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El Oriente de Asturias, el decano de la prensa Asturiana

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Llanes ha tenido siempre tradición periodística. Decimos siempre, claro está, refiriéndonos a los albores del periodismo en la provincia. Los llaniscos fuimos los primeros en sentir esa necesidad comunicativa y plasmarla en realidad, al paso que otras localidades españolas, acaso más importantes que la nuestra, tenían que contentarse con la prensa diaria de carácter general. Apenas apuntó la prensa comarcal sus primeros brotes, ya estábamos nosotros haciendo comentarios de las cosas que por aquí ocurrían todas las semanas. Y así apareció El Oriente de Asturias un 21 de marzo de 1868, fundado y dirigido por Cástor Ladreda, un ovetense que trajo su imprenta a Llanes. Un año después, la villa ve aparecer otro periódico titulado El Hijo de Llanes; en 1870, El Fomento de Llanes; en 1893 surge El Correo de Llanes, y en 1894, La Ley de Dios, dirigido por el eximio bablista Ángel García Peláez (Ángel de la Moría). Pronto nació otro periódico: Aceite para el candil, y al iniciarse el siglo actual sale El Porvenir de Llanes, de vida efímera. Le siguieron El Pueblo, que tuvo vigencia hasta 1936, y pocos meses después, El Eco de Socampo, que se titulaba defensor de los intereses del Valle de San Jorge. Recordemos también El Popular, que editaba un grupo de esforzados rapaces llaniscos, de corta vida. El Carrocedo fue también un periódico local que se publicaba en el pintoresco barrio de Cimadevilla.

Como nota curiosa digamos que en 1894 se editaban en Llanes tres periódicos: El Oriente de Asturias, La Ley de Dios y El Correo de Llanes. Y hacia 1906 teníamos en la villa, juntamente con El Oriente, El Pueblo y Los Jueves.

Pero volvamos a El Oriente para narrar, aunque sea someramente, su historia y vicisitudes. Un 21 de marzo, como ya se ha dicho, sale por vez primera a la palestra El Oriente. Sus redactores se debatieron por el nuevo credo y, sobre él, el ansia del adelanto moral y cultural de la región. Repasando los primeros números de las colecciones del periódico se descubre su idealismo romántico hasta en la última de sus colaboraciones.

La aparición del que, con el correr del tiempo, habría de ser el decano de la prensa asturiana fue acogida con general beneplácito y entusiasmo grande.

Sin embargo, la idea iba más allá de lo que el ambiente podía sostener. Pasada la euforia de los primeros meses, languidecía la publicación por falta de vida. Y como las ideas no suelen nacer unidas al dinero, El Oriente sufrió al año siguiente las consecuencias de la «anemia» de su caja y cambió de propietario. Parecía éste más experto, pero la inyección de nuevas energías no fue duradera. Vino otro pequeño lapso, hasta que, al fin, en 1885, cual Ave Fénix, resurge El Oriente, ya pujante y en constante progreso. Su lema era entonces «Revista semanal de Intereses Morales, Materiales, Noticias y Anuncios». Fue el autor de este resurgimiento Manuel Toledo y Benito, telegrafista de la villa, hombre culto y romántico que reunió en torno suyo a un grupo de entusiastas y valiosos colaboradores.

Surgió una época difícil en la política local, que coincidió con otra no menos azarosa en España. El Oriente no podía permanecer neutral y un grupo de jóvenes desgajóse de su redacción y fundó otro semanario. Las circunstancias, pues, obligaron a El Oriente a tomar la defensa de uno de aquellos bandos y si bien esta época fue la de mayores sinsabores, encierra, sin duda, uno de los momentos más brillantes de su vida, y coincide con la época de mayor esplendor de la región. Fue su cerebro Manuel Garrido, prestigioso abogado en toda la zona oriental de la provincia. Pepín de Pría y Ángel de la Moría, éste desde México, alternaron con Garrido, dando al bable sus mejores días. Asumía entonces la dirección Ángel de Vega, de la que se había hecho cargo en 1892.

Sucedió otra época, si no tan brillante literariamente, de vida más asegurada, en la que el periódico, cuyos gerentes supieron sortear con cautela los escollos que la política ponía a su paso, salió airoso, viendo desaparecer a otros periódicos que en la batalla tuvieron la vida y en ella la perdieron. Lo dirigía entonces Felipe Fernández Vega. En 1914 se hace cargo del periódico, como director-propietario, Manuel Tamés, quien supo darle un carácter a tono con sus ideas, que consolidaron las de El Oriente, aunque variara su formato en diversas ocasiones. Fue entonces cuando el semanario fomentó la información gráfica, llegando incluso a repartir entre sus suscriptores porfolios con bellas vistas de la región.

