grueso de la enseñanza se basa en el nivel de iniciación, en el que tiene una gran importancia la semana blanca de los escolares, que cada año y en gran número pasan esos días en la estación asturiana de Valgrande-Pajares para aprender a esquiar.
La Escuela de Esquí es un paso obligado no sólo para un óptimo aprendizaje de la técnica del esquí, sino para la adaptación a la montaña y el correcto uso de remontes y pistas. Muchos de los accidentes que se producen en las estaciones están generados por una educación deficiente de los esquiadores en la utilización del material, la circulación por las pistas o el conocimiento de los riesgos que entraña la montaña.
FUENTE: Estación invernal y de montaña Valgrande-Pajares, 1954-2004, revista del cincuentenario de la estación, con textos de Miguel Martínez Cueto y J. R. Rodríguez. Edit. Consejería de Cultura, Comunicación Social y Turismo. Dirección General de Deportes del Principado de Asturias. Oviedo, 2004.
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Recientemente restaurada. Dos pisos y buhardilla. Fachada con tres vanos adintelados en cada piso Galería con corredor y zapatas de madera en uno de los lados. Piedra sillar en esquinas. Placa conmemorativa con las fechas de su nacimiento y muerte. Edificio recientemente rehabilitado.
| Lena |
Crucero y ábside semicircular. Destaca la portada meridional. En torno al ábside se observan canecillos románicos, alternando con otros modernos.
Iglesia de Santa Cristina de Lena
| Lena | 609 942 153 |
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Horarios de visita: de martes a domingo.
Abril a octubre: 11.00-13.00 h y 16.30-18.30 h.
Noviembre a marzo: 11.00-13.00 h y 16-18 h.
Situación
La iglesia de Santa Cristina de Lena está entre las poblaciones de Pola de Lena (capital municipal) y Vega del Rey, en un alto sobre la ctra. N-630 (Gijón-León). Antes de llegar a Vega de Rey por dicha carretera, hay que coger un desvío a la izquierda en el que hay un indicador que indica la presencia de dicho monumento.
Historia
Es, sin duda, el monumento más importante que existe en el concejo o municipio de Lena y se inscribe dentro del prerrománico asturiano. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en diciembre de 1985.
No se conocen referencias documentales ni epigráficas que permitan su datación.
Se menciona por primera vez en el siglo XVII como Santa Cristina, aunque desconocemos cuál pudo ser dedicación inicial puesto que es muy escasa la advocación a esta santa en el santoral asturiano de la época de su construcción.
Estilística y topográficamente parece derivar de la arquitectura ramirense por su parecido con las construcciones del Naranco (Santa María y San Miguel de Lillo), en Oviedo. Es razonable, por tanto, poner la fecha de construcción en torno a la segunda mitad del siglo IX.
Interior
Es un edificio de nave única y no tiene paralelos en la arquitectura altomedieval hispánica.
Las cubiertas son de bóveda de cañón, apoyadas en impostas corridas que se refuerzan con arcos fajones, posados en ménsulas prismáticas; éstos, al igual que los arcos que componen la articulación interior de arquerías ciegas, son arcos adovelados de una sola rosca.
Su distribución interior es vestíbulo bajo tribuna a la que se sube por una escalera desde la nave y presbiterio y dos habitaciones.
El culmen decorativo se centra en el iconostasio: elemento único en la arquitectura asturiana, formado por tres arquerías dobles en las que hay cinco celosías y están sustentadas por columnas de cronología visigótica; en las dos centrales se coloca el cancel.
Exterior
La ermita se levanta coqueta sobre un montículo que domina el valle del río Lena, en la parroquia de Felgueras.
Destaca la integración del edificio con el paisaje. Es un edificio prismático al que se le añaden cuatro cuerpos también prismáticos, de proporciones equilibradas.
Llama la atención en su composición exterior la articulación rítmica de los distintos volúmenes.
Está construida sobre un zócalo de mampostería con lajas, sillarejo con mortero bastardo y reforzada por 32 contrafuertes.
Se conservan dos ventanas originales: una en la fachada N y otra en la fachada E, siendo el resto de los vanos añadidos de remodelaciones posteriores.
Tiene una única puerta de acceso, a través del pórtico occidental abierto y conformado a modo de zaguán abovedado.
FUENTE: Oficina de Turismo del Ayuntamiento de Lena.
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Casa del año 1901 (según figura en una inscripción) recientemente rehabilitada. En su fachada destacan la puerta, una vieja inscripción y un escudo. en la planta superior.
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Ir a Escultura «Chus Valgrande»
Este deportista olímpico, que da nombre a la estación invernal asturiana de Valgrande-Pajares (Lena), nació en Gijón (Asturias) el 9 de enero de 1912 y falleció el 27 de diciembre de 1997 en Mieres, villa en la que residía.
El Camino de Santiago por el interior de asturias
| Lena |
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Esta ruta está calificada como «Camino de Santiago» • Acceso: Ver mapa • Se inicia el recorrido en Pajares (concejo de Lena), siendo el final en Alto del Acebo (concejo de Grandas de Salime • Distancia: 200 km • Dificultad: Media • Desnivel: (consultar) • Duración aproximada: (no disponible) • Itinerario: Concejos/municipios de paso: Lena, Mieres, Oviedo, Las Regueras, Grado, Salas, Tineo, Allande, Grandas de Salime.
Fuente: Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Principado de Asturias
DESCRIPCIÓN DE LA RUTA
Esta ruta será transitada con asiduidad entre los siglos XI-XIII y siguientes, periodo en que el culto a San Salvador de Oviedo actúa como un poderoso imán que atrae a numerosos peregrinos que, desviándose del Camino francés en León, llegaban a venerar las reliquias de la Cámara Santa.
La ruta del interior entra en Asturias por el puerto de Pajares. Altas cumbres, bosques de hayas y extensas praderas acompañan al peregrino en su descenso hacia el fondo del valle del río Pajares. A su paso se jalonan pequeñas poblaciones que se encaraman en la ladera y desde antaño prestaron atención a los caminantes.
La ruta se estructura en varios tramos:
ARBAS-ROMÍA DE ARRIBA. 9,4 km.
Al salir de Arbas se toma un camino a la derecha hasta lo alto de una loma en cuyo alto se halla un mojón de piedra que marca la divisoria entre las provincias de León y Asturias. Se continúa por una senda, a la derecha del mojón, que desciende hacia la carretera, que hay que cruzar para seguir el camino que existe paralelo a la vía del ferrocarril. Se atraviesa una frondosa arboleda, se continúa el descenso, hasta alcanzar una pista, de nuevo hacia la carretera. Unos 50 metros antes de alcanzarla, sale a su izquierda un camino que lleva al cementerio y al pueblo de Pajares.
Desde la iglesia de Pajares el camino sigue a través de su calle principal. El camino continúa por la carretera hasta la Flor del Acebo. Al salir de la Flor del Acebo se continúa por la carretera 1,5 km hasta la capilla de la Virgen de las Nieves. De la ermita y por la derecha se toma un camino, que, tras una dura pendiente de 200 m continúa ya suavemente hasta la Romía de Arriba.
ROMÍA DE ARRIBA-HERÍAS. 8,2 km.
