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Méndez de Cancio, Gonzalo

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JOSÉ RAMÓN MARTÍNEZ RIVAS

ROGELIO GARCÍA CARBAJOSA

SECUNDINO ESTRADA LUIS*

Gonzalo Méndez de Cancio es uno de los ilustres asturianos que participaron en la colonización de América, especialmente de La Florida, donde fue Gobernador y Capitán General.

Gonzalo Méndez de Cancio nació por el año 1554 en la casa de Casariego, parroquia de San Esteban de Tapia, en el antiguo concejo de Castropol. Perteneciente «a una familia de hidalgos de solar conocido en tierras del Gran Concejo de Castropol» (A. M. G, Diccionario Histórico de Asturias), era hijo del ilustre matrimonio formado por Diego de Cancio Donlebún y doña María Méndez de San Julián y Villaamil.

Méndez de Cancio entró de muy joven a servir en la Armada de la Carrera de las Indias, entonces dominada por el clan de los asturianos. En 1571, cuando contaba diecisiete años, viaja al Nuevo Mundo en compañía de Sancho Pardo Osorio. Hacia 1574 hizo construir a su costa un barco grande que llamó El Apóstol Santiago, haciendo misiones de protección de los mercantes españoles que iban o venían de América. En uno de estos viajes, regresando de México a Europa perdió su nave a la altura de las islas de Madeira.

La mala fortuna le persigue, ya que en 1584, en Nombre de Dios (Panamá) perdió otro barco que había construido un año antes y de la cual él iba como capitán. Francisco de Noboa Feijoo, Capitán General de la flota de Tierra Firme, le nombra capitán de infantería de la nave capitana de la Armada. En este viaje Méndez de Cancio pudo demostrar su valía como marino y soldado. Primeramente, el 22 de agosto de ese año, descubrió un navío francés, lo persiguió y lo capturó. Al día siguiente, en medio de un temporal que azotaba el océano, salvó el oro y la plata de uno de los barcos de la escuadra que se iba a pique. Francisco de Noboa le asciende entonces a almirante de la escuadra desde las islas Terceras hasta España, diciendo del asturiano que «es muy buen marinero y soldado y persona en quien se empleará muy bien cualquier merced que Su Magestad le haga».

En los años siguientes estuvo trabajando como capitán de sus propias naves bajo las órdenes de Alonso de Bazán, Pardo Osorio y Francisco Coloma realizando misiones tanto en España como en a América. Por sus dotes como marino y los altos servicios prestados a la Corona, el Rey le nombra en 1592 capitán ordinario de mar con treinta mil maravedises de sueldo.

Un suceso inesperado obligará a Cancio a trasladarse a América y luchar con el mismo Francis Drake. El 10 de mayo de 1595 había salido de La Habana la Flota de Indias con destino a Sevilla cargada de oro y plata. Estando cruzando el canal de las Bahamas les sorprendió una tormenta que dispersó las naves. La capitana, donde iba el general asturiano D. Sancho Pardo Osorio con trescientos hombres y dos millones de ducados en plata, quedó aislada y desarbolada, debiendo recalar en Puerto Rico. Toda la plata es desembarcada y depositada en la fortaleza del Morro, enviándose a España un navío con la noticia. Inmediatamente el Rey ordenó al general D. Pedro Tello de Guzmán y a Gonzalo Méndez de Cancio, a quien le nombró almirante (19 de agosto de 1595), que saliesen con cinco fragatas a recoger la plata. Se temía que la noticia llegase a oídos de los piratas y éstos asaltasen Puerto Rico. Como así habría de suceder.

Poco antes de llegar a las islas de Guadalupe y la Dominica, el 8 de noviembre, la flotilla de Guzmán y Cancio se encontró con dos navíos piratas ingleses que al ver la armada española se dieron a la fuga. Mientras el general Guzmán perseguía a una de las naves piratas, el Almirante asturiano hizo lo propio con la otra –la Francis– dándole en breve tiempo alcance. Tras una serie de intercambios de cañonazos, Cancio aborda la nave enemiga, capturándola con unos 26 ingleses. Éstos confesaron al almirante astur que toda la flota pirata de John Hawkins y sir Francis Drake –27 barcos con 2.500 hombres a bordo– se encontraba precisamente en Guadalupe haciendo aguada y preparando las lanchas de desembarco para asaltar Puerto Rico y apoderarse del tesoro.

Alarmado por la noticia, Cancio disparó tres o cuatro cañonazos avisando a Guzmán que iba en pos de la otra nave inglesa, para ir cuanto antes a dar el aviso a Puerto Rico, isla a la cual llegaron el 13 de noviembre.

