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La investigación agraria: SERIDA

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LA INVESTIGACIÓN AGRARIA EN ASTURIAS: DE POMOLÓGICA A SERIDA

Pedro Castro Alonso

Dr. Ingeniero agrónomo

SERIDA

Para hablar de investigación agraria en Asturias hay que referirse a la Pomológica y llegar al actual SERIDA (Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario), sin perjuicio de las actividades que en materias relacionadas desarrollan instituciones como la Universidad de Oviedo o el CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas). Es una historia corta; en realidad no cabe hablar oficialmente de investigación agraria asturiana hasta que la Comunidad Autónoma recibió las transferencias del Estado en 1983-1984, si bien las raíces se remontan al inicio de la posguerra, en las granjas-escuela, que, como la que fuera la Pomológica, albergaron otros municipios como Grado, Siero o Gijón.

Por lo tanto, y sin salir del SERIDA, no sólo debemos referirnos a Villaviciosa y a la Pomológica. Tanto las instalaciones de Grado (Estación Experimental de La Mata), como las de Gijón (Laboratorio de Sanidad Animal en Jove, y Centro de Selección y Reproducción Animal, en Somió), todas ellas integrantes del SERIDA, tienen también su propia e importante historia, por mucho que sean más conocidas las instalaciones de Villaviciosa, tanto como sede principal de la Pomológica como de los antecesores del actual SERIDA, CIATA, IEPA o Centro de Experimentación Agraria.

No obstante, la línea principal de esta información se escribe desde Villaviciosa, entre otras cosas para tratar de modificar la foto fija que muchos asturianos, incluso los vecinos de Villaviciosa, tienen de la antigua Pomológica. Daremos, pues, una breve perspectiva histórica que les permita recordar y valorar la evolución a mayores de unas instalaciones que si fueron centro puntero en lo que se refiere a la manzana y la sidra, sin dejar de serlo, son hoy también sede de dos importantes centros de investigación y servicios: el SERIDA, que constituye la referencia autonómica y de gran parte de la zona cantábrica en materia de investigación ganadera, hortofrutícola y sidrícola, y el IPLA (Instituto de Productos Lácteos de Asturias), referente nacional del CSIC en materia de investigación sobre productos lácteos.

La Estación Pomológica

Corrían los años cuarenta. El Ministerio de Agricultura no llegaba a todo el territorio nacional y las Diputaciones Provinciales, en colaboración con el Instituto Nacional de Colonización, asumieron la responsabilidad de tratar de mejorar los medios y métodos de producción agraria en sus ámbitos territoriales, creando granjas-escuela orientadas fundamentalmente a suplir carencias de medios de producción como plantas y sementales, de servicios de asesoramiento, incluso la capacitación de agricultores y la formación reglada de jóvenes, función para la que recibirían apoyo del Ministerio, a través de la Dirección General de Capacitación Agraria.

En Asturias, la Diputación Provincial eligió Villaviciosa como sede de una de las tres granjas-escuela que había decidido crear (las otras dos fueron La Cadellada y la de Pola de Siero, aunque ya venía funcionando otra en Grado —de la que luego hablaremos— desde antes de 1936), para «difundir en beneficio de los agricultores de esta provincia y dar un mayor rendimiento a su suelo por medio de la enseñanza agrícola y pecuaria».

No fue ajeno a la decisión el Ayuntamiento de Villaviciosa, que mediante el correspondiente convenio de colaboración, suscrito en 1944, aportó las 280.000 pesetas con las que la Diputación compraría la primera finca (algo más de 8 ha), sobre las que en años sucesivos se irían construyendo edificios, plantando árboles y añadiendo nuevas fincas. La primera memoria anual de actividad data de 1948, y de ella se deduce un funcionamiento similar al desarrollado por la granja-escuela de Pola de Siero, cuya actividad está registrada desde 1946. La vocación pomológica se va marcando en memorias sucesivas, hasta la inauguración oficial en septiembre de 1956, en que pasó a denominarse de manera oficial y definitiva Estación Pomológica. Sin embargo, nunca abandonaría la sección ganadera, que había sido la primera, y tocaría también, en etapas posteriores y puntualmente, la actividad hortícola y forestal.

La infraestructura inaugurada en el año 1956 comprendía bodega experimental, cámaras frigoríficas para fruta, tres laboratorios de trabajo y uno de prácticas, aula para 30 alumnos, naves de maquinaria, almacenes y despachos. Durante la década de los sesenta se amplió la superficie con las fincas Pumarín, Baragañes, Samielles, Llavanderu y Pumaradona, hasta alcanzar las 60 ha, y se construía en una de ellas (Samielles) la Escuela de Capataces Hortofrutícolas (1968), hoy Escuela de Agricultura (reinaugurada en 1987).