El 9 de octubre de 1920, y después de ser durante algún tiempo redactor-jefe, se hace cargo de la dirección y administración el joven periodista madrileño Antonio Maya Pérez. El Oriente recogía la noticia en estos términos: «Nuevo Director. Tenemos el gusto de participar a nuestros lectores que, con esta fecha, se ha encargado de la dirección de este periódico nuestro compañero don Antonio Maya Pérez, el cual toma parte, además, en la Administración del mismo, limitándose el antiguo director a desempeñar el cargo que más le agrada, que es el de redactor-ciclista». Meses antes daba cuenta de su incorporación a la plantilla de redactores y colaboradores: «Nuestro cordial saludo a un nuevo compañero de "glorias y fatigas", más de éstas que de aquéllas. No se trata precisamente de un recién llegado, sino de quien, residiendo en Llanes, se ha "internado en esta casa", ha estrechado sus relaciones con los que aquí trabajamos... y se ha conquistado nuestro afecto por su despejada inteligencia, su rectitud de juicio y de conducta, sus ideales nobles, sus persistentes propósitos y práctica, en orden a la acción social periodística dentro de nuestro Concejo. Muy joven todavía, pero ya curtido en las luchas por la buena causa, es un campeón denodado, con aptitudes para ocupar un puesto de honor en vanguardia. Queremos decir, sin más preámbulos, que don Antonio Maya Pérez, culto profesor, periodista y poeta, ha ingresado en la Redacción de El Oriente de Asturias, noticia que muy complacidos comunicamos a nuestros lectores».

De sus ciento treinta años de existencia nada menos que cuarenta y tres han estado regidos por la batuta maestra de Antonio Maya. Extraordinaria fue su labor. Siempre abrió la brecha de los acontecimientos más laudables. Difícil será poner un ejemplo de cualquier materia de interés en que no haya tenido parte gestante aquel hombre que era todo actividad para la formación de noticias. El modo de hacer y pergeñar, un poco a la antigua y un poco al alimón con quienes estábamos identificados con él, era lo más loable de este periodista, a quien José del Río Sainz, el gran poeta y escritor cántabro, dedicó estas frases con motivo de su fallecimiento: «Los periodistas que hacen estos periódicos son verdaderos maestros del periodismo a los que no se ha hecho todavía la debida justicia. En esos periódicos, más que en los grandes rotativos de Londres, París o Nueva York, que también leemos pero con mucha menos emoción, encontramos la vida auténtica del pueblo que trabaja y sufre o que goza con reacciones humanas... En fin, todo lo que el hombre de las ciudades considera minúsculo pero que, sin lugar a dudas, constituye el entramado de la nación [...]».

Antonio Maya hizo verdaderas proezas en esos años para eludir las dificultades en la publicación. Y, caso insólito en la historia del periodismo español, llegó a dirigir su periódico a 10.0000 km de distancia. Aclaremos: en 1949, por causas que no vienen al caso comentar, tuvo que editarse en México. Se continuaba, así, haciendo un periodismo local, sí, pero con proyección universal. Esta tarea españolísima fue reconocida posteriormente con un premio especial otorgado por la Dirección General de Prensa.

En diciembre de 1960 y por enfermedad de mi padre, asumo la dirección del periódico, contando, desde entonces, con valiosos colaboradores y corresponsales que hacen que esta tarea sea alentada ya con sus consejos, ya con su quehacer directo en el periódico.

El Oriente de Asturias no somos nosotros, los que en la actualidad lo hacemos, ni tampoco quienes nos precedieron en esta grata labor; este semanario ha llegado a tanta longevidad por haber sido en todo momento como el roble de la región, pletórico, como ella, de la savia astur, al ser recopilación de la simpatía y del afecto de cuantos en él sintieron y sienten las aspiraciones de la región. Esta publicación, que me honro dirigir, se muestra joven y entusiasta, sin sentir el cansino desaliento que sería de esperar de su natural vejez real. Estos anhelos son impersonales, no nos pertenecen a nosotros, los que trabajamos para hacer sus páginas semanalmente, sino que corresponden a un sinnúmero de personas que corren con el tiempo desde la lejanía hasta hoy, alentándonos con su consejo, con sus frases afectuosas, con su material apoyo, aparte del que no tiene precio: ese del espíritu.

El Oriente sigue tejiendo su existencia con filamentos de hechos sencillos, pero vitales: filamentos sutiles, pero recios. Se nutre de esencias sanas de estos campos para mostrar con ufanía cuanto ocurre en la campera y en el valle o en la cumbre y en la ribera del mar. Que eso es hacer historia a despecho del tiempo y del espacio, remozando lo viejo y dándole gracia a las páginas venerables de esta vetusta publicación asturiana.

MANUEL MAYA CONDE

Director

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