Desde la Romía y tras cruzar un arroyo, en el que se levanta un molino de agua, se llega a la ermita de Cabezón de Navedo. Desde la capilla y siguiendo el camino que sale por su derecha, se baja al pueblo de Navedo, para desde él y tras una corta subida alcanzar el caserío de La Muela, por su flanco izquierdo. Un camino de pronunciada pendiente desciende desde La Muela a Puente de los Fierros. Se atraviesa el caserío siguiendo la carretera, y tras alcanzar la capilla de San Bartolomé, subir una dura pendiente hasta las casas y capilla de Fresnedo. Una vez pasadas las casas, el camino transcurre entre bosques de castaños y acebos, hasta la capilla de San Miguel, rodeada de cerezos. Desde allí, por un buen camino y divisando el fondo del valle del río Lena, se alcanza el lugar de Herías.
HERÍAS-POLA DE LENA. 7,2 km.
Desde Herías, tomando desde la iglesia el camino conocido como Camino de los Moros, se desciende suavemente hasta alcanzar una pista que, con una dura pendiente, baja hasta Campomanes. En Campomanes el camino sigue su calle principal, y, atravesando el cauce del Huerna por un antiguo puente, se encamina hacia Vega del Rey, siguiendo el trazado de la antigua carretera León-Oviedo, hoy prácticamente sin circulación.
Atravesando la localidad de Vega del Ciego, poco después se alcanza la villa de Pola de Lena.
POLA DE LENA-LAS VIÑAS. 9 km.
En Pola de Lena hubo en sus días un hospital de peregrinos. El camino continúa, siguiendo la vieja carretera, hasta el lugar de La Vega. Desde aquí, la carretera que lleva a la izquierda la vía del ferrocarril, nos conduce hasta Villallana. Continuando por la antigua carretera se llega a Ujo. Caminando por la carretera, que lleva al río Caudal a su derecha, se alcanza el caserío de Las Viñas.
LAS VIÑAS-OLLONIEGO. 12,5 km.
Salimos de Las Viñas siguiendo la carretera. A unos 800 m y en el punto en que la misma gira hacia la izquierda, el camino continúa de frente, pasando por debajo de un puente y bordeando el río Caudal por su margen izquierda. El camino conduce a un Polígono Industrial, que hay que atravesar, para alcanzar el denominado Puente de la Perra. Se atraviesa el casco urbano de Mieres, hasta alcanzar la iglesia parroquial de San Juan, para continuar por la antigua carretera en dirección a Oviedo. Se sale de Mieres por el barrio de La Peña, para desde allí iniciar el ascenso hacia El Padrún. Desde el alto del Padrún y dejando a las espaldas del caminante el valle del Caudal, se abre ante su vista el valle del Nalón, con Olloniego al fondo del mismo. Junto a las últimas casas del Padrún, el caminante debe de abandonar la carretera para tomar el camino que conducirá al pequeño poblado de Casares. Desde Casares se toma una desviación hacia la izquierda que, atravesando una zona de denso arbolado, conduce de nuevo hacia la carretera, que hay que seguir durante unos 300 m hasta llegar a Olloniego.
OLLONIEGO-SAN LÁZARO DEL CAMINO. 7 km.
Entrando en Olloniego junto a la estación de la RENFE y tras pasar la Fuente de los Llocos, se atraviesa la localidad siguiendo su larga calle principal. Se continúa por la carretera, cruzando el ancho Nalón por un nuevo puente, hasta el antiguo Portazgo, donde se abandona la carretera para tomar, a su izquierda, el camino que asciende hasta Picu Lanza, siguiendo la antigua calzada romana. Se trata de un buen camino, en suave ascenso, que atraviesa varios caseríos, hasta alcanzar el lugar de la antigua Venta del Aire.
Desde aquí se inicia un suave descenso, hasta Pontón de la Venta, por donde se atraviesa un pequeño riachuelo. Desde allí el camino, ya asfaltado, inicia un nuevo ascenso, pasando por Cagigal y Los Prietos, hasta alcanzar El Caserón. Desde El Caserón se alcanza rápidamente La Manjoya y poco más allá pasa el camino ante la Venta del Gallo, hoy casi abandonada. Ya, inmediatamente, se penetra en Oviedo por el barrio de San Lázaro del Camino, ante la Malatería. Tomando la calle Aurelio del Llano y tras cruzar la Ronda Sur, el camino avanza por la calle Leopoldo Alas, la calle de la Magdalena, el arco del Ayuntamiento, la calle de Cimadevilla y la de la Rúa hasta llegar a la Catedral de San Salvador, y en ella, la Cámara Santa.
OVIEDO-VALSERA. 10,4 km.
Desde la Catedral, el Camino sigue las calles de San Juan, La Luna, Covadonga, Melquiades Álvarez, Independencia, Teniente Coronel Tejeiro y La Argañosa. En la Fuente de La Plata, tras cruzar, a la derecha, una pasarela metálica sobre la vía de la RENFE, continúa el camino, que, tras cruzar el arroyo de Lavapiés, llevando a la derecha el monte Naranco, sigue la carretera que conduce a San Lázaro de Paniceres. Pasado San Lázaro, a la izquierda se sigue la carretera local que conduce a Villamar. Una vez en ella y a unos 100 m a la derecha se toma un camino, en buen estado, que asciende suavemente hacia la capilla del Carmen, en Lampajúa; el camino continúa por la parte posterior de la capilla, junto al depósito de agua y desciende hacia la carretera que, en una fuerte subida de unos 200 m conduce hasta Loriana. Desde la iglesia de Loriana se sigue el camino que conduce hasta Fabarín, en la carretera, que hemos de seguir un buen trecho, cruzando el Puente Gallegos, sobre el río Nora, divisoria entre los concejos de Oviedo y Las Regueras, e iniciar el ascenso al alto de Escamplero, abandonándola solamente en la última curva, para seguir el camino que lleva directamente a la antigua Venta, hoy totalmente modernizada. Es la Venta de Escamplero cruce de caminos. De los tres que allí se encuentran hay que tomar la carretera de la derecha, para, a los pocos metros, desviarse a la izquierda por un camino que conduce a la iglesia de Escamplero. Unos 500 m más adelante, hay que tomar a la izquierda el camino que conduce a la capilla de Valsera.
VALSERA-GRADO. 10,5 km.
Desde la capilla, el camino sigue por la izquierda hasta alcanzar la casa de La Rabaza. Desde aquí hasta Picadín sigue el curso del río Andallón, llevándolo a su derecha, hasta el puente de piedra que se cruzará para tomar la carretera hasta Premoño. Se atraviesa Premoño siguiendo la carretera. A 100 m, junto a un hórreo a la derecha, parte una senda que conduce al camino de Ardaje. Desde aquí, por unas escaleras talladas en la piedra, se toma el camino de la derecha, por las casas de la Fuente, hasta la carretera que va a Paladín. Una vez pasado el puente, el camino se desvía hacia la derecha, para llegar a Puerma. Antes del cruce de las carreteras de Puerma y Bolgues, el camino se desvía a la izquierda, por la casa de Carril, siguiendo la carretera hasta Laracha y el Puente de Peñaflor. Una vez cruzado por él el río Nalón, debe seguirse la N-634, unos 500 m, hasta el caserío de Peñaflor. Frente a la iglesia y entre las casas, se toma un camino que, tras cruzar bajo la vía del FEVE, nos conducirá hasta Grado. Se entra en Grado por el barrio de San Pelayo.
