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El vino de Cangas del Narcea

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El vino de Cangas

Especial importancia adquiere el vino cangués por ser ésta la única zona de Asturias donde se cultiva. La larga tradición de la vid se remonta a la época romana y fue potenciada después por los monjes benedictinos a partir del s. XI. Su elaboración en las vetustas bodegas mantiene aún los métodos tradicionales. Las variedades de uva autóctona son las de carrasquín, berdejo y albarín, contando con una mayor producción las de mencía, introducida a finales del siglo XIX tras la plaga de la filoxera. La vendimia constituye un auténtico acontecimiento festivo y social.

Se caracteriza el vino cangués por ser un vino joven, tinto, de baja graduación, ligero, con buen gusto y una cierta acidez. El vino de Cangas ha de degustarse en los tradicionales cachos, cuencos de madera que se cuecen en las tinas de madera en las que fermenta el mosto.

Sobre el vino en la tierra de Cangas se ha escrito poco, en comparación con la importancia que dicho producto tiene en una región en la que sólo en tierras del suroccidente se produce esta bebida, ya que desde tiempos de los romanos denotaba civilización. Pero esta falta de literatura histórica no deja de estar a tono con otras riquezas culturales en nuestra zona, que si bien son objeto de estudio, no llegan nunca a ver la luz como obras publicadas.

De lo poco escrito sobre el vino en nuestras tierras se difunden además dos tópicos básicos, cuales son:

1. El vino fue introducido en Cangas en la Edad Media por la Iglesia, en concreto por la orden benedictina, para evitar la falta de un producto extremadamente importante en la liturgia.

2. El vino de Cangas sólo se produce para su autoconsumo y es de mala calidad.

Intentaremos, si no refutar, sí matizar ambos extremos, empezando por el primero.

Aunque se acepta tácitamente que el cultivo de la vid se introdujo en la Edad Media, ésta es una teoría que también tiene sus detractores. Es sabido que los astures prerromanos eran conocedores del vino, pues ya Estrabón contaba cómo éste era escaso y sólo consumido en fiestas excepcionales, siendo señal de fiesta, y consumida comunalmente. Mientras en la vida diaria se consumía agua o el zythos. Este texto de Estrabón lleva a muchos a considerar la falta de producción de vino en tierras astures, pero lo cierto es que Estrabón hablaba de un territorio que no conocía personalmente en su totalidad.

Nuevas teorías como la sostenida por Cardozo dan una nueva interpretación a los testimonios arqueológicos examinados; así, la existencia de grandes piedras megalíticas que para otros autores tendrían sentido religioso, para él serían lagares, lo que se vería ratificado por la aparición en ellos de pesos susceptibles de ser utilizados para prensar el vino.

Además, es extraño que el padre Luis de Carballo no haga mención a la introducción de la vid por las órdenes religiosas y sí, en cambio, señale la fertilidad de la tierra asturiana en la antigüedad refiriéndose entre otros al cultivo de la vid, en especial en la tierra de Cangas.

Eso en lo que respecta a la antigüedad. En cuanto al origen religioso, también habría que plantear diversas cuestiones, pues en primer lugar está claro que el vino producido excedía claramente las necesidades litúrgicas, y que no sólo la Iglesia fue la promotora del cultivo de la vid, antes bien, ya lo habían patrocinado los grandes terratenientes romanos en sus villas, por ser esta bebida de consumo obligado entre ellos, y también los señores medievales, que también seguían esta tradición y fueron los grandes impulsores de los viñedos en amplios territorios de Europa, como en Francia o en Alemania.

Así pues, como vemos, el primer tópico, si no desmentido, sí ha de ser objeto de análisis más profundos que nos lleven, con un adecuado estudio, al origen de la vid en Cangas del Narcea.

En cuanto al segundo tópico, que define el vino de esta comarca como de mala calidad y hecho básicamente para el autoconsumo, sí puede ser desechado con un análisis histórico somero. En primer lugar, habría que hablar de la cantidad de producción, siempre más amplia que la simple necesidad casera; así, por ejemplo, con los datos proporcionados por el censo de 1710, en el concejo de Cangas en su estructura como coto, es decir, donde la autoridad municipal tenía poder efectivo, lo que no equivalía a la extensión total de lo que hoy conocemos como concejo, con una extensión de 15.650 días. El máximo hacendado en este concejo era el monasterio de Corias, que acordó pagar una contribución única en la que se abonaba por los molinos harineros —que producían un producto básico en alimentación– 192 reales, mientras que los lagares pagaban 24 reales.