La dirección de la Estación Pomológica fue ejercida, durante mucho tiempo (1955-1982), por Sergio Álvarez Requejo, ingeniero agrónomo, aunque le habían precedido en el cargo Ignacio Casado Huerdo —que permanecería en la plantilla como perito agrícola hasta entrados los sesenta— y el también ingeniero José García Gutiérrez.

La plantilla de personal se fue conformando y consolidando a partir del núcleo inicial, formado en los años cincuenta, que incluía, además del ingeniero director, un perito agrícola, un químico (Esteban Díaz Campillo, fallecido en 1990 como técnico del CEA), un maestro de bodega (Miguel Palacios Valderrama, fallecido en el año 1984, de transición de Pomológica a CEA), un capataz (Francisco Rendueles Cardín), un par de administrativos y una decena de operarios.

Cabe destacar que el equipo técnico se mantuvo prácticamente fijo, con refuerzos puntuales en áreas concretas, como los de los ingenieros Jesús Riesco Morán e Ignacio Sánchez Fombella (hortofloricultura) y Pablo Sánchez Miyar (Escuela de Capataces). Por el contrario, el número de operarios fue aumentando con la actividad, así como su especialización en las tareas hortofrutícolas, lo que posibilitaría la creación de un equipo móvil de asesoramiento que actuó por toda Asturias. La plantilla total era de 14 personas en 1955, de 23 en 1960, 28 en 1965 y de 38 en 1969, fecha en la que ya funcionaba la Escuela de Capataces. Esta plantilla varió poco durante los años setenta, manteniéndose en torno a las 40 personas hasta el momento de convertirse en Centro de Experimentación Agraria. La adscripción habitual era mediante contrato, ya fuese eventual o fijo, pasando después de un tiempo, por regla general, a funcionarios de la Diputación.

Quienes estén interesados en conocer en detalle la actividad desarrollada por la Estación Pomológica deben consultar las memorias de funcionamiento, disponibles en la Biblioteca del SERIDA. De paso, el lector curioso podrá encontrar referencias inequívocas de la época, que tenían su reflejo en este tipo de documentos, esencialmente técnicos, tales como la presencia de autoridades como el Gobernador Civil o el Presidente de la Diputación en inauguraciones y visitas oficiales, o el hecho de que un alumno aventajado de la Escuela de Capataces de Villaviciosa, campeón nacional de poda, hubiese sido recibido por el Caudillo en 1969.

De Pomológica a Centro de Experimentación Agraria

Con el Estado de las Autonomías, el Principado de Asturias asumió, entre otras, las competencias de investigación agraria hasta entonces desarrolladas por el Ministerio de Agricultura, a través del INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias). Con dichas transferencias (Real Decreto 3462/83 de 28 de diciembre), Asturias recibió como único patrimonio físico la Estación Experimental de La Mata (Grado), una finca de 20 ha y plantilla de 12 personas, hasta entonces dependiente del Centro Regional de Investigación y Desarrollo Agrario del Norte (INIA de Galicia), especializada en investigación forrajera y ganadera (que en su día había pasado de granja-escuela de la Diputación Provincial al INIA). Con esta base y las instalaciones de la Pomológica de Villaviciosa, que habían pasado a depender de la Consejería de Agricultura al extinguirse la Diputación Provincial, se creó el Centro de Experimentación Agraria, como servicio encargado de desarrollar las competencias de investigación agraria asumidas por dicha Consejería en virtud del Real Decreto de Transferencias.

Recuerdo bien esta etapa porque fui el responsable de dirigirla (1984-1993), llamado por el entonces Consejero de Agricultura, Jesús Arango Fernández, al que no le fue difícil animarme a venir desde mi puesto de investigador del INIA, en el Centro Regional del Ebro (Zaragoza). Como superior jerárquico directo estaba el hoy Consejero de Medio Rural y Pesca y entonces Director Regional de Agricultura, Santiago Menéndez de Luarca y Navia-Osorio. También debo citar en esta etapa a Manuel Coque Fuertes, entonces especialista de extensión agraria en fruticultura y que luego pasaría a responsabilizarse del Departamento de Hortofruticultura del nuevo servicio hasta su jubilación (1995), que sería comisionado para encargarse de las instalaciones durante el año de transición entre Pomológica y CEA.