Sin pérdida de tiempo, el gobernador organizó la defensa de la isla. Sólo contaba con 400 soldados regulares, los 300 marinos de Sancho Pardo Osorio, los 500 que llegaron con Cancio y Guzmán y 300 paisanos armados. Estas fuerzas se repartieron por los puntos más estratégicos. A Méndez de Cancio se le encarga la fortaleza del Morro, Santa Elena y el Morrillo.

El 22 de noviembre aparece la flota pirata frente a Punta Escambrón donde se encuentra Cancio al frente de la artillería del Morrillo. Se producen los primeros cañonazos con tan buena fortuna que uno de los proyectiles disparados por Cancio destrozó el palo de mesana del Defiance, el buque insignia de Drake. Un segundo disparo dio en su camarote, matando a varios de sus capitanes que estaban reunidos en asamblea. Hawkins moriría pocas horas después, víctima de la disentería.

Francis Drake era ahora el único jefe de la flota pirata. Para protegerse de los proyectiles del Almirante asturiano, aquél ordenó entonces que los barcos se resguardasen en la isla de las Cabras. Buena parte del día siguiente la dedican los piratas a sondear las aguas en busca de los lugares más idóneos para el desembarco. La imposibilidad de forzar el canal que conduce al puerto y a la ciudad de San Juan mueve a Drake a enviar a las diez de la noche 30 de lanchas con 1.500 hombres. Su objetivo es incendiar las cinco fragatas españoles surtas en el puerto, logrando prender fuego en tres de las naves. Las llamas de dos de ellas fueron rápidamente apagadas por brigadas de españoles, pero la tercer fragata ardió por los cuatro costados iluminando todo el puerto.

Esto favoreció los planes de Cancio, quien desde el Morro y después desde la batería de Santa Elena cañoneó a su gusto e incesantemente a las barcazas inglesas, haciendo saltar por los aires a varias de ellas. Las fragatas con sus cañones y los soldados con sus arcabuces colaboraron igualmente en esta tarea. En ese combate nocturno fueron destruidas nueve barcazas y muertos 400 piratas. Los españoles, por su parte, tuvieron que lamentar la captura de tres de ellos, la muerte de unos cuarenta hombres y la pérdida de la fragata Magdalena.

Viendo que le era imposible tomar la isla, Drake optó al día siguiente por izar velas y dejar las aguas de Puerto Rico, pero el Almirante asturiano aún logró hundirle otros cuatro barcos «y nosotros mismos a dura penas pudimos salvarnos», reconoce el capitán inglés Thomas Maynarde, cronista de la expedición.

Para los españoles fue una victoria rotunda sobre los piratas ingleses. Para Francis Drake fue una humillante derrota. En su larga vida de fechorías comandando flotas piratas, solamente en dos ocasiones fue derrotado cuando intentaba asaltar ciudades españolas situadas en el Caribe, y las dos veces por asturianos.

Pasado el peligro, Cancio y Guzmán zarparon el 20 de diciembre con las cuatro fragatas supervivientes y los dos millones de pesos en plata, llegando a España sin novedad.

A partir del 22 de marzo de 1596 se abre una nueva etapa en la vida de Gonzalo Méndez de Cancio. En esa fecha Felipe II le nombra Gobernador y Capitán General de La Florida. No es el primer asturiano que ostenta este cargo. Antes que él ya lo ejercieron Pedro Menéndez de Avilés, Hernando de Miranda, Pedro Menéndez Marqués, Gutierre de Miranda y Rodrigo de Junco. Es por tanto Cancio el sexto gobernador asturiano de La Florida.

Acompañado de su esposa, la lucense doña Magdalena de Luazes, y de su hijo Antonio, Méndez Cancio se traslada en mayo de 1597 a su nuevo destino, llegando a San Agustín, capital de la colonia, el 2 de junio. La ubicación de San Agustín no gustó a Cancio. La ciudad se alzaba sobre un terreno arenoso y estaba rodeada de pantanales. El lugar era inhóspito e improductivo, haciendo difícil el desarrollo de la agricultura y el comercio.

Con visión de futuro, el gobernador asturiano, considerado como persona de fuerte carácter y ambiciosos proyectos, creyó prudente fundar otro asentamiento en alguna otra parte cuya tierra fuera idónea para el desarrollo de la agricultura, lo que permitiría aprovisionar a la capital de La Florida. Por las informaciones recibidas, la mejor zona para fundar la nueva colonia era la de Tama, región situada en las márgenes de la confluencia del río Ocumulgee con el Altamaha, en el actual estado de Georgia. Como tenía trescientos soldados, él pensaba que podía establecer en Tama una colonia con los soldados casados y enviar expediciones hacia el interior del territorio y contactar con Nuevo México.