GRADO-LLAMAS. 14 km.
Se atraviesa Grado siguiendo su larga calle principal que concluye en el Crucero, donde se halla una gran cruz de piedra. Se debe continuar unos 800 m por la N-634, hasta tomar a la derecha el camino que conduce a la casa de La Barraca. Desde allí, por la izquierda, el camino asciende hasta las casas de La Argañosa, por donde cruza la N-634, para acceder de nuevo al camino por medio de unas escaleras que obvian el talud de la misma. El camino lleva directamente hacia la Venta del Cuervo. Desde allí, el camino conduce al santuario de la Virgen del Fresno, a partir del cual se inicia el descenso hacia el valle del Narcea, siguiendo el camino denominado El Morriondo hasta San Marcelo. En San Marcelo, siguiendo la carretera, a 100 m sale a la izquierda el camino que, tras vadear un riachuelo, conduce al pueblo de La Reaz, tras pasar junto a un molino y una fuente. Desde La Reaz a La Doriga, el camino es de hormigón. Desde la iglesia de La Doriga y dejando a la derecha la torre-palacio, el camino desciende directamente de frente hacia las Casas del Puente. Es necesario en Casas tomar la carretera hacia la derecha 800 m hasta llegar a un nuevo puente. Una vez cruzado el río Narcea, dentro de Cornellana, tomar la calle señalizada a mano izquierda que conduce al monasterio románico de San Salvador. Desde el monasterio y tomando la orilla del río Nonaya, sube el camino hacia Sobrerriba; se cruza la carretera y se sigue el camino que en suave descenso lleva hasta unas canteras de arena, que atraviesa para tomar la carretera local, apenas sin tráfico, que conduce al pequeño pueblo de Llamas.
LLAMAS-PORCILES. 12,2 km.
Pasado el caserío de Llamas, se continúa por la carretera local, hasta tomar a la derecha una pista que conduce hasta la iglesia de Santiago de Quintana, visible desde el inicio de la pista. Por la derecha y junto a la fuente de Santiago, el camino sigue recto, llevando a su derecha el río Nonaya. Al llegar al primer puente, sin cruzarlo, se toma el camino que por la izquierda sube hasta un pequeño bosque, que atraviesa, hasta alcanzar el camino que lleva al puente de Casazorrina, quedando, tras cruzarlo, el río Nonaya a la izquierda, a escasos metros del caserío de Casazorrina. Frente a las últimas casas, el camino pasa un puente de madera sobre un riachuelo y llega a La Debesa, antigua venta. Alcanza luego el camino la carretera general, que cruza, para subir suavemente hasta Mallecín y luego, tras pasar por Casa Buxu, antigua venta, entrar en la villa de Salas. Tras ver en la villa de Salas su bella colegiata de Santa María, el Camino, siguiendo la margen derecha del río Nonaya, asciende suavemente hasta alcanzar la carretera en El Llanón. Seguiremos la carretera general unos 700 m hasta alcanzar en su margen izquierda las ruinas de unas casas, desde donde parte un camino que sube hasta las casas de Porciles.
PORCILES-SANTA EULALIA DE TINEO. 10,3 km.
Corto tramo, que nos lleva desde la parte baja del pueblo de Porciles, por el denominado Camín de Misa hasta el crucero e iglesia de Bodenaya. Allí se cruza la carretera general para tomar el camino que, paralelo a la misma por su derecha, lleva hasta la iglesia de La Espina. En el cruce de carreteras, se toma la que conduce hacia Tineo, y en ella, justo junto a la última casa de La Espina, denominada Casa El Cándano, el camino la abandona hacia la derecha, ascendiendo suavemente hacia La Pereda, entrando junto a la capilla del Cristo de los Afligidos, para descender hasta la parroquial de Santo Tomás.
Frente a la iglesia de La Pereda, junto al denominado Prado del Hospital, el camino, hormigonado, sube hasta la parte más alta del pueblo; allí, tomando a la izquierda un ancho camino, que pasa ante las casas de El Espín y Bedures, se desciende hasta la carretera, que hay que recorrer un breve trecho hasta alcanzar la iglesia de los Santos Justo y Pastor, en El Pedregal. Frente al crucero sito al lado de la iglesia y cruzada la carretera, el camino la abandona hasta llegar ya a Tineo. Este camino, ancho y cómodo, nos lleva hacia Santa Eulalia, pasando antes junto a dos molinos de agua, y entrando en la localidad junto al cementerio.
SANTA EULALIA DE TINEO-BERRUGOSO. 14 km.
En Santa Eulalia, junto a la iglesia parroquial, tomamos el camino que sube a Zarracín. Allí, en la encrucijada, se sigue el camino de la izquierda, de frondosos robles y grandes losas de piedra. Desde él se divisa en un alto la capilla de San Roque. Desde allí y siguiendo el Camín francés o Paseo de los Frailes, entra el camino en la villa de Tineo, por el barrio de Cimadevilla, junto al antiguo convento de San Francisco, hoy iglesia parroquial de San Pedro. Entre la iglesia y el antiguo hospital de peregrinos, hacia la derecha, sale el Camino por el denominado barrio de La Fuente y mediante una suave y prolongada pendiente, a media ladera, sube hasta Las Canteironas. Aquí el camino sigue el trazado de la carretera hasta Piedratecha. En el alto, a la izquierda de la carretera, un camino trazado entre un denso bosque, desciende directamente al monasterio de Santa María la Real de Obona, al que se accede tras cruzar por un puente el río Deyna. Desde el monasterio de Obona hay que desandar un corto trecho hasta cruzar de nuevo el río y allí tomar el camino que sale a la derecha y que asciende hasta las casas de Villaluz. Ya en la capilla de Villaluz, vuelve el camino a fundirse con la carretera, que ha de seguirse, pasando por Vega del Rey, hasta llegar a Berrugoso.
BERRUGOSO-POLA DE ALLANDE. 20,9 km.
Continuando por la carretera se alcanza Campiello, El Espín y Borres. Se sigue el camino que sube al cementerio de Borres, desde el cual se desciende una pequeña colina hasta la carretera, que ha de seguirse hasta Sambrismo y Las Morteras. Allí, el peregrino debe optar por uno de dos caminos: o ascender a la sierra y seguir el camino de los Hospitales, o continuar hacia Pola de Allande siguiendo hacia Porciles. Para salir de Las Morteras, el Camino sigue la carretera hasta el caserío de Colinas de Arriba y luego Porciles, atravesando el poblado. Se sigue por la carretera, ascendiendo hasta el Alto de Lavadoira. Dejamos la carretera por una pista que sale a la izquierda de la misma, se desciende a Ferroy y de allí a Pola de Allande.
POLA DE ALLANDE-MONTEFURADO. 8,4 km.