La creación oficial del nuevo servicio tuvo lugar en 1985 (Decreto 20/85 de 21 de febrero), aunque la remodelación y ampliación de las instalaciones, que se había iniciado en 1983-84, no culminaría prácticamente hasta 1987. Hasta 1991 se conservaría la denominación de Centro de Experimentación Agraria (CEA), denominación que refleja la voluntad política de imprimirle un carácter eminentemente aplicativo y práctico, manifestada también por su adscripción inicial a la División de Coordinación Territorial y Promoción, que coordinaba la red de Oficinas de Extensión Agraria (que pasaron a denominarse Oficinas Comarcales de Agricultura y Centros de Información Agraria) y la Escuela de Agricultura de Villaviciosa (creada sobre la base de la Escuela de Capataces Agrícolas). Por necesidades de gestión, el CEA debió independizarse muy pronto de la estructura orgánica de la División, pasando a funcionar como órgano desconcentrado dependiente de la Dirección Regional de Agricultura.

En 1989, en terrenos anejos y construido bajo la gestión y presupuestos del CEA, se inauguraba también otra nueva infraestructura de investigación, el IPLA, fruto de un convenio Principado-CSIC, que funcionaría ya de manera autónoma como Instituto de este último organismo, dependiente del Ministerio de Educación.

La tarea encomendada al CEA, como a los servicios regionales de investigación agraria en otras Comunidades Autónomas, fue tratar de dar solución técnica, aplicativa, a los problemas y limitaciones de índole productiva y de calidad de los productos agroalimentarios claves de la región, por lo que el abanico de actividad se amplió notablemente respecto de la antigua Pomológica. El esfuerzo inicial por parte del Principado para la dotación de infraestructura y personal especializado debió ser mucho más importante que en otras Comunidades que partían con mejores estructuras de investigación (Cataluña, Aragón, Galicia o Valencia, por citar los casos más relevantes). Tampoco eran demasiado favorables otros factores clave, como la red de extensión agraria disponible, la capacitación de los agricultores o la propia capacidad técnica y operativa de las organizaciones y asociaciones de productores agrarios, factores de los que dependen en gran medida las posibilidades de concertación e implicación del sector en los procesos de investigación y desarrollo (I+D), que abarcan desde el diseño y desarrollo de los programas hasta la subsiguiente asimilación y aplicación de las tecnologías generadas.

No obstante, complementando ayudas del Principado y de otros organismos (INIA, Plan Nacional de Investigación, CEE), se consiguió montar una estructura de investigación superior a la de bastantes Comunidades Autónomas mejor dotadas de partida. El Convenio Marco con la Universidad de Oviedo y la presencia del sector y del Servicio encargado de la Divulgación en el Consejo Asesor de Experimentación Agraria y en el Comité de Coordinación y Seguimiento de la misma completaban un diseño adecuado para que funcionase el sistema. La participación en el Programa de Fincas Colaboradoras del Ministerio de Agricultura, aunque limitada por la escasez de recursos humanos y presupuestarios, permitió establecer una base necesaria para la correcta contrastación y extrapolación de resultados a condiciones reales de explotación, sin olvidar el efecto demostrativo que perseguía también este programa.

Fallaron, por el contrario, algunas previsiones claves que correspondía desarrollar, en el diseño inicial, a otros servicios, como el apoyo en divulgación y asesoramiento «a pie de explotación» y el desarrollo previsto de la estructura orgánica y consecuente dotación de la plantilla, congelada desde el Principado a partir de 1987, después del importante esfuerzo cuantitativo y cualitativo realizado en los años 85-87.

Sin embargo, la actividad se mantuvo en incremento constante en base al concurso de becarios y contratos temporales por obra o servicio, vías entonces facilitadas en ésta y otras Comunidades Autónomas sin demasiados problemas, tanto por los organismos financiadores de la investigación como por las administraciones gestoras de los Centros de I+D, lo cual fue asimismo clave tanto para llegar al nivel de actividad alcanzado como para explicar parte de la problemática laboral que comentaremos luego. Una aproximación a la actividad desarrollada por el CEA puede deducirse de los datos siguientes, correspondientes al año 1991.

Instalaciones en Villaviciosa
Biblioteca.
—Laboratorios: nutrición animal, sidras, fitopatología, carne, análisis instrumental.
—Lagar y bodega.
—Finca experimental de 90 ha, soporte de:
• 7 invernaderos.
• Colecciones de frutales y parcelas experimentales de hortofruticultura.
• Unidad de leche, con 60 madres, instalaciones de ordeño, estabulación, silos y parcelas.
• Unidad de carne, con 80 madres, cobertizos y praderas (28 ha adquiridas en 1983).

