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Cerámica de Faro

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Descripción: La cerámica es uno de los exponentes culturales más representativos de los pueblos. Asturias, a pesar de haber elaborado muchos utensilios de madera, ha tenido una gran tradición alfarera. En los últimos años del siglo XIX y principios del XX, las nuevas industrias provocaron una crisis que la llevaron al borde de la extinción. Sólo dos alfares han mantenido encendidos sus hornos y con ellos gran parte de la tradición alfarera ha logrado sobrevivir: Llamas del Mouro y Faro.

El pueblo de Faro es un importante centro alfarero situado en la parroquia ovetense de Limanes, a 4 km de la ciudad de Oviedo, capital del Principado. Se encuentra a 300-500 m de altitud, sobre el monte La Grandota (posible fortificación medieval, 505 m).

El terreno sobre el cual se ubica Faro está construido por arcillas del Cretácico y el Terciario, muy valiosas para esta industria artesanal.

Se ha confirmado arqueológicamente la producción alfarera en este pueblo al menos desde el siglo XI, gracias a la excavación llevada a cabo por Suárez Saro a finales de los ochenta.

Se han encontrado alrededor de 9.000 fragmentos en el cantero del Cantu'l Rei, y en cada desmonte del terreno, bien para la ampliación de la carretera, bien para la construcción de algún edificio, salen a la luz numerosos fragmentos de cerámica, tanto medieval como moderna, e incluso hornos.

En la diplomática medieval asturiana se menciona numerosas veces a Faro. En el siglo XII encontramos estas palabras: iuxta Ovetum, in villa pernominta Faro.

La primera referencia a la industria alfarera de Faro data de comienzos del siglo XVI (1519). En un legajo con papeles de cuentas —Archivo Capitular de Oviedo— se lee: Iten mas, se cargan que debe Juan de Estebano de Faro un cuartaron de teja, que son doscientas e çincuenta tejas sobre las cuales esta dexcomulgado.

El catastro del Marqués de la Ensenada da noticia de 72 alfareros, lo que nos hace ver la importancia de Faro en esta industria y su productividad.

Faro es un centro productor de cerámica en Asturias cuya actividad está constatada desde la Edad Media. Pero lo verdaderamente excepcional es su persistencia a lo largo del tiempo, consiguiendo sobrevivir a las fábricas de cerámica que se han ido instalando en Asturias desde el siglo XVIII y mantener sus productos tradicionales. No ha variado las formas ni los métodos de producción, respetando siempre las tradiciones, incluso en momentos de auténtica dificultad.

En el siglo XVIII comienza un fenómeno importante para la industria alfarera: la dispersión de la cerámica de Faro. Los alfareros empiezan a dispersarse hacia el Oriente de Asturias en busca de nuevos mercados. Se han fundado alfarerías en Pola de Siero, Ceceda, Piloña, Cangas de Onís, Ovio (Nueva de Llanes), La Franca (Ribadesella). En Cangas de Onís es donde el asentamiento tuvo más fuerza. Otras localidades donde se asentaron alfareros procedentes de Faro son Villaviciosa y Tapia de Casariego.

El tipo de rueda que se utilizaba en Faro hasta el siglo XX era la baja o de mano, hasta que José Vega, Lito, introduce el torno de pie. Con este avance se consigue un aumento de producción.

El horno usado es el «horno de descubierto». Consta de dos partes: la cámara de cocción, donde se apilan las piezas, y una caldera en la cual se introduce el combustible, en este caso el rozu.

Una vez lleno el horno con piezas de cerámica, se recubre la parte superior con tapines, trozos de tierra con prado verde. Se coloca la tierra hacia el interior y se aprovechan los trozos de tejas rotas para formar lo que va a ser la chimenea.

Un dato sobre la importancia de Faro es la existencia de mercados en los que se distribuía combustible para abastecer a todos los alfareros, en los cuales se vendían varios provenientes de los montes del Naranco.

Una característica de los hornos de Faro es que son siempre oxidantes, y alcanzan temperaturas de 1.100 grados en el caso de la cerámica negra.

En Faro se producen dos tipos de cerámica. Una de barro color pardo oscuro, a veces casi negra, con aspecto metálico. Este color se obtiene con una mezcla de tres barros y la alta temperatura del horno. Las piezas que se producen son para el uso doméstico, es decir, contenedores de líquidos y alimentos: el barbón, la penada, la jarra de sidra, la quesera... Otras piezas se realizan para cocinar alimentos, por ejemplo, la cazuela, con diversos tamaños y una o dos asas.

El otro tipo de cerámica es la esmaltada en blanco y con decoraciones en verde, amarillo, marrón y azul. Los motivos decorativos que se realizan son geométricos y naturalistas (vegetales y animales, destacando la páxara, que es la representación de un ave que se ha comido a un pez). Las formas que se trabajan son platos, escudielles, botijo xarru, el gallu y la gallina, botíes, bacenilla.

Hoy en día esta tradición se conserva gracias al empeño de José Vega Gutiérrez, Selito, hijo de Lito, y sus sobrinos Nacho y Vanesa Artime Vega. Desde Faro, y para mantener esta tradición, se están trabajando líneas de productos enfocados a la construcción (cenefas, revestimientos interiores y exteriores), además de programas de formación para dar a conocer las técnicas de alfarería tradicionales.

Fuente: Consejería de Industria, Comercio y Turismo del Principado de Asturias

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