Tras cruzar la población, un camino que cruza un puente a la izquierda nos conduce a El Mazo, para desde aquí acometer la subida al Panchón, fuerte ascensión por una senda que sigue el tendido de una línea de alta tensión. El camino es solitario. Tras 3 km y medio de ascensión, el camino alcanza la carretera que sube al Palo y que ha de seguir unos 5 km hasta llegar al pequeño caserío de Montefurado.
LAS MORTERAS-HOSPITALES. 8,9 km.
Si el caminante opta por abordar la ruta más directa, tomará en Las Morteras el camino de Hospitales, áspero y pendiente al principio, para hacerse más llevadero posteriormente y entrar en el concejo de Allande, por la zona conocida como Laguna Grande. Desde la Laguna, el camino discurre por una campera, viendo al fondo las ruinas del hospital de Fonfaraón. Desde allí, tras ascender unos 800 m de pendiente, el camino desciende hacia el Hospital de Valparaíso. Todo el camino se recorre en la más absoluta soledad, sin atravesar ningún núcleo poblado.
HOSPITALES-MONTEFURADO. 7,5 km.
Desde las ruinas del Hospital de Valparaíso, el camino lleva hacia La Marta. Discurriendo junto a la laguna del mismo nombre y teniendo a la vista el Pico Cimero, se alcanza la carretera, durante un pequeño trecho, para tomar el camino que pasa por la Fana de la Freita, antigua explotación aurífera romana, y por la cueva de Xuan Rata, cruza la carretera Pola-Grandas y continúa hacia Montefurado.
MONTEFURADO-BERDUCEDO. 7,7 km.
En Montefurado se unen los dos ramales. Aquí el camino abandona de nuevo la carretera. Sale del poblado por la izquierda, bordeando una pequeña loma. Al llegar a la carretera, la cruza y transcurre paralelamente a la misma hasta llegar a Lago. Al salir de Lago el camino, hacia la derecha, se introduce en un bosque de pinos, que atraviesa hasta llegar a la carretera, que cruza para tomar a la izquierda el todavía conocido por los vecinos como Camín Francés, que conduce hasta Berducedo.
BERDUCEDO-PRESA DEL EMBALSE. 11,1 km.
De Berducedo, el camino sale al finalizar el caserío hacia la izquierda, ascendiendo suavemente hasta la iglesia de La Mesa. A la derecha de la iglesia parte una pista asfaltada que sube hasta el pueblo de Buspol, que tiene una pequeña capilla. Frente a ella, el camino baja, hasta las aguas del embalse, bajo las que se encuentra el antiguo puente y pueblo de Salime. El descenso es impresionante, teniendo como fondo las aguas embalsadas del río Navia. Poco antes de llegar al embalse se toma el camino real, a la derecha, que nos lleva hasta la presa del embalse, por donde se puede cruzar el río Navia.
PRESA DEL EMBALSE-PADRAIRA. 11 km.
Desde el muro del embalse el camino sigue el trazado de la carretera. A 3 km, junto a un puente y a un pequeño depósito de agua, se toma un camino a la derecha que evita las últimas curvas de la carretera, volviendo a retomarla unos 500 m antes de entrar en Grandas de Salime. Allí se llega a la iglesia de San Salvador, que rodea el camino por su parte posterior hasta volver a la carretera, para luego tomar un bello camino hasta La Farrapa, donde una vez más la carretera lleva hasta Cereijeira, desde donde parte a la derecha el camino que llega hasta Malneira. Desde él pronto se divisa el pueblo de Castro, que atraviesa. Junto a la capilla y entre las casas de Castro parte el camino que, faldeando el monte a media ladera, lleva hasta la capilla de San Lázaro y al pueblo de Padraira.
PADRAIRA-ALTO DEL ACEBO. 7,5 km.
Desde Pradaira el camino continúa, llevando la carretera a su izquierda, durante más de 2 km. Se vuelve a tomar la carretera, que al poco entra en Peñafuente. El camino sale de Peñafuente a la derecha de la carretera e inicia la subida al Alto del Acebo, llevando siempre como referencia la citada carretera a su izquierda. En El Acebo concluye el recorrido asturiano del Camino Interior, que en este lugar penetra en la provincia de Lugo.
Palacio del Marqués de San Feliz
| Lena |
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Palacio del Marqués de San Feliz pertenece a la población de San Feliz —que cuenta con 42 habitantes y está a una distancia de 1,5 kilómetros de la capital del concejo: Pola de Lena— formando parte de la parroquia de Pola de Lena en el Concejo de Lena del Principado de Asturias.
Estación de Esquí Valgrande-Pajares
| Lena | 985 957 097 | E-mail |
Ir a Estación de Esquí Valgrande-Pajares
Servicios: Cafetería y restaurantes, alojamientos, servicio médico, escuela de esquí, alquiler de equipos, telesquís, telesillas, parking, snow park, jardín de nieve.
Cómo llegar: Desde cualquier punto del centro de Asturias, esa mancha unida por las poblaciones de Avilés, Gijón, Mieres y Langreo que tiene a Oviedo y Siero en el centro, podemos llegar a Pajares en poco más de media hora, y además en las máximas condiciones de seguridad.
Las autopistas y autovías nos llevan hasta Campomanes, pueblo del concejo/municipio asturiano de Lena que dista 6 km de Pola de Lena (La Pola), capital municipal. Desde allí, apenas 14 km de un puerto conocido, el Pajares, con una calzada amplia dotada de un asfalto antideslizante y doble guardarraíl.
Al coronar el puerto, dejamos el Hotel Pajares a la derecha. Unos 500 metros más adelante, tomamos el desvío hacia el Brañillín. La carretera de acceso a la estación es de un solo sentido.
UNA ESTACIÓN PIONERA
Sinónimo de deporte y turismo, Valgrande-Pajares, una de las estaciones de esquí pioneras en España, es un claro referente de los deportes de invierno en el ámbito nacional. Como afirmaba (año 2004) Hugo A. Morán, alcalde de Lena (concejo/municipio donde se ubica aquélla), con motivo de celebrarse su cincuenta cumpleaños: «Aquellos primeros tiempos de la estación, con la puesta en funcionamiento [año 1954] del remonte de La Cerra [en la trasera del parador de Pajares] y posteriormente de La Picarota, supusieron el inicio de la gran aventura blanca de Asturias. La nieve pasó –en muy pocos años– de ser un elemento hostil, que mediatizaba la vida de muchos pueblos del concejo, a una bendición para el deporte. El esquí atrajo a miles de asturianos que en muy pocos años provocaron con su demanda la ampliación de la estación».
En su puesta en marcha tuvieron mucho que ver el entusiasmo de un grupo de aficionados, la visión de José María Suárez, fundador del primer hotel en el alto del puerto de Pajares –que luego pasó a ser parador nacional–, y la dedicación a la misma de uno de sus hijos, Jesús (Chus) Suárez-Valgrande, quien hizo montar en 1954, al principio a través de la Sociedad Astur-Leonesa, y años más tarde como delegado provincial de Deportes, tanto el primer telesquí asturiano en La Cerra como, seguidamente, una vez construida la carretera al Brañillín, los remontes de La Picarota, Abedules, Dulceladueña, La Hoya, el primer telesilla del Cuitu Negro, los telesquís del Valle del Sol, Arroyo, Fuente la Reina, la escuela de esquí, cafetería... Durante décadas, Suárez-Valgrande, como director de la estación, contribuyó con su esfuerzo a que la misma prosperase.