Para recopilar información de primera mano sobre aquella amplia región comisiona a un soldado y dos frailes para que visiten Tama. A su vuelta éstos le notificaron que la zona era muy fértil y rica, tanto de vegetales como de minas de plata.

Mientras Cancio hacía planes para la colonización de Tama, un jefe indio guale llamado Juanillo promovió en septiembre de 1597 un levantamiento contra los españoles. Algunos caciques de la tribu Guales, cuyo amplio territorio abarcaba desde el río Altamaha (Georgia) hasta Port-Royal (Carolina del Sur), estaban preocupados por el avance del cristianismo. Lo que más les molestaba era que los misioneros franciscanos les prohibiesen la poligamia, el divorcio, los bailes, juegos y las guerras tribales, lo que según Juanillo debilitaba a los indios haciéndoles perder su antiguo valor y destreza. El odio de Juanillo contra los misioneros era tan grande que en la mañana del 13 de septiembre de 1595 asesina a sangre fría al padre Corpa mientras entraba en la misión de Tolomato. Al día siguiente Juanillo convoca a los demás jefes indios de la zona convenciéndoles para expulsar de sus tierras a los españoles, comprometiéndose todos ellos a asesinar en primer término a los restantes misioneros que andaban por la región. La rebelión se generaliza por la provincia de Guale. La mayor parte de las misiones situadas en este área es asaltada por los indios y cinco franciscanos fueron asesinados.

A principios de octubre llegó la noticia de la rebelión a San Agustín. Gonzalo Méndez de Cancio, que se encontraba en cama enfermo, organiza una patrulla de socorro que dirige personalmente. En Guale sólo halla las iglesias quemadas y los misioneros muertos y mutilados. No pudo Cancio dar el merecido castigo a los indios rebeldes por estar escondidos por los montes, teniendo que contentarse con incendiar sus poblados y arrasar sus cosechas. En esta excursión sólo pudo conseguir un prisionero que le informó sobre la muerte de los religiosos.

Cancio logra en mayo de 1598 rescatar al padre Francisco Dávila –único misionero superviviente de la matanza de Juanillo– que se hallaba de esclavo en el poblado de Tulufina, no lejos de Tolomato. La rebelión concluyó cuando una expedición de indios amigos de los españoles, encabezada por el cacique Asao, asalta el campamento de Juanillo matándole junto a 24 de sus principales seguidores. Con estas muertes volvió la tranquilidad a La Florida.

En mayo de 1600 una delegación de jefes indios guales se presentó en San Agustín jurando ante el Gobernador obediencia al rey de España. Cancio aceptó la nueva sumisión a cambio de que no se alzasen más contra los españoles, entre otras condiciones. En 1603 el gobernador asturiano visitó el territorio de los Guales, comprobando el afecto de los nativos y recibiendo nuevos juramentos de fidelidad.

Durante su mandato, Méndez Cancio realizó cuatro viajes por su gobernación explorando y sometiendo a los jefes indios de las provincias de Potano, Timuena, Apalache, Cicale, Mosquitos y la cacica de Yufera, el cacique de Ocone –su territorio confinaba con la provincia o región de Tama–. Igualmente Cancio logró que el cacique de Santa Elena –en Carolina del Sur– volviese a someterse a los españoles.

En una información efectuada en enero de 1600, el gobernador asturiano hace constar que promovió el cultivo intensivo del maíz, proporcionando herramientas y semillas a los colonos e indios y construyendo un molino para moler dicho cereal. Fomentó la creación de granjas y plantaciones. Al ser destruido el hospital de San Agustín por un incendio, hizo edificar y equipar a su costa el Hospital de Santa Bárbara. Mandó también construir en la provincia de San Pedro una gran iglesia para que los indios pudiesen asistir a los actos litúrgicos. Su relevo en la gobernación de La Florida le impidió poner en práctica sus ambiciosos proyectos sobre Tama.

En el mes de febrero de 1603 el Rey nombra nuevo gobernador de La Florida a Pedro de Ibarra, regresando entonces Cancio a su tierra natal. En dos arcas de su equipaje trajo semillas de maíz, dando un gran impulso al cultivo de ese cereal en Asturias. El resto de su vida lo pasó Gonzalo Méndez de Cancio en su casa de Casariego, desempeñando, entre otros, los cargos de Alcalde Mayor de Castropol y Capitán de Milicias. Falleció el 31 de marzo de 1622 en su casa natal.

(*) Historia de una emigración: asturianos a América, 1492-1599. Oviedo, 1992.

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