Y en el coto de monasterio de Corias, enclavado en este mismo concejo, las tierras de labor ocupaban en la extensión del mismo (97 días de bueyes) 45 días de bueyes, mientras que los viñedos se extendían por 38 días y medio.

Situación muy parecida se vivía en los concejo de Ibias y Degaña.

Esta cantidad de producción ya podría hacer dudar por sí misma de un destino exclusivamente de autoconsumo, pero además está el tema de la calidad. Los cultivadores de viña siempre mostraron preocupación por adaptar su producto a los gustos de cada época, y buen ejemplo de ello sería la epidemia de filoxera que el siglo pasado asoló nuestro país, cuando desde Cangas se hizo venir a expertos franceses para cambiar el tipo de cultivo existente introduciendo nuevas variedades de uva en la zona, preocupación que nos parecería excesiva si sólo se tratara de un consumo casero fácilmente sustituible por otro de producción más cercana y volcado hacia la comercialización, como sería el vino leonés.

Y para rematar nos encontramos con que la revista canguesa por excelencia, La Maniega, que se vendía no sólo en el concejo sino entre los emigrantes del mismo, en su primera época está llena de publicidad de tabernas madrileñas que ofrecían vino de Cangas. Tras estos argumentos también nos parece razonable que se establezca una nueva visión del vino como producto de consumo interno, para reconocerle una más que indudable historia de intentos de expansión comercial.

San Roque y el vino de Cangas

La historia de San Roque y del vino de Cangas se entrelaza de una forma muy particular, fruto de unas circunstancias históricas que hicieron movilizarse a todo un pueblo contra un enemigo común, el francés. Fue en la guerra de la Independencia donde Cangas no sólo contribuyó con un regimiento que participó en las principales batallas, sino que también planteó resistencia al ejército invasor cuando éste ocupaba nuestras tierras.

En Asturias, con la proclamación de la llamada «Alarma», que llamaba a todo asturiano a combatir contra el ejército napoleónico, se vivieron momentos de resistencia que obligaron varias veces a este mismo ejército a abandonar la provincia, a la que finalmente volvía a reconquistar. Y en este tránsito conquistador, que se produjo varias veces, unas bajo la dirección del general Ney y otras bajo la del general Kellerman, uno de los puntos principales era el concejo de Cangas del Narcea, a través del puerto de Leitariegos, puesto que en la primera invasión realizada en 1809 bajo el mando del general Ney, se vio que el puerto del Rañadoiro era un paso muy dificultoso. Por lo tanto, la villa de Cangas se vio ocupada por una guarnición que protegía estas entradas y salidas de los franceses.

Esta guarnición, según cuenta la tradición, fue envenenada con vino de Cangas en la festividad de San Roque. Como respuesta, los franceses habrían saqueado y causado gran mortandad en estas tierras, se decidió evacuar la población de la villa hacia Vega Lagar, llevando objetos sagrados de la iglesia de Ambasaguas. Se produjeron varias muertes por ahogamiento al cruzar el río durante la evacuación.

En consideración a lo ocurrido y en señal de reconocimiento a los patriotas muertos en la resistencia, y de gratitud a San Roque por el envenenamiento, en el año de 1813 o 1814 se declara ese día como festivo en la villa, siendo una fiesta cívico-religiosa que se vino celebrando hasta hace 30 años. El día de San Roque era festivo para los empleados del Ayuntamiento y se realizaba una procesión, en la que el santo, que es honrado en todo el camino de Santiago por su carácter peregrino, llevaba en su bastón un racimo de uva, que lo hace diferente a todas las imágenes de él existentes en Asturias y que lo lleva a identificar en este concejo como el patrón de la vendimia.

FUENTE: Revista de la III Fiesta de la Vendimia (8-10 de octubre de 2004).

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