Posteriormente, tras años sin inversiones, la Dirección General de Deportes del Principado de Asturias inició, a finales de los 90, un importante esfuerzo de modernización de lo mucho ya existente: inversiones en nuevos telesillas, remontes mecánicos, cañones de nieve, paraventos, trabajos en pistas, reformas en las edificaciones, etc., ofreciendo unas instalaciones adaptadas a las exigencias actuales, para disfrute y goce no sólo del esquí en distintas modalidades (alpino, snowboard, travesía, esquí de fondo), sino también de un buen número de actividades alternativas (senderismo, rutas de bicicleta de montaña, trial, rutas 4 x 4, barranquismo, parapente, etc.).
HISTORIA DE LA ESTACIÓN
Los pioneros
El afán de conquista y disfrute de la naturaleza más agreste propia del romanticismo de finales del siglo XIX y comienzos del XX impulsó el deporte del esquí en casi toda Europa y también en España. El Cantábrico no fue una excepción. Como en Candanchú, La Molina, Nuria o Navacerrada –junto con Pajares forman el grupo de estaciones pioneras–, el paso del ferrocarril por una cota alta en la que la nieve era habitual todo el invierno resultó clave a la hora de fijar el primer enclave para el desarrollo del deporte blanco. El resto es cosa del entusiasmo de un grupo de aficionados que, visto desde la perspectiva de muchos años después, resulta casi épico. Jesús Suárez Valgrande, su familia y, sobre todo, el grupo de personas que consiguió aglutinar alrededor de este deporte han escrito la historia del esquí en el Cantábrico, que tiene en los montes y la estación de Pajares su origen y el gran motor de su evolución.
El arranque de la estación de Valgrande-Pajares, con la inauguración del telesquí de La Cerra en enero de 1954, no fue sino un paso lógico entre el grupo de entusiastas que llevaba practicando el esquí en la zona con asiduidad desde el final de la Guerra Civil. El esquí, como medio de transporte puro y duro, tiene desde luego más antigüedad entre quienes debían desplazarse por el puerto. El esquí, como deporte, comienza a gestarse cuando el padre de Jesús Suárez Valgrande construye el Hotel de Pajares en la década de los años 20.
Natural y vecino de la Flor de Acebos, el padre de Chus Valgrande vio en el alto del puerto un enclave ideal para sacar rendimiento al hotel, más que nada como parada obligada y refugio a la hora de atravesar el puerto en cualquier época del año. Fue su hijo, Jesús, quien vio en la nieve y el esquí la gran pasión de su vida. Aquel primer establecimiento hotelero y la posibilidad de llegar en ferrocarril –tras caminar cinco kilómetros desde Busdongo– trasladaron a Pajares a los primeros entusiastas.
En el sótano de un hotel, un carpintero construyó los primeros esquís a base de los largueros utilizados en los toneles de vino. Los ingenieros europeos que llegaron a Asturias y al norte de León para la explotación de minas y las primeras industrias resultaron decisivos para «ilustrar» a los aficionados asturianos sobre las primeras nociones de técnica, la construcción de esquís o el diseño de la ropa adecuada.
La traducción de algunos libros y, como siempre, el entusiasmo desbordante de estos pioneros, lanzaron definitivamente el deporte blanco en Pajares. El resto del país también vivió este auge en otros puntos. La pujante burguesía catalana encontró en La Molina el lugar idóneo, mientras que Navacerrada aglutinó a los aficionados de Madrid. Candanchú concentró desde entonces a la línea más militar, que ha tenido no poca importancia en el desarrollo de este deporte.
No tardaron en organizarse los primeros campeonatos de España. Jesús Suárez se proclamó campeón varios años y cristalizó su hegemonía acudiendo a los Juegos Olímpicos de Garmisch-Partenkirchen, en el corazón de la Alemania nazi, en 1936. Y cosas del destino, Chus era el abanderado del equipo español enarbolando la enseña tricolor de la república.
La Guerra Civil paralizó la actividad pero ni mucho menos ahogó la afición. El final de la contienda española en 1939 supuso el paso definitivo para la evolución del deporte blanco. El comienzo de los años 40 supuso el empujón definitivo del esquí en Pajares con tres focos de aficionados bien diferenciados por su origen: Oviedo, Gijón y León, todos ellos aglutinados por Jesús Suárez, que desde aquel momento incorporó a su apellido el topónimo de los montes que dieron sentido a toda su vida: Valgrande.
Las estrechas relaciones entre el régimen del general Franco y la Alemania de Hitler llevó a Pajares al primer profesor: el austriaco Walter Foeguer, un esquiador con una técnica depurada y una disciplina típicamente europea. Su técnica de esquí, de la escuela austriaca, sentó las bases de la forma de esquiar en Pajares y que siempre ha importado la Escuela Española de Esquí, en la que tuvo menos influencia la línea francesa de Emile Alais. Aunque pocos lo sepan, Foeguer da nombre a una de las pistas de La Picarota que desciende con más pendiente hacia el llano donde arranca el telesquí de Abedules.
Foeguer fue el primer profesor de tres grupos de aficionados localizados en Oviedo, Gijón, en menos medida Mieres, y León. La tienda sastrería de Juanito Montes, en uno de los locales que hoy ocupa la confitería Ovetus, en la calle de Uría, fue el centro de reunión, planificación y tertulia de los aficionados ovetenses. Arturo Buylla, Boto, los hermanos Benedé, Mario Carreño o Tely Lana aún recuerdan aquellos días en «los que nos tomaban por locos», señala la incombustible esquiadora. A mediados de los 40 eran ya una veintena de aficionados habituales que fletaban un autobús cada fin de semana.
Recibían revistas por correo y «Juanito Montes copiaba los diseños para hacernos la ropa en la sastrería», explica Tely, que recuerda con cierto miedo aún el trayecto desde la actual Junta del Principado, donde les dejaba el autobús –entonces era Diputación–, hasta su casa en Uría: «Los chicos te escorrían y te gritaban porque no entendían qué hacías así vestida, con aquellos esquís al hombro. No entendían nada».
Los esquís se pedían por encargo a Madrid o Barcelona. Los primeros eran de una sola madera, «pero para mis primeras carreras me los hicieron con dos maderas. Aquello era la bomba», recuerda entre risas Tely Lana. El Club Alpino Peñaubiña concentró a buena parte de este primer grupo de habituales de Oviedo.
El Grupo Cultural Covadonga y el Torrecerredo fue la génesis entre los aficionados de Gijón. De hecho, el Grupo construyó un refugio en el alto de Pajares, del que hoy no queda nada, justo al otro lado de la carretera donde estaba construido el antiguo hotel de Valgrande, unos metros hacia Asturias del actual enclave del Hotel de Pajares.