Dispone también de instalaciones en Grado y montes de Quirós e Illano.
—Unidades administrativas y técnicas, soporte de la actividad de investigación y servicio, estructuradas en los departamentos de Ganadería, Hortofruticultura, Forestal y Sidras.

Instalaciones en Grado, Quirós e Illano
Finca de 20 ha (Grado), soporte de ensayos pratenses y parcelas de pastoreo, con los correspondientes edificios e instalaciones para manejo de vacuno y ovino. Dispone también de colecciones de manzano y otros frutales.
—Fincas de montaña (Cueva Palacios, Quirós), de 65 ha, cercada, adaptada al manejo de vacuno y ovino.
—Finca El Carbayal (Illano), 120 ha. Vacuno, ovino y caprino.

Personal

La planta fija constaba en 1991 de 69 personas, 57 en Villaviciosa y 12 en Grado, complementada con 30 contratos temporales a cargo de los presupuestos de los 27 proyectos de investigación vigentes ese año. Además, se contaba con la colaboración de 21 becarios financiados por diferentes organismos.

Lógicamente, la composición de la plantilla había variado notablemente respecto de la heredada de la Pomológica 10 años antes, como consecuencia de las necesidades marcadas por la actividad principal de investigación. El incremento se había producido, sobre todo, en personal investigador de diferentes áreas disciplinares (agronomía, veterinaria, química, biología), y en el correspondiente equipo auxiliar: técnicos de grado medio, capataces, auxiliares de laboratorio y personal administrativo. El personal operario era de 29 fijos y 14 temporales, a cargo de proyectos.

Resalto, por lo que tiene de ilustrativo sobre la precariedad de la plantilla, un dato contenido en uno de los diversos informes internos emitidos por la dirección a los órganos superiores: el 43% del personal que colaboraba en el desarrollo de los diferentes proyectos de investigación era becario o contratado temporal por obra o servicio. En julio de 1991, fecha del informe de referencia, ya se propusieron las vías de reforma que se concretaría, ocho años más tarde, en la ley de creación del SERIDA como entidad pública.

Programas y proyectos (1991). Nº de proyectos

Hortofloricultura, 6

Fruticultura, 2

Pastos y forrajes, 4

Producción de leche, 2

Producción de carne, 3

Reproducción, 2

Sidras y derivados, 3

Producción forestal, 2

Econometría, 3

Total, 27

Procedencia de la financiación
Programas Nacionales

INIA, 15 proyectos

CICYT, 2
—Convenios con empresas, 5
—Programas CEE, 1
—Principado, 4

De CEA a IEPA (1991-1995)

En septiembre de 1991, sin variar sus funciones, el Centro de Experimentación Agraria pasó a denominarse Instituto de Experimentación y Promoción Agraria (IEPA), viéndose ampliado con la incorporación del Centro de Selección y Reproducción Animal de Somió (CENSYRA), que desarrollaba fundamentalmente labores de servicio y soporte técnico para las asociaciones de ganaderos de carne y leche, lo que supuso también un incremento de plantilla de 25 personas.

Otros hitos relevantes de esta etapa fueron la incorporación de Miguel Ángel Fueyo Olmo como director (1993) y la creación de la Comisión para la Transferencia de Tecnología Agroalimentaria (COTTA), que integrando a organizaciones y entidades más representativas del sector constituyó un intento, con éxito sólo relativo, de paliar las carencias de otros órganos de la Consejería de Agricultura en materia divulgativa, mediante la implicación del sector en la tarea de tratar de transferir al agricultor la información generada por el IEPA.

En la misma línea de intentar llegar al agricultor, cabe citar la puesta en marcha del boletín mensual de Tecnología Agraria (enero de 1993). En esta etapa y hasta el cambio de Gobierno en 1995 se estudia ya formalmente la reforma del modelo de Instituto, buscando mejorar los cauces de gestión, abriendo vías de concentración con el sector y afrontando la adecuación de plantilla a las necesidades funcionales. El intento, en el que también me correspondió participar, se quedó en un anteproyecto de ley de creación de un organismo autónomo inspirado en las propuestas ya anticipadas en el 91, que seguían a su vez modelos desarrollados con éxito por la comunidad valenciana (IVIA), o la catalana (IRTA). Este proyecto quedó a las puertas de la Junta, sin tiempo de tramitación por las elecciones autonómicas del 95, pero ya no sería asumido por el nuevo gobierno hasta el final de su legislatura (1999).