Kity Canga, principal rival de Tely Lana durante años y años de competición, era una de las habituales. Tiene 84 años, pero aún recuerda que «lo pasábamos bomba. Durante años esquiábamos sin ningún remonte y cuando se abrió La Cerra fue algo espectacular». Su hermano Colín, ya fallecido, Cipriano Cuesta, Nico Ochoa y su esposa Maribel formaban parte de aquel primer grupo de Gijón que acudía a Pajares a mediados de los años 30. Este grupo contó, además, con uno de los primeros niños-esquiadores: César Guisasola. Con apenas nueve años, era uno de los alumnos preferidos de Walter Foeguer y algunas fotografías dan constancia de ello en 1941 y 1942. Guisasola comenzó a subir a Pajares con su padre, pero no tardó en viajar solo en compañía del resto de los aficionados de Gijón. «Cogíamos el tren de las seis de la tarde que nos dejaba en Busdongo a las 12.00 de la noche. Y desde allí caminando hasta el refugio del Grupo o al hotel de Chus. Ya te puedes imaginar el frío. Sólo teníamos una parada por el camino, Casa Kiko, para calentarnos con algo y seguir camino». Ceferino Mateo, otro de los pioneros de Gijón, recuerda que regalaban unas botellas de vino al conductor del tren para que detuviera el convoy unos segundos a la salida del túnel de La Perruca, en Arbás. «Teníamos que tirar todo el material y casi saltar en marcha», explica Mateo, que recuerda que hasta 1943 había un paso a nivel entre el pueblo de Pajares y las rampas más fuertes. «Los camiones no podían frenar y se llevaban continuamente las portillas por delante».
El grupo de pioneros de Mieres estuvo compuesto inicialmente alrededor de Guzmán Tuñón, Sabino González y Enrique Espina; este último sigue esquiando a punto de cumplir 80 años. «A partir del año 39 a 41 los aficionados, que habíamos comenzado a esquiar en Mieres, en la finca de la Rotella, propiedad de los Buylla, se multiplicaron con el Frente de Juventudes, la única organización de las que se podía echar mano para hacer deporte», recuerda Espina, que no pocas veces subía la bici en el tren. «Dormíamos en la buhardilla del hotel de Jesús y el domingo bajábamos esquiando hasta Fierros o en bici».
Junto a los pioneros de Oviedo, Gijón y Mieres, la zona de Pajares comenzó a generar también esquiadores, no sólo Jesús Valgrande. En aquellos primeros años 40 ya esquiaban Fernando Suárez, Saso, Camisiro, Chuso y los González de Lena, mientras que de Busdongo lo hacían Manolín Vegalamosa y Galarraga.
¿Pero quiénes eran capaces de afrontar semejante aventura cada fin de semana? Esa característica resultó común en Oviedo, Gijón, Mieres o León. «Éramos gente que nos gustaba mucho el deporte. Todos practicábamos varias disciplinas y, además, sentíamos una atracción especial por la nieve», recuerda Guisasola.
La pala de La Cerra y, al otro lado de la carretera, en La Calera –donde actualmente están las naves del MOPU– completaban la zona habitual de aquellos años 40 para practicar el esquí. «Subíamos en escalera para pisar la nieve y luego descendíamos», recuerda Tely Lana. «Ya te puedes imaginar que todos estábamos en una gran condición física. Hacíamos unas cuatro bajadas por la mañana y otras cuatro por la tarde, lloviera, nevara o hiciera sol», recuerda Guisasola.
El letrado de ahora 70 años –aún esquía y muy bien– acudió a los primeros campeonatos de alpino a Candanchú en 1948. La estación aragonesa ya disponía de un telesquí en el Tobazo. La diferencia era radical. «Había mucho más nivel y era lógico. En Candanchú podías bajar una pista de casi un kilómetro 20 veces y no te agotabas subiendo. Además, con tanta bajada, la pista estaba mucho más pisada. La conclusión es que esquiabas de verdad y era la forma de aprender. En Pajares te morías subiendo a pie y bajando entre nieve sin pisar».
La construcción de un remonte mecánico estaba en la mente de todos los que, por una razón u otra, conocían estaciones que ya los habían instalado, y el primero, Chus Valgrande. Pero eran tiempos difíciles y obtener dinero para la creación de una empresa, solicitar créditos o importar material sonaba a ciencia ficción.
Chus Valgrande fue ante todo un deportista y siempre dio al esquí un sentido de competición, más allá del envoltorio lúdico o de ocio. Así que en aquellos difíciles años 40, intentó que «sus» esquiadores pudieran disponer de pistas más largas para entrenar campeonatos a celebrar en otras estaciones.
Algunos días de buen tiempo organizó excursiones a la zona de La Picarota y Dulce la Dueña e, incluso, ascensiones al Cuitu Negro. El grupo partía a primera hora de la mañana del hotel, ascendía a La Cerra y bajaba después hacia el Brañillín. «Lo peor era pasar la cascada antes de llegar a las cabañas de los pastores», recuerda Guisasola. Hoy, esa cascada se pasa por un puente difícil de ver en invierno. En verano, Eugenio Soto organiza cursos de iniciación al descenso de cascadas justo en ese enclave. Las cabañas estaban situadas en el llano que existe entre el albergue del CAU y los telesquís de La Hoya y el Arroyo. «Recuerdo que en una ocasión estuvimos 15 días en las cabañas del Brañillín», señala Espina.
«Subíamos toda la mañana y llegábamos rendidos al Cuitu Negro, pero luego merecía la pena. ¡Qué bajadas!», recuerda Guisasola. En aquellos momentos, «ya veíamos que aquella zona tenía grandes posibilidades», recuerda Tely Lana, que, como Guisasola, también conocía otras estaciones por acudir a campeonatos de España.
Esos viajes a las competiciones tampoco estaban exentos de épica. En una ocasión, César Guisasola, Pacho Rovés y Manolo Morán –que después sería olímpico en Squaw Valley 1960– completaron una auténtica travesía para llegar a Candanchú. La nieve entre Pajares y Busdongo les retrasó la caminata y perdieron el expreso a Madrid. Se vieron obligados a coger un mercancías hacia León en un vagón de carga con las puertas abiertas. «Imagínate el frío». Después, esperar en la estación por otro tren a Valladolid. Otra vez varias horas en la estación para coger un tren a Madrid. «Allí dormimos en un piso que tenían unos familiares de Pacho». Y de Madrid a Zaragoza, luego a Huesca, después a Jaca y otro tren a Canfranc. «Cuando llegamos, los campeonatos ya estaban por la mitad».
Guisasola cambió su domicilio de Gijón a León a finales de los 40 y tuvo ocasión de conocer a los pioneros del esquí del otro lado del Pajares. Diego Mella era uno de ellos y junto a él, otra persona clave, Sterling, un ingeniero suizo que llegó a las minas de Sabero y que «nos enseñó la técnica de telemark, que dominaba a la perfección».
Incluso acudían a visitarlo a Sabero en bicicleta. Partían desde Pajares, llegaban a Boñar y luego a Sabero. Después regresaban por el antiguo Riaño –hoy bajo las aguas del pantano– y regresaban a Oviedo por el puerto del Pontón. «La carretera era de grijo y los puentes, que se habían destruido durante la guerra, eran pontones de madera que atrapaban las ruedas de la bicicleta. Caíamos una docena de veces en todo el trayecto».
Ceferino Mateo acompañó a Chus Valgrande a los Juegos de Cortina. Chus fue con el resto de la expedición española, entre la que se encontraba el marqués de Portazgo, también piloto de F-1. Mateo lo hizo días después. Se propuso ir desde Gijón en moto, una Sanglas, pero llegó a Barcelona con síntomas de congelación. «Pedí a un sereno que me indicara alguna pensión. Eran las dos de la mañana y estaba casi desmayado. Me indicó una casa y no pregunté mucho. A la mañana siguiente me di cuenta de que era una casa de citas. Salí corriendo y cogí un tren a Italia. Llegué a Cortina y me presenté como el marqués del Felechu. Así firmé muchos autógrafos como ayudante del alineatori».
La gestación de la estación
Los viajes a campeonatos en los que se veían otras estaciones, el creciente número de personas que acudían a Pajares, la mejora de la técnica y el tímido arranque de la economía española en el paso de los 40 a los 50 hacían ya inevitable el nacimiento de una estación de esquí, la instalación del primer remonte.
Jesús Suárez poco hubiera podido hacer de no haber estado rodeado de entusiastas que pertenecían en muchos casos a familias bien posicionadas y con medios y contactos para encontrar el camino de la génesis de una estación de esquí. Y contando, además, con que no todo el mundo tenía la misma idea de cómo llevarla a cabo, ni siquiera de la misma ubicación.
Mientras Jesús Suárez estaba convencido de iniciar la estación por La Cerra y crecer hacia el Brañillín y después a Cuitu Negro, un grupo de personas, encabezado por Juan Blas Sitges, estaba convencido de que la estación debería ir a otro enclave por Tonín hacia Brañacaballo. Los roces entre Sitges y Valgrande fueron sonados.
Porque, a pesar de que todo el mundo parece estar de acuerdo en que en aquellos años la nieve era mucho más abundante, no es exactamente en la proporción en la que se piensa. A falta de datos objetivos, la memoria de los pioneros es la única base. En los años 40 o 50 no existían máquinas para limpiar la carretera, así que en seguida había que tirar de pala para limpiar la calzada y con 20 o 30 centímetros ya se cerraba al tráfico. «Además, estábamos acostumbrados a descensos de 100 o 200 metros. Éramos muy pocos y nos servía cualquier nevero. Es verdad que esquiábamos todo el invierno, pero hoy no podría hacerse en aquellas condiciones de nieve», explica César Guisasola.
El letrado recuerda que ya en aquel tiempo «era evidente los problemas que acarreaba la cercanía del mar y la altura. La nieve era muy diferente a la de los Pirineos o Navacerrada». Esquiar subiendo a pie en cualquier lengua de nieve o nevero era una cosa y establecer el primer remonte y el futuro crecimiento de una estación otra muy diferente.
Con la llegada de los años 50, el esquí era habitual y relativamente popular ya en Pajares. El Club Alpino Peñaubiña subía desde Oviedo con uno o dos autobuses que recogían a gente en Mieres, del grupo Vetusta salía otro, del Torrecerredo de Gijón, otro más, además del que salía del SEU. Muchos aficionados a la montaña estaban descubriendo también el esquí.
Así que se creó una primera sociedad, La Cerra, para comprar el primer remonte. Se trataba de conseguir una aportación de bonos convertibles de 500 pesetas, una cifra nada sencilla de reunir en la época. En aquel momento, el sueldo mínimo interprofesional era de 36 pesetas. 500 pesetas equivalían a un buen sueldo de un profesional de la época del tipo ingeniero, médico o abogado.
El primer remonte mecánico
Mario Carreño, el hombre de confianza en la contabilidad de Jesús Suárez Valgrande, realizó un viaje a los Pirineos en 1952. Uno de los puntos que visitó fue el Tourmalet y lo que era el primer paso de lo que luego creció como estación de la Mongie. «Allí vimos un hotel, con un telesquí en una pista cercana. Se nos encendió la luz. Era justo lo que necesitábamos en Pajares», recuerda Carreño. Así que preguntaron por el fabricante de aquel ingenio en el hotel y fueron a visitarle a Grenoble. Se trataba de un «talleruco» que regentaba Jean Pomagalski, un manitas huido de Polonia con la Segunda Guerra Mundial. Entonces estaba empezando y sólo había montado el remonte del Tourmalet y había patentado el sistema Poma, que consistía en una pinza móvil en las perchas para el sistema automático, que luego se hizo tan popular.
Pomagalski estaba empezando y no podía dejar escapar la oportunidad de introducirse en España, a pesar de las dificultades que entrañaba el comercio con un país aislado por la comunidad internacional. Así, cogió su Citroën 2CV y se plantó en Pajares para estudiar la construcción sobre el terreno.
En el verano de 1953 envió todas las piezas por ferrocarril, pero el vagón fue detenido en Hendaya por la falta de documentos para importar. Francisco Labadíe, entonces gobernador civil, y el notario Pedro Caicoya firmaron una letra de cambio como aval y arreglaron las cosas como pudieron para desbloquear el transporte. Las piezas llegaron por fin, se montaron y la Sociedad La Cerra pagó 316.154,70 pesetas. La mayoría de ese dinero se recaudó con los bonos convertibles, de los que algunas personas adquirieron varios, mientras que el Frente de Juventudes se hizo con casi 100.000 pesetas.
El telesquí se inauguró el 17 de enero de 1954 y Chus Valgrande no pudo asistir a la inauguración porque su mujer estaba ingresada en Oviedo para dar a luz. «Voy a tener dos hijos», decía emocionado tras tantos esfuerzos.
El crecimiento
La Cerra, situada junto al recién estrenado Parador de Turismo de Pajares, pronto se quedó pequeña. Las fotos de la inauguración ya recogen colas de esquiadores y, además, «ya se veía que la nieve iba escaseando y teníamos que buscar cotas más altas». Todo el mundo pensaba ya en las laderas de Celleros y las de Cuitu Negro como lugar de crecimiento. Durante todos los años anteriores, todos los aficionados las habían descendido alguna vez después de subirlas a pie.
Jesús Suárez fue nombrado delegado provincial de Deportes y eso facilitó el crecimiento, aunque lo «asturianizó». A finales de los años 50 se creó la Sociedad Deportiva Asturleonesa. El crecimiento natural debía ser por La Picarota y allí se instaló el segundo telesquí. Las sucesivas ampliaciones de capital dejaron cada vez con menos poder de decisión a los aficionados que habían adquirido los primeros bonos convertibles en acciones, aunque siempre disfrutaron de ventajas que hoy mismo perduran. Pero, paulatinamente, la Diputación Provincial fue haciéndose con el control y Jesús Suárez Valgrande, como delegado de Deportes, asumió definitivamente la dirección.
La economía española despertó a comienzos de los años 60 y la Diputación de León también quiso entrar a colaborar en el crecimiento de Pajares. Lograron reunir 10 millones de pesetas para inversiones, aunque Jesús Suárez Valgrande optó por renunciar a esas aportaciones en una de sus decisiones más polémicas. Ese dinero fue destinado a otro lugar y así nació la estación de San Isidro. Por su parte, Pajares estrenó el segundo telesquí, La Picarota, en 1964.