Centro de Investigación Aplicada y Tecnología Agroalimentaria — — CIATA (1995-1999)

En 1995 se incorpora a la estructura orgánica del IEPA el Laboratorio de Sanidad Animal de Jove y el servicio pasa a denominarse Centro de Investigación Aplicada y Tecnología Agroalimentaria (CIATA), manteniendo las funciones anteriores e incrementando sensiblemente las de servicio laboratorial en lo referente a sanidad animal, donde cabe destacar el soporte analítico para las campañas de saneamiento ganadero y las actividades de investigación y servicio relacionadas con el área. Esta incorporación supuso, inicialmente, un incremento de plantilla de 25 personas.

En esta última etapa, coincidente con la crisis política e institucional que afectó al gobierno regional, el CIATA vivió momentos críticos que se pueden deducir de indicadores tales como la vertiginosa sucesión de directores (4 en 4 años: en 1995 Miguel Ángel Fueyo Olmo sería sustituido por Laudelino René Casal Llaneza, a éste le sucede en 1998 Severino Espina Fernández, y en 1999 es designado Juan José Mangas Alonso). Recortes arbitrarios en presupuestos, plantillas y determinadas actividades, y, sobre todo, la falta de entendimiento con los trabajadores y los grupos políticos mayoritarios de la Junta en los intentos de reestructuración del centro (como SERTA S.A. primero y como ARTA más tarde), dio lugar a un largo conflicto laboral que tuvo, finalmente, un fruto positivo: el consenso de todas las partes y consecuente aprobación por la Junta General del Principado de la ley de creación del SERIDA.

Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario de Asturias — SERIDA (1999)

La Ley del Principado de Asturias 5/1999 de 29 de marzo, consensuada por todos los grupos parlamentarios, por las organizaciones agrarias y por los representantes legales de los trabajadores, crea el Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario de Asturias (SERIDA) como entidad pública del Principado de Asturias con personalidad jurídica propia, adscrita a la Consejería de Medio Rural y Pesca a través de la Dirección General de Agroalimentación.

Esta ley, junto con el reglamento que la complementa y desarrollada, aprobado por Decreto 38/2000, de 4 de mayo, define los fines, funciones, estructura, régimen de funcionamiento de la entidad, todo ello diseñado desde la óptica de un servicio público moderno y eficaz, adaptado a las necesidades del sector. A título de ejemplo transcribimos los fines, tales como recoge la ley en su artículo 6: «Contribuir a la modernización y mejora de las capacidades del sector agroalimentario regional mediante el impulso y ejecución de la investigación y el desarrollo tecnológico agroalimentario, a fin de conseguir una mejora de la productividad, la diversificación en el sector y la elevación de las rentas de los activos primarios».

Uno de los aspectos a destacar de la nueva entidad es la participación del sector en sus órganos rectores (Consejo Rector y Consejo Regional Agroalimentario), con lo que se garantizan foros permanentes de coordinación entre representantes de la Administración, los técnicos y científicos y las empresas y organizaciones sectoriales.

Otras particularidades de interés son las relativas al régimen de gestión y personal que confieren al nuevo ente la agilidad necesaria para desarrollar eficazmente su función.

La estructura responde a un modelo adaptado a la actividad prevista, a saber:
—Un departamento de investigación, estructurado a su vez en varias áreas ganaderas, agroforestales y de tecnología de alimentos.
—Un departamento tecnológico y de servicios, estructurado en las áreas correspondientes de transferencia, formación, demostración y servicios laboratoriales.
—Un departamento de administración y apoyo, constituido por las áreas de gestión administrativa y de personal, biblioteca y archivo, econometría e informática y medios auxiliares.

En el momento actual, el personal adscrito al SERIDA, plantilla, temporales y becarios, asciende a 160 personas, rondando el centenar los adscritos a Villaviciosa (sin incluir el IPLA que con casi una veintena de empleados mantiene su adscripción al CSIC).

Es buen augurio entrar en el nuevo milenio con herramientas diseñadas especialmente para que instituciones de esta naturaleza sigan representando para Villaviciosa y el campo asturiano, cuando menos, la ilusionada expectativa que la antigua Pomológica despertara medio siglo atrás.

Resulta también grato comprobar que en los últimos tiempos se han producido importantes y positivos avances en las relaciones de convivencia y de colaboración con vecinos y entidades de Villaviciosa, incluido su Ayuntamiento. Ésta es, sin duda, una excelente razón para confiar en que los buenos augurios cristalizarán en el futuro en fructíferas realidades.

(SERIDA. Carretera de Oviedo, s/n —edificio principal—. Villaviciosa. Tfno. 985 89 00 66. Fax 985 89 18 5

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