No fue sino el primer paso de otro proyecto que ya estaba gestando. En el año de inauguración del telesquí de La Picarota, ya se puso en marcha el proyecto de creación de la estación en sí en el Brañillín. Ese plan contemplaba la construcción de un telesilla hasta el Cuitu Negro, un telesquí en el Valle del Sol, un telesquí en La Hoya y la reordenación del terreno para comenzar a construir la urbanización de la estación. Era el sueño de todos los esquiadores que habían subido a pie durante mucho tiempo hasta el Cuitu Negro para descender sus laderas. Era también el sueño de construir una verdadera estación de esquí con carretera, urbanización y servicios como muchos de esos deportistas habían visto en estaciones de Europa.
La estación se hace realidad
Ese anhelo se hizo realidad en el invierno de 1969 con la inauguración de la carretera al Brañillín, el telesilla Cuitu Negro, el telesquí Valle del Sol y el telesquí de La Hoya, la red de remontes mecánicos para colonizar las laderas del Cuitu y que durante muchos años fueron el núcleo de la estación y en muchos sentidos lo siguen siendo. En realidad, sigue siendo el principal dominio esquiable de Valgrande-Pajares. Llegó también la primera máquina pisapistas y dos años después la primera quitanieves.
Entre 1969 y 1970 se construye el edificio de la cafetería y el Club Albergue Peñaubiña. A continuación, se inician las obras del Albergue Universitario. Pajares ya es una estación de esquí y vive el segundo boom del deporte blanco. El primero tuvo lugar en los años 40 y el tercero llegaría con los 90 en Asturias y en toda España.
Uno de los grandes aciertos de Chus Valgrande, apoyado en todo lo que había visto en estaciones de toda Europa, se centró en cuidar la urbanización, tanto en el estilo de construcción uniforme para todos los edificios, como en el requisito fundamental de que se construyeran plazas de garaje en los sótanos para evitar los colapsos de vehículos que el propio Valgrande había visto como problema en otras estaciones.
A lo largo de los años 70 la estación siguió creciendo. Lo hizo fundamentalmente la urbanización, con la mayoría de los edificios que hoy la componen, pero también en remontes mecánicos. Fuente la Reina, Dulce la Dueña, Abedules, Valgrande y El Arroyo ampliaron el dominio esquiable y, sobre todo, la capacidad de transporte en un lugar que ya era un centro turístico de primer orden.
El esquí se convirtió en un deporte relativamente popular y abierto a casi todos los niveles sociales. La organización de competiciones vivió su mejor época. La primitiva federación norte, que englobaba a Asturias, León, Santander y Palencia, se convirtió en los 60 en Asturleonesa, y en los 70 ya se desligó definitivamente. Pero la organización de pruebas, que había sido una característica clave, incluso en los tiempos en los que aún no estaba instalada La Cerra, se mantuvo como seña de identidad de la estación, tanto en fondo como en alpino.
A pesar de la colonización del Brañillín, las competiciones seguían teniendo lugar en muchas ocasiones en las pistas de la zona baja, sobre todo en La Picarota: «Recuerdo haber marcado cuatro pistas de slalom especial paralelas», recuerda Ángel González de Lena, hoy director de la Escuela de Esquí de la estación. El paso de La Cerra a La Picarota resultó un «shock» para los esquiadores, pero el paso al Brañillín suavizó las condiciones y acercó el esquí a los aficionados de cualquier nivel.
Ese sentido del deporte de competición que siempre mantuvo Chus Valgrande le hizo generar el que sería su último proyecto como director de la estación: la creación de una gran pista de competición en El Tubo. En 1984 se inauguró el telesilla Les Patines, el telesquí del Tubo y el stadium de competición en la ladera nordeste del Cuitu Negro. Casi simultáneamente se construyó el edificio de servicios de la estación, donde hoy están ubicados el taller, un hangar, las oficinas, la vivienda del director, la Escuela de Esquí y la tienda y alquiler de material.
Curiosamente, la inauguración de toda la zona del Tubo y Les Patines coincidió con el desmantelamiento del telesquí de La Cerra, que hoy figura en el Museo de Poma, en Francia. Dos años después, llegó la hora de jubilación de Jesús Suárez Valgrande. Con 70 años y una salud que comenzaba a dar síntomas de agotamiento, el fundador dejó paso a otras personas.
El principal y más acusado problema fue el cambio climático que afectó y afecta a toda las estaciones de esquí de todo el mundo. Pajares, a un paso del mar y con cotas que van desde los 1.400 a los 1.850 m, lo sufrió quizá más que ninguna otra. La escasez de inversiones tras las transferencias también supuso un lastre importante en la gestión de Álvaro Álvarez, que, además, debió luchar siempre con la huella dejada por Jesús Suárez Valgrande, su antecesor.
La segunda parte de los 80 resultó nefasta en cuanto a precipitaciones de nieve. En 1988-89, el invierno más caluroso del siglo en toda Europa fue especialmente nefasto. La estación abrió sólo durante una semana en el mes de abril.
Pero, cosas de la meteorología, el siguiente invierno resultó inmejorable de nieve. Comenzó a nevar en noviembre y el blanco elemento no desapareció de las pistas hasta junio. Muchos aficionados aún conservan forfaits de la segunda quincena de mayo. Un año después se inaugura el telesilla cuatriplaza Brañillín, que, junto a las fuertes nevadas, cambió la cara a la estación. Algo menos de 200 millones de pesetas dedicó el Principado a la instalación del remonte mecánico de gran capacidad para cubrir todo el área esquiable de la estación en la zona media y alta. Pajares recuperó la vitalidad y cosechó los índices de mayor afluencia de su historia. Y no sólo con turismo de día. Durante los 70 y 80 se fue consolidando un turismo de fin de semana y vacaciones en los clubes y edificios de apartamentos, con un ambiente nocturno importante que comenzaba con unas primeras copas en los clubes o la cafetería del telesilla, pasaba después a la discoteca del parador, y seguía luego, para los más animados, en Villamanín, Pola de Gordón e incluso en La Robla.
La década de los 90
Pajares apenas sufrió variaciones hasta 1999. Es entonces cuando se analiza la realidad de las instalaciones y una actuación contundente dividida en varios ejercicios. El trabajo en pistas, la dotación de un moderno sistema de producción de nieve y la instalación de un telesilla cuatriplaza en el Valle del Sol son el núcleo del plan de inversiones que han cambiado por completo la realidad de Valgrande-Pajares, el punto de partida de una reconquista de los aficionados que ya se ha dejado notar desde el primer momento. La reforma del Albergue del Club Alpino Peñaubiña y el del Toribión en coquetos hoteles de montaña y la instalación de una guardaría suponen otro paso en el relanzamiento de la estación. Hoy Valgrande-Pajares dispone de modernos remontes mecánicos, pistas anchas y cuidadas para poner en práctica las nuevas formas de esquí derivadas de la construcción carving, un snowpark para los snowboarders y una mejora sustancial en la hostelería y la restauración, todo a escasos minutos del centro de Asturias. Todo un lujo.
FUENTE: Estación invernal y de montaña Valgrande-Pajares, 1954-2004, revista del cincuentenario de la estación, con textos de Miguel Martínez Cueto y J. R. Rodríguez. Edit. Consejería de Cultura, Comunicación Social y Turismo. Dirección General de Deportes del Principado de Asturias. Oviedo, 